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25/8/14

Olvido imperdonable...


(viene de aquí

Bajé del coche para acompañarla. Rebuscó las llaves en el bolso y, no sin alguna dificultad, abrió el portal. En cuanto lo traspasamos, la empujé con mi cuerpo hacia la pared y, mientras con una mano acariciaba su mejilla, comencé a besarla. Sabía a tabaco y alcohol…

Ascensor. Cuarto piso.

En el rellano, y antes de entrar, volví a besarla. Esta vez, y sin ningún disimulo, mi mano prefirió colarse bajo su blusa para comprobar la dureza de sus tetas.

Entramos.

Todo estaba a oscuras. Cogió mi mano y me llevó de la mano hasta lo que parecía ser el dormitorio. La luz anaranjada del alumbrado de la calle envolvía su alcoba en un halo de misterio. Se detuvo a los pies de la cama y se giró hacia mi. Estábamos cara a cara, mirándonos en silencio. Sus ojos brillaban. Quizás también los míos…

Incliné mi cuerpo hacia delante y cayó sentada en la cama. Reclinó un poco la espalda hacia atrás, y apoyó las manos para equilibrarse. La cercanía de su boca a las inmediaciones de mi sexo provocó que un torrente de excitación inflamase notoriamente mi deseo… Separó sus rodillas… Por un momento temí que estuviésemos yendo demasiado rápido.

-  Túmbate, le ordené

Dados los antecedentes, no estaba seguro de que me obedeciese… pero lo hizo.

Dejó caer la espalda sobre la cama. Con la ayuda de los codos y el balanceo de su hombros fue reptando hacia atrás hasta alcanzar el cabecero. Levantó una de las rodillas… y la dejó caer hacia un lado. Quizás estaba sugiriéndome algo.

- Boca abajo… (mi dedo índice intercaló un gesto circular en la pausa entre palabras)

Percibí un poco de incomodidad por mis órdenes, explicable, por otro lado, en alguien acostumbrada a mi complacencia.

Desabroché la cremallera de su vestido estampado. Acerqué los tirantes a sus hombros y ella, incorporándose a un lado y a otro, deslizó sus brazos por las aberturas de las mangas sisas. Sin perder tiempo, fui deslizando la parte de abajo del vestido aguas arriba, con extremo cuidado, pues el vestido era demasiado ceñido y no quería descoser el dobladillo. Finalmente, lo desenfundó y, arrugado, lo dejó caer por un lado de la cama.

Su torso quedó únicamente cubierto por el sujetador. Pellizqué el cierre para desabrochar los corchetes y los extremos se separaron. Tomé uno de ellos con una mano y, mientras, con la otra, traté de incorporarla con la intención de dejar un espacio por el que retirar la prenda y así, liberar sus pechos de las estrecheces del sostén (que, por cierto, era negro con un bordado dorado).

Ya quedaba poco…

Llevé mis manos hacia su cintura e hice el ademán de tirar hacia arriba. Ella se dio por aludida y arqueó la espalda para levantar las caderas, momento que aproveché para quitarle sus braguitas (obviamente a juego con el sujetador).

Joder… la de cafés, cenas y copas que tuve que financiar para, por fin, llegar hasta ese momento. Jodidamente, las de esa noche provocaron que mi vejiga activase la alarma… por lo que, previendo que esa noche hubiese más que palabras, me vi abocado a hacer una breve visita al cuarto de baño.

- Un momento… , le dije mientras hacía una pinza no consumada con el índice y el pulgar

Entré en el baño y cerré la puerta (para esas cosas prefiero estar a solas). Y como dice la canción… me puse a mear. Mientras lo hacía, busqué con la mirada alguna loción, crema o aceite con la que pudiese embadurnarla.

A primera vista no había nada.

Terminé; agité a Decker; cayeron dos gotillas (plic, plic). Aproveché la coyuntura para desnudarme… y, para evitar sinsabores, limpié mis partes nobles con agua y jabón.

Cotilleé en uno de los muebles del baño… Perfecto: había un bote de aceite hidratante casi enterito.

De pronto, me asaltó un escalofrío al percatarme de la ausencia de un elemento esencial.

- Mecagüentóloquesemenea, dije para mis adentros.

Joder… qué puto fallo. Bueno… por otro lado era comprensible. Nunca había llegado tan lejos, con lo cual jamás había pasado por mi cabeza la idea de llevarlos encima.

Como si de un drogadicto con mono se tratase, empecé a registrar todo el cuarto de baño. Y es que, ¿dónde, si no, uno (o una en este caso) suele guardarlos?

Mierda… allí no había nada. Y es que, ¿cómo lo iba a haber?, si donde uno suele guardarlos es… en la jodida mesilla de noche.

Así que con el único botín del aceite hidratante, abandoné el cuarto de baño y, desnudo y con una erección equina, me acerqué a la cama.

Por suerte, no se había dormido

Derramé un poco de aceite por su espalda, por sus nalgas... y por mis manos. Las dejé resbalar por el contorno de su silueta, hasta llegar a la cintura. Una vez allí, convergían en la zona lumbar... y ascendían a lo largo de la columna hasta llegar a los hombros. 

En cada repetición de ese círculo virtuoso, mis manos descendían, poco a poco, más allá de la cintura, para recorrer el curvilíneo borde de sus nalgas... las cuales separaba, cada vez con mayor lascivia, para acomodar entre ellas mi erecta polla.... la cuál, al sentir la presión de la comisura de ambas cachas, empezaba a buscar un camino hacia su interior. 

La cosa pintaba bien...

Con cada caricia, ella gemía un poco... de forma contenida, apenas ostensible. Y con cada roce, sentía mayor humedad en su sexo...  lo cual empezaba a hacerme perder el control.

