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Futuras entradas...

Rebelde

Tras todo un largo día posando y grabando en Marrakech, regresas al hotel dispuesta a relajarte y descansar...

Al entrar en la habitación, te extraña el vapor de agua que asoma bajo la puerta del baño...

Indagas... ¿quién será?

De la nube de vaho que rápidamente se disipa surge una silueta masculina...

Por suerte para mi, soy yo... desnudo para ti... con mi cuerpo y mente totalmente abiertos para lo que surja, sin más límites que nuestra imaginación... y nuestro deseo...

Entras...

El vapor humedece tu piel y la adorna de minúsculas gotitas... No puedo resistirme... empiezo a comerte...
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Tras juguetear traviesamente a lo largo, ancho y profundo de tu deliciosa anatomía, te sugiero, a continuación, que te tumbes sobre la cama, en posición de oración, mirando hacia La Meca...

Como no podía ser de otra forma, tu rebeldía te hace deshechar mi sugerencia... Y no sólo eso, sino que de un buen empujón me tumbas sobre el colchón, boca abajo. Y sin tiempo de que pudiera mirar hacia atrás, tus piernas se anclaron a mi cuerpo en tal posición que anulan cualquier posibilidad de volverme.

La almohada, y no La Meca, es ahora lo que veo.

Decido no luchar, y me relajo...

Te sientas sobre mi espalda, apoyando tus nalgas en la concavidad de mi curva lumbar, y aunque no puedo verte, te imagino mirando hacia el frente (que es el dorso de mi torso) cual amazona cabalgando a su montura... bdsmlr-35704-xrw9zcgnsz

De pronto noto la suave caricia de tus pezones recorriendo mi espalda... bdsmlr-820233-3gj5eozqvy
Me excitas... lo sabes...

Y mi excitación provoca que esté a punto de perder el control... pero aún no es el momento de perderlo...

- ¡Quieta!... te grito, consciente de que tu rebeldía convertirá mi orden en una simple sugerencia.

Con todo, el tono inesperadamente alto de mi ruego te paraliza momentáneamente...

Poco a poco vas elevando tu cuerpo sobre el mío a la mayor distancia que dan tus brazos y fémures de mi cuerpo.

Giro sobre mi mismo, y me deslizo bajo el pórtico de tu gloria.

Ahora, tengo al alcance de mi boca el delicioso manjar de tus pechos, cántaros de miel... que reververeyan sobre mi... No puedo evitarlo, y caigo en la tentación de comerlos...

Retuerzo mi brazo hasta conseguir que la palma ahuecada de mi mano se deslice pegada a la bóveda de tu vientre hasta sentir el roce semiáspero de tu recién rasurado vello púbico.

Mi mano avanza y también mi excitación. Hundo mi (dedo) corazón en las medianías de tu sexo, que se abre como las aguas del Mar Rojo ante Moisés.

Noto la suntuosa viscosidad de tu deseo empapando mi mano.

Tu coño hambriento atrapa también mi dedo índice, que se une al corazón en rítmica agitación, como si tratasen de alcanzar los límites más profundos de tu sexo. bdsmlr-281037-4imtwjbjqf
Flexiono los dedos hacia mi, pegándolos a la tenue y rugosa pared que separa tu vagina del hueso púbico...

Algo me dice que si combino roce y presión va a gustarte...

Y vaya que si lo hace...

Una súbita descarga de abundante flujo rebosa por los labios de tu coño mojando la cara interna de tus muslos...
Mmm... me encanta sentir el tacto de tu humedad... y su sabor... y su olor a hembra caliente... a mujer pantera que lo quiere todo para ella... y que no se detiene ante nada... ni nadie. Mordisqueo con fruición tu pezón, quizás con demasiado ímpetu...

Tu cuerpo se estremece, y temo que se derrumbe sobre el mío, lo cual me obligaría a usar mi polla para apuntalarlo... cosa que no pretendo todavía.

El temblor que genera la excitación se propaga por tu vientre hasta alcanzar tus tetas, que tintinean graciosamente como campanas repicando.

Elevo un poco mi boca, hasta aprisionar uno de tus pezones con un suave mordisco.

Me encanta su textura, su dureza, el color de tu areola... Succiono con intensidad, mamando con ansia, hasta conseguir que secrete un elixir de complejo sabor.

La codicia me lleva hasta el otro pezón... a la vez que continuo hurgando en tu sexo...
Gritas y das un respingo, retirándote hacia atrás, movimiento de evasión que me deja con la miel de tus tetas en los labios...

Tu insolencia provoca mi azote que tiñe de rosa la pálida superficie de tus nalgas...

- Te he dicho, ¡quieta! 

Pero se ve que la obediencia no es lo tuyo...

Porque al poco de apagarse el sonido de mi orden, y con el encanto con el que sueles adornar tu rebeldía... deslizas una tus manos por mi abdomen hasta lograr el contacto con mi cada vez más inflamada y desafiante polla..
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