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3/8/26

Saciar mi sed de ti...

Las sábanas se retuercen
envolviendo nuestros cuerpos,
que brillan, empapados de sudor,
bajo la tenue y cómplice 
penumbra de la habitación.

Me echo hacia atrás 
para contemplarte…
No sé por dónde empezar.
Pero tú sí...

Arqueas la espalda,
levantas tus caderas,
separas las piernas
mostrando la espesura
de tu sexo.
Pareces una flor nocturna
que se abre ante mí,
despertando al deseo.

Primero solo un suave roce
de mi lengua lenta, tierna,
casi reverente,
saboreando el primer temblor
de tu seda húmeda.

Me adentro poco a poco,
explorando cada pliegue,
profanando cada curva
de tu santo coño.

Tu cuerpo responde,
agitándose y estremeciéndose
entre latigazos de placer.

Tus gemidos, que empezaron como susurros,
van creciendo
hasta volverse profundos,
guturales y obscenos

Te retuerces, enloqueces,
mis manos sujetan tus caderas
mientras mi boca se vuelve más ávida,
más profunda, más insistente.

Lamo, succiono, juego
hasta que tu placer se condensa,
hasta que late, furioso,
como un segundo corazón
bajo mi lengua.

Entonces mordisqueo tu clítoris
y el mundo se quiebra.

Un torrente caliente te atraviesa,
te desborda en olas brillantes y espesas.
Instintivamente me separo hacia atrás,
sorprendido por la intensidad 
salvaje de tu orgasmo, 
que salpica mi rostro,
mi pecho, mi vientre,
resbalando ardiente 
hasta mi inflamado sexo.

Y ahora, ¿qué hago?
¿Hundir de nuevo mi boca
en tu coño empapado y caliente,
y extasiarme con el sabor de tu esencia?
¿O dejar que sea mi polla
la que persiga la imposible quimera
de saciar, al fin, mi sed… de ti?

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