Y como mis pérdidas de control están muy ligadas a incrementos de la natalidad, pensé que lo mejor era preguntarle si tomaba, o tenía, los medios oportunos, físicos o químicos, para evitarlos.

Me miró sorprendida...

- ¿Cómo? ¿No llevas nada encima?   me preguntó entre curiosidad y enfado.
- ¿qué pasa? ¿es que no querías follarme? , prosiguió abroncándome.

Joder con la niña... dándome calabazas durante años... y ahora no sólo exigiendo que vaya armado, sino que además, afeándome que no hubiera tenido la tentación de follarla. Ay, Carmela...

El caso es que ella no tomaba ni usaba, y yo no llevaba nada encima... Así que, arqueando las cejas y ladeando la cabeza, le pregunté si tenía alguno. Me miró... y, con cierto aire de reprimenda, dijo que creía tener algo.

Abrió un cajón de una de las mesillas y empezó a buscar. Tras unos segundos de angustiosa espera, por fin halló lo que buscaba. Milagro... tenía uno. Sí... uno solo. No dos. Uno... así que había que emplearlo bien... 

Me lo entregó... y con las manos untadas de aceite intenté rasgar el envoltorio lo cuál, como ya sabéis, es misión imposible. Así que tuve que emplear los dientes...

Al acercar el envoltorio a la boca, pude ver la fecha de caducidad: mar-2013. Mierda... estaba caducado. 
(continuará)

14 comentarios:

  1. jajajajajaja ays Manolo lo que me has hecho reir con esta entrada ni te imaginas tanto que me dan ganas de volver a leer de nuevo el texto jajajajajaja anda que vaya mala suerte que estuvieran caducados ¿eh? jajajaja.

    Muy buena esta entrada jajaja.

    Un beso.

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    1. Es como si te viera sonreír, María, jaja.

      Y eso es justamente lo que pretendía... hacer pasar un buen rato... al mismo tiempo que reflexionar sobre la conveniencia de reponer las existencias de condones caducados ;-)

      Que conste que, según dijo un ministro o algo así, se pueden comer sin problemas aunque estén caducados.

      (Gracias por tu visita... y tu sonrisa)

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  2. jajaja
    jodido gancho el tuyo para contar la historia

    yo no pierdo la esperanza, espero que el amigo tampoco lo haga ;)

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    1. Shang Yue, se están precipitando los acontecimientos: un pagafantas que deja de serlo; un condón caducado...

      ¿qué más puede pasar?

      Hasta yo mismo estoy impaciente por saber si hay "jincamiento" o todo se queda en un calentón...

      (Y gracias por no perder la esperanza, jaja)

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  3. Leerte es como estar viendo una película, enganchas desde la primera palabra y nos haces bebernos las letras.... Jajajajajaja.... eso es mala suerte oye... espera que te espera y ahora toma globito caducado.... a ver como sigue esta historia porque se ha quedado muy, muy interesante... enhorabuena, me gusta mucho como escribes :)

    Besinos grandes!!

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  4. Gracias, Haydeé, por tus amables palabras...

    Bueno, estará caducado... pero al menos está. Así que habrá que ponerlo... y ver cuanto da de sí, jaja.

    Besos.

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  5. Hola, Manolo. Permiteme que te tutee. Llego de nueva pero hacía días que no me reía tanto con un texto. Tienes gracia y la capacidad, no solo de ver la secuencia, sino de meterse en el papel... Soy mujer y me he visto de tío con todos tus apuros... Hasta he jurado en arameo pero es que hay que salir preparado de casa siempre, por si acaso. Esa frase y el hecho no te deben faltan nunca: Por si acaso.
    Besos de Pecado.
    Prometo volver.

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    1. Gracias, Puramente Infiel, por tu visita y por tus amables palabras. Me alegra saber que este episodio está resultando divertido. Es justamente lo que pretendía: pasar un buen rato... aunque el protagonista no lo esté pasando tan bien.

      Por cierto, me encanta tu blog: http://eltactodelpecado.blogspot.com.es/

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  6. Vaya! habrá que seguir atenta y leyendo la siguiente entrega; al final que tendrán que salir a buscar un farmacia que abra 24 h y acabaran en... un parque cerca del establecimiento jajaja

    esperaremos pacientes :))

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    1. Esilleviana, hay que buscar una solución como sea. O se usa ese único preservativo caducado, o se consiguen otros mejor. Una farmacia, un vecino, una vecina, los dos... cualquier solución es buena.

      (Gracias por tu visita)

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  7. Pero... no tenía ni en casa?? Ay Manolo, de donde la has sacado?? Convento??
    Yo tomo nota, voy a echar uno pal bolso ya... No vaya q mucho reírnos y luego me pase ;)

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    1. Me da que ella, en estas lides que nos ocupan, mantenía un perfil más bien bajo. Y en mi caso, siendo ella objeto de mi veneración pagafántica, no se me pasó por la mente que ella pudiera quererme como algo más que amigo.

      Pero bueno... algo es algo: caducado o no, al menos tengo uno. Así que habrá que aprovecharlo.

      (Gracias, Firemoon, por tu visita. Ah, y lleva más de uno, no vaya a ser que la pasión se desborde)

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  8. Jajaja. ... me ha gustado que ella le abroncara. Tiene su lógica.
    Tenía pendiente leerte desde hace tiempo y he encontrado el momento.

    Ay el condon.... esperemos a ver qué pasa.

    Un beso

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  9. Ha sido genial. Especialmente que ella le recriminara por no llega condones. Pega con la relación descrita.
    Y el condon... Jajaja.

    Un beso.

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