-->

2/11/19

Correrme sobre ti...


Ya no podía aguantarne más... y bastante fue, para el excitante repertorio de posturas lascivas, gestos obscenos y juegos perversos que me ofreciste desde el primer momento.

Levantaste tus caderas... poco a poco... hasta liberar a mi verga de la cálida prisión de tu sexo...

Te echaste hacia atrás, descansando tus nalgas, humedecidas por una mezcla de sudor y deseo reciente, sobre mi abdomen...

Tu mano izquierda tomó el control de mi polla...

Tu espalda impedía que viese nada de lo que me estabas haciendo... así que cerré mis ojos... y me dejé llevar por las sensaciones...

Y sentí... sentí como apretaste tus dedos sobre su contorno, transformando lo que era una caricia inicial en un estrangulamiento en toda regla...

Me gustó...

Comenzaste a agitarla... suavemente al principio... aumentando poco a poco el ritmo...

Abriste tus piernas... separándolas...  y comenzaste a masturbarte, usando mi convulsa y palpitante polla como si de un consolador se tratase...

Sentí cómo te excitabas... cómo movías tus nalgas, deslizándolas sobre mi vientre de adelante hacia atrás... y cómo un torrente de placer viscoso brotaba de tu sexo.

Te sujeté por las caderas... para que no perdieses el equilibrio mientras combinabas con destreza sin igual tu paja con la mía... y la mía con la tuya.

Joder... qué placer tan intenso sentir cómo golpeabas tu sexo con el mío...  cómo hundías mi polla entre los empapados labios de tu coño para llevarla, con inusitado vigor, hasta las cercanías de tu abultado clítoris... con la intención de doblegar su insolente dureza sin piedad ni miramientos...

Y claro... tanto fue mi cántaro a tu fuente... que no tuve más opción que correrme sobre ti... 

15/9/19

Rebelde...

Tras todo un largo día posando y grabando en Marrakech, regresas al hotel dispuesta a relajarte y descansar...

Al entrar en la habitación, te extraña el vapor de agua que asoma bajo la puerta del baño...

Indagas... ¿quién será?

De la nube de vaho que rápidamente se disipa surge una silueta masculina...

Por suerte para mi, soy yo... desnudo para ti... con mi cuerpo y mente totalmente abiertos para lo que surja, sin más límites que nuestra imaginación... y nuestro deseo...

Entras...

El vapor humedece tu piel y la adorna de minúsculas gotitas... No puedo resistirme... empiezo a comerte...
 bdsmlr-143603-tu2gmsxxqr
Tras juguetear traviesamente a lo largo, ancho y profundo de tu deliciosa anatomía, te sugiero, a continuación, que te tumbes sobre la cama, en posición de oración, mirando hacia La Meca...

Como no podía ser de otra forma, tu rebeldía te hace deshechar mi sugerencia... Y no sólo eso, sino que de un buen empujón me tumbas sobre el colchón, boca abajo. Y sin tiempo de que pudiera mirar hacia atrás, tus piernas se anclaron a mi cuerpo en tal posición que anulan cualquier posibilidad de volverme.

La almohada, y no La Meca, es ahora lo que veo.

Decido no luchar, y me relajo...

Te sientas sobre mi espalda, apoyando tus nalgas en la concavidad de mi curva lumbar, y aunque no puedo verte, te imagino mirando hacia el frente (que es el dorso de mi torso) cual amazona cabalgando a su montura... bdsmlr-35704-xrw9zcgnsz

De pronto noto la suave caricia de tus pezones recorriendo mi espalda... bdsmlr-820233-3gj5eozqvy
Me excitas... lo sabes...

Y mi excitación provoca que esté a punto de perder el control... pero aún no es el momento de perderlo...

- ¡Quieta!... te grito, consciente de que tu rebeldía convertirá mi orden en una simple sugerencia.

Con todo, el tono inesperadamente alto de mi ruego te paraliza momentáneamente...

Poco a poco vas elevando tu cuerpo sobre el mío a la mayor distancia que dan tus brazos y fémures de mi cuerpo.

Giro sobre mi mismo, y me deslizo bajo el pórtico de tu gloria.

Ahora, tengo al alcance de mi boca el delicioso manjar de tus pechos, cántaros de miel... que reververeyan sobre mi... No puedo evitarlo, y caigo en la tentación de comerlos...

