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15/9/15

Centro de atención...

Lo que necesito es ser indispensable para alguien. 
 Necesito a alguien que ocupe todo mi tiempo libre, mi ego y mi atención. 
 Alguien adicto a mí. 
 Una adicción mutua. 
Chuck Palahniuk

Llegó a la segunda mitad de la treintena con todos los deberes hechos: un matrimonio con un valor en alza, una parejita de vástagos adolescentes, un envidiable status profesional y social y un círculo de amistades al que exhibir sus logros y éxitos... 

Su vida era absolutamente perfecta... y aburrida.

Si bien todo eran sonrisas, arrumacos y carantoñas en el exterior, en la intimidad de su alcoba todo era desinterés y quizás también algo de desdén. Las carreras en alza requieren dedicación plena, y tras una dura jornada, los cuerpos piden descanso... y no demasiada excitación. En más de una ocasión llegó a pensar si era transparente... si él la veía; y si al verla sentía algo; y si de sentir algo, eso podría llamarse deseo... Pero a la luz de las evidencias, en su perfecta y aburrida vida el deseo brillaba por su ausencia.

Así que decidió pasar a la acción... 

Aunque al principio declinaba las invitaciones, pues le parecía que aquello era más propio de impúdicas cuarentonas insatisfechas, un día aceptó participar en una reunión de tuppersex. Entre risitas cómplices y fingidas expresiones de sorpresa y admiración, pensó que un conjunto de lencería provocativa junto a un par de trémulos juguetitos podrían poner un poco de picante y fuego en su mustia vida marital. Pero su intento resultó baldío... porque los valores en alza no siempre tienen sus miembros al alza... al menos en casa.

Ella sospechaba la infidelidad... pero prefería no indagar. A fin de cuentas, pasado el furor del flechazo de juventud, lo que ahora más le gustaba de él es que le proporcionaba el adecuado modus vivendi para sacar adelante a la prole y a su carrera profesional. Y así, mientras se contemplaba en el espejo de su baño,  pensó que lo mejor era no hurgar en tan complejo asunto; aunque, bueno, puestos a hurgar, pensó que era una ocasión perfecta para que uno de sus nerviosos y alargados juguetitos hurgase en el interior de su sexo. 

Pero aunque las pajas tienen muchas ventajas, como la inmediatez y la precisión, su exceso puede llegar a ser frustrante... Así que cambió el objetivo. Lo que quería era sexo... sexo con un hombre que la desease... que la comiese con la mirada... que la levantase en el aire sujetándola por las nalgas y que la follase violentamente empotrándola contra la pared...  

Pensó que no le resultaría nada difícil encontrar hombres que la codiciasen. Es más, podía elegir al azar; a uno cualquiera... A fin de cuentas, la flamígera combinación de su mirada azul y su sonrisa de fresa era capaz de incendiar el deseo masculino... por no mencionar que los demoledores argumentos de su atractiva y curvilínea silueta, sobre la que apenas había hecho mella su doble maternidad, serían capaces de doblegar cualquier reticencia.

Empezó a buscar...

Al principio no sabía qué... Probó con sexo explícito... Tras unos días de espera, la búsqueda dio resultados. Fue un escueto y misterioso "hola", que despertó su curiosidad felina. Y tiró del hilo... como Ariadna. Con las precauciones debidas, concretó una cita con la que examinar la calidad del género del minotauro. Aun sabiendo que ambos se escondían bajo máscara y disfraz, todo resultó mejor, y más fácil, de lo esperado: aquella mirada viril le transmitía el deseo que le había sido negado, deseo que estaba a punto de derretirla cuando esa mirada se deslizó, indiscreta, en el interior de su pronunciado escote... Además, ella no podía ocultar, también, que aquel tipo sonriente le gustaba... y la excitaba. Miel sobre hojuelas...

Pactaron disfrutar del sexo y deseo sin contemplaciones y sin límites, salvo el de mantener la privacidad e intimidad de sus respectivas y reales vidas. E inicialmente lo consiguieron... y lo disfrutaron... Probaron todas las opciones, posturas, posiciones, vías, juegos y retos... Cada sesión de ultrasexo provocaba que un torrente de deseo fluyese desbocado y a raudales entre sus piernas. Tanto era el placer, que su coño se convertía en gelatina durante los días previos a uno de sus fogosos encuentros sexuales tan sólo imaginando las perversiones, vicios y disciplinas que pondrían en práctica. También es cierto que después de los excesos se sentía un poco culpable. Con todo, cualquier atisbo de culpabilidad se desvanecía en cuanto el valor en alza se giraba hacia el otro lado, con cierta indiferencia, en la cama... para dormir.

Estaba enganchada... Demasiado, quizás. Y eso le preocupó... ¿Qué viabilidad tendrían aquellos polvos clandestinos? ¿Cuántos problemas podrían acarrearle? ¿Su amante bandido era de fiar? ¿Serían ciertas sus lujuriosas palabras de deseo lascivo? ¿Y si esas mismas palabras fuesen regaladas a otros oídos? ¿Y si también se estaba follando a otras? Y ya puestos, ¿por qué ella no probaba a follar con otro? 