Retuerzo mi brazo hasta conseguir que la palma ahuecada de mi mano se deslice pegada a la bóveda de tu vientre hasta sentir el roce semiáspero de tu recién rasurado vello púbico.

Mi mano avanza y también mi excitación. Hundo mi (dedo) corazón en las medianías de tu sexo, que se abre como las aguas del Mar Rojo ante Moisés.

Noto la suntuosa viscosidad de tu deseo empapando mi mano.

Tu coño hambriento atrapa también mi dedo índice, que se une al corazón en rítmica agitación, como si tratasen de alcanzar los límites más profundos de tu sexo. bdsmlr-281037-4imtwjbjqf
Flexiono los dedos hacia mi, pegándolos a la tenue y rugosa pared que separa tu vagina del hueso púbico...

Algo me dice que si combino roce y presión va a gustarte...

Y vaya que si lo hace...

Una súbita descarga de abundante flujo rebosa por los labios de tu coño mojando la cara interna de tus muslos...
Mmm... me encanta sentir el tacto de tu humedad... y su sabor... y su olor a hembra caliente... a mujer pantera que lo quiere todo para ella... y que no se detiene ante nada... ni nadie. Mordisqueo con fruición tu pezón, quizás con demasiado ímpetu...

Tu cuerpo se estremece, y temo que se derrumbe sobre el mío, lo cual me obligaría a usar mi polla para apuntalarlo... cosa que no pretendo todavía.

El temblor que genera la excitación se propaga por tu vientre hasta alcanzar tus tetas, que tintinean graciosamente como campanas repicando.

Elevo un poco mi boca, hasta aprisionar uno de tus pezones con un suave mordisco.

Me encanta su textura, su dureza, el color de tu areola... Succiono con intensidad, mamando con ansia, hasta conseguir que secrete un elixir de complejo sabor.

La codicia me lleva hasta el otro pezón... a la vez que continuo hurgando en tu sexo...
Gritas y das un respingo, retirándote hacia atrás, movimiento de evasión que me deja con la miel de tus tetas en los labios...

Tu insolencia provoca mi azote que tiñe de rosa la pálida superficie de tus nalgas...

- Te he dicho, ¡quieta! 

Pero se ve que la obediencia no es lo tuyo...

Porque al poco de apagarse el sonido de mi orden, y con el encanto con el que sueles adornar tu rebeldía... deslizas una tus manos por mi abdomen hasta lograr el contacto con mi cada vez más inflamada y desafiante polla, y me susurras...
bdsmlr-195279-yfdeayzxg5- Ahora, quietecito... porque voy a follarte... un poquito.

17/8/19

No es asunto mío...

Tras los excesos de la barbacoa, el relax se adueñó del jardín...

Tú y tu amiga, tumbadas al sol, bronceándoos; su hermano, refrescándose en la piscina; y yo, tratando de luchar contra la modorra en la tumbona...

Me dormí; no sé por cuánto tiempo...

Me desperté al oir cómo te levantabas... y cómo él salía de la piscina.

Fingí estar dormido, pero me picó la curiosidad al ver que te seguía hacia el interior de casa...

A través de las cortinas del ventanal que da al jardín, pude ver cómo entrabais a la cocina. Estoy seguro de que notabas sus pasos, detrás de ti, muy cerca.

Me incorporé y, con sigilo, os seguí, manteniendo la distancia. Me oculté tras la puerta para, sin delatar mi presencia, observaros a través de la rendija.

Te detuviste delante del frigorífico. Él hizo lo propio... pero a escasos centímetros de tu espalda... No hiciste ademán de volverte cuando escuchaste cómo se despojaba de su bañador, mojado aún por el chapuzón que acababa de darse... Pude sentir, con claridad, cómo se aceleraba tu respiración...
Avanzó hacia ti... Desató la braguita de tu bikini, que cayó al suelo, y comenzó a sobarte con su mano derecha. Conociéndote como te conozco, intuyo que tu coño debió humedecerse rápida y abundantemente... 
Empezaste a mover tus caderas, como si bailases lentamente, apretando tus nalgas contra su polla, que, ante tal honor y privilegio, comenzó a inflamarse, desafiante, muy llena de deseo, con la evidente intención de penetrarte...
Y todo lo que siguió, ya fue cosa vuestra...

... y aunque no era mi asunto... fue muy excitante contemplarlo...

19/5/19

Por los viejos tiempos...

Eso... hagámoslo...

Llevaba tiempo rondándome la idea de darle una sorpresa... Quería para ella algo especial, único... y diferente.

Sí... esta vez no acudiría a una joyería cara... o a una agencia de viajes en busca de un destino paradisíaco...

No... esta vez quería para ella algo más personal... algo que requiriese mi participación o intervención...  y que, por ello, permaneciese, indeleble, en el recuerdo.

Y una noche... mientras divagaba de aqui por allá en la deep web... una lucecita se encendió en mi cabeza y alumbró una sugerente idea...

Y la cercanía de nuestro aniversario activó la puesta en marcha de mi plan...

Ese jueves cumplíamos 10 años juntos... Y para recordar nuestros inicios, la invité a comer en el mismo restaurante en donde nos vimos por primera vez...

De primero, y para compartir, ensalada caprese con anchoas y carpaccio de buey... De segundos, parpadelle al pesto, para ella, y bistecca alla fiorentina, para mi. Para regar nuestras gargantas, champagne, servido con generosidad... Y de postre, un platito de panna cotta, con dos cucharillas... que nos sirvió para rememorar el divertido momento en el que mi lengua relamió con gusto la escasa ración que me ofreció el día que nos conocimos en persona.
Tras la divertida sobremesa, le comenté que quería repetir uno de esos encuentros furtivos que, obligados por nuestras respectivas circunstancias, teníamos algunas tardes. Percibí claramente que el brillo de sus ojos delataba que mi indecente propuesta le había encendido su libido...

Nos dirigimos al hotel en el que dábamos rienda suelta a toda nuestras fantasías en aquellas épocas de clandestinidad... Al llegar, y para disimular, saqué del maletero un trolley, en el que había metido diverso material que podríamos necesitar posteriormente. Entramos en la Recepción...  y tras los trámites de rigor, procedimos a subir a la habitación...

Me deleité contemplando su sinuoso cuerpo reflejado en los espejos del ascensor...  Estaba preciosa... como siempre... como nunca... Mi boca se acercó a la suya... sabía a deseo y a morbosa lujuria... Mi mano, impulsada por el vapor del champagne bebido con exceso, se coló bajo su corto vestido y ascendió, codiciosa, entre sus muslos... Para mi sorpresa, y mayor regocijo, no palpé prenda que mantuviese a cubierto su húmeda feminidad...
Llegamos a nuestra planta... El enmoquetado pasillo amortiguaba nuestros pasos...

714... Introduje la tarjeta en la ranura... se encendió el led verde... y entramos en la habitación.

Tal como había indicado en la reserva, nos asignaron una suite muy amplia... La cama estaba flanqueada, a un lado, por un escritorio con dos lámparas... y, al otro, por un armario con puertas de espejo... A los pies de la cama,  dos sofás y una mesa sobre la que había una cubitera con una botella de champagne y dos copas...  Más atrás, un amplio ventanal que daba acceso a una terraza desde la que se podían contemplar las mejores vistas de la ciudad...

Pero no eran precisamente esas vistas las que quería contemplar...

Descorché el champagne y serví las copas... Brindamos... chín, chín... por una pasión sin límites...

Con un sensual contoneo, me indicó que le desabrochase su vestido. Se giró, dándome la espalda, y desenganché el broche...

Muy lentamente, bajé la cremallera del vestido... pero cuando aún no había llegado a la mitad del recorrido, se echó hacia atrás y con un ligero movimiento pendular, frotó sus nalgas con mi entrepierna...

- Vamos, Manolo, que se nos hace tarde...

Respiré hondo... No debía perder la calma... todavía...

Retiré de sus hombros las mangas... y el vestido cayó al suelo, dejando al descubierto toda su anatomía... Y aunque para nada era una visión inédita... debo confesar que al contemplarla desnuda...  más me gustaba... y más la deseaba...
Le comenté que se pusiese cómoda, ya que me gustaría grabarla. Para que pudiese desinhibirse, saqué de la maleta una máscara veneciana y se la ajusté con cuidado...
Eché las cortinas... y la habitación se quedó en penumbra. Encendí las lámparas de la mesa y las coloqué de forma que creasen una atmósfera cálida y suave... Para evitar sombras, situé una lámpara de pie justo tras el sofá... Saqué las cámaras, los mini-trípodes... y la GoPro. Porque es un engorro, pero hasta me habría traído el dron para registrar la ocasión... Quería combinar planos cortos con otros más amplios... sin interferir las escenas... pero sin perder ningún detalle.

Para terminar de configurar todo el equipamiento, le pedí que se echase sobre la cama... y que improvisase... Mmm... y vaya si improvisó... Se subió a la cama... y gateó graciosamente sobre el colchón...
Cuando llegó al medio... extendió los brazos hacia los lados, dejó caer su torso sobre la cama, separó sus rodillas y empezó a masturbarse con total descaro...
Ajusté el plano de la cámara que tenía sobre la mesa de forma que pudiese ver con claridad el exquisito plisado de su sexo...

Tras mover sus caderas a un lado y a otro, se giró lentamente, recostándose sobre la espalda... Con una insolencia nunca vista... flexionó una de sus rodillas... y me miró con una extraña mezcla de provocación e inocencia...

Corregí la altura de la cámara del escritorio, tratando de recoger en toda su extensión la belleza de su cuerpo...

Por último, se sentó a un lado de la cama, se echó hacia adelante y empezó a juguetear con su lengua mientras se veía reflejada en las puertas del armario... Moví un poco la cámara que estaba en ese lateral y aumenté la intensidad de una de las lámparas para oscurecer el fondo y evitar que apareciese en las tomas todo el entramado audiovisual que había desplegado.

Y tras poner todo en marcha... me aflojé un poco la corbata y envié un whatsapp que tenía pendiente... Cogí la botella de champagne... rellené las dos copas... y me acerqué hasta donde estaba sentada... 

Sorbió la copa entera de un trago... y la dejó sobre la cama. Separó un poco las rodillas, y me empujó hacia ella. Mi entrepierna estaba a la altura de su boca... Podía ver su lasciva mirada a través de la máscara... Joder... estaba empezando a perder el control... Desabrochó mi cinturón, y de un certero tirón lo extrajo de las trabillas del pantalón... Blandiéndolo con una mano, hizo un además de agitarlo, a modo de látigo... Sus manos se dirigieron raudas a mi pantalón, para desabrocharlo... Mi polla palpitaba inflamada y nerviosa por su inminente liberación...
Pero no... aún no había llegado su momento, por lo que con no pocos esfuerzos, me retiré hacia atrás evitando males mayores.

Estaba un poco desconcertada por mi aparente frialdad... pero su gesto mudó en cuanto vio que me arrodillaba sobre el suelo... Se inclinó hacia atrás, apoyándose en los codos... y levantó las rodillas, invitándome a comer mi postre... Separé sus piernas... dejando expédito el acceso a su delicioso coño.

Mi lengua se afanó horadando su bisectriz... abriendo sus pliegues... hundiéndose en el húmedo valle de su sexo... Combinando parsimonia y precisión, mis labios libaron el néctar del deseo... mientras mis dedos jugueteaban traviesos con sus erizados pezones... Una corriente eléctrica debió recorrer su cuerpo, porque se estremeció violentamente... mientras de su boca brotaba un variado repertorio de excitantes obscenidades.

Le indiqué que se diese la vuelta... Situé uno de los almohadones bajo su vientre, de forma que sus caderas quedaron algo elevadas....  Busqué en la maleta aceite de masaje... y lo extendí generosamente por su espalda... sus muslos... y sus nalgas...

Mmm... ahora su piel brillaba como el alabastro... y olía a avellanas tostadas... Mis manos recorrieron su espalda.... desde los hombros... descendiendo juntas por su columna...  para volverse a separar en la curvilínea superficie de sus glúteos... Y entre bucle y bucle de caricias... de vez en cuando se hundían en la comisura de sus nalgas, dejando libertad a sus dedos para que, unas veces, se solazasen en las ardientes paredes de su sexo... y otras, explorasen las inmediaciones de su zona anal... Mmm... podía sentir como palpitaba su esfinter al sentir la insolente curiosidad de mi dedo corazón...

Hundí mi lengua entre sus nalgas... y esta recorrió el delicado fruncido que rodeaba a su ano...  Poco a poco, mi lengua se aventuraba cada vez más adentro... abriéndolo más y más...

Mmmm... su sabor era exquisito y su olor, embriagador...

Amplié el marco de operaciones descendiendo hasta su coño... cálido y húmedo como una selva tropical. Extendí todo lo que pude mi lengua, hasta alcanzar su clítoris... Percibí con agrado su dureza... Mi lengua caracoleó intensamente en su cima... que vibraba de placer... Diversifiqué mis actividades, presionando su ano con mi nariz...  y estirando mi mano hacia sus tetas