Todas esas preguntas, y especialmente las respuestas que encontraba, la ponían cachonda... Se ponía cachonda pensando en sexo... En sexo no ya con otro hombre, pues de eso ya estaba suficientemente abastecida y complacida, sino en sexo múltiple... En sexo con varios hombres... con desconocidos... Le excitaba mostrarse y exhibirse enfundada en lencería sugerente, pompones en sus pezones, ligueros, medias de rejilla y tacones de aguja... Se humedecía imaginando que era capaz de desatar la pasión allí donde se encontrase.

Una de sus fantasías favoritas era sentirse observada por su marido mientras lamía la polla a un desconocido en un lugar público. Sus braguitas se humedecían aún más cuando imaginaba que, mientras sus labios y lengua se lucían en una felación sin tregua, otro desconocido podría acercarse a ella por detrás para, levantando su mínima faldita, meter su desconocida polla entre sus muslos... para follarla, naturalmente.

Y ya puestos, por qué no encaramarse sobre uno de ellos y tumbarse hacia adelante con la doble y perversa intención de ofrecer sus pezones para ser mordisqueados y, a la vez, provocar con alevosa intención a la verga del otro para que ésta se abriese camino violentamente entre sus nalgas. Mmm... estaba supercachonda imaginando el doble placer que sentiría con dos pollas palpitantes horadando su interior; dos pollas salvajes luchando entre ellas por ver cuál era la que más profundamente la penetraba; dos pollas a las que domesticar, aun por la fuerza, hasta conseguir que, exhaustas y vacías, descansen, inofensivas, entre sus labios...

El placer sería triple si un tercero, también desconocido, se pajease en su boca, empujando rudamente su cabeza, ahogándola hasta conseguir llenarla de caliente orgullo y satisfacción... Y qué decir si un cuarto y un quinto acertasen a dejar al alcance de sus manos sus respectivas vergas de forma que pudiese pajearlas rabiosamente hasta conseguir que ambas dibujasen, con trazos de espesa y blanquecina esencia masculina, una expresión de lúbrica felicidad sobre su cara.

No... no quería contentarse con una sola polla.

Quería ser una niña mala para tenerlas todas...

Aunque también es verdad, pensó mientras recuperaba la respiración y retiraba poco a poco de su sexo, húmedo, dilatado y muy convulsionado, su palpitante juguete favorito, que no era tan mala idea eso de contentarse con un tembloroso y vibrante pájaro en mano, más que con ciento volando...

10 comentarios:

  1. Parece una perversa niña mala la protagonista de tu entrada...

    Habrá continuación????

    Un placer volver a leerte, te echaba de menos.

    Un beso.

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    1. No creo que sea mala...

      Un poco perversa sí...

      Y juguetona...

      Pero bueno, ¿quién no ha sido así alguna vez?

      En cuanto a la continuación, no sé... me da que al final caerá en la tentación... y el pájaro, que tenía en mano, volará...

      De todas formas, seguro que tú sabes sugerirme otros desenlaces mucho más excitantes ;-)

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  2. Jajaja. .. la fantasía. Al final todo era fantasía?

    Lo que ocurre con las infidelidades es que el otro tb debe tener interés en dejarse engañar. Como ella.

    Me ha gustado mucho

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    1. Me alegra ver, Tatu, que este tecto ha dspertado tu sonrisa... :-)

      Pues sí... al final todo era fantasía. Pero una de esas fantasías que se tienen en ese íntimo momento en el que uno se proporciona a sí mismo placer.

      En cuanto a la infidelidad, lo realmente excitante, y morboso, es conseguir hacerlo a pesar de todo el interés que pone el otro para no dejarse engañar... Placer doble, sin duda.

      En cualquier caso, celebro tu visita... y haberte gustado.

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  3. Para ser centro de atención hay que Valer y ganárselo no sólo con la perla o la espada desenfundada... mmm.... que también, por supuesto. En este caso, dónde sólo sirven sopa caliente, quizá sea mejor pájaro volando y ciento en la mano, por aquello de evitar esas cosas que llegarán y no se desean... ¿no?
    Aunque a veces no está nada mal jugar atendiendo únicamente al centro que se ubica entre las ingles... ;)

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    1. Gracias, Rosaida, por regalarme tu fragancia, en forma de reflexión.

      Ser el centro de atención... De vez en cuando, viene bien. De vez en cuando, nos lo merecemos... o simplemente, nos apetece.

      Es justamente en esas ocasiones, cuando rechazamos la sopa boba y caliente de cada dia. Es justamente en esas ocasiones, cuando queremos el pájaro en mano y ciento volando.

      Así que seamos el centro de atención... y al que no le guste, que no mire, jaja.

      Beso en tu flor.

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  4. muy buena publicación despierta los sentidos y la curiosidad, las mujeres tienen una capacidad sexual ilimitada y esplendida son perfectas y no podemos hacer otra cosa los hombres que sucumbir a sus deseos,

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    1. Gracias Néstor por tu visita.

      En cierta forma, las capacidades de mujeres y hombres dependen de los estímulos que reciben... Como se suele decir, el fuego sólo necesita la chispa adecuada.

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  5. Al final, la mayoría nos contentamos con un pájaro en la jaula, que pueda posarse en la mano y cantar, algunas veces, para nosotros... :)))

    un abrazo :)

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    1. El pájaro que nace en una jaula puede pensar que volar es una enfermedad...

      Por eso es bueno, de vez en cuando, liberarlo...

      Quizás así descubramos que nos gusta más su canto... en libertad.

      Gracias, Esilleviana, por tu visita y palabras.

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Sólo faltan tus palabras...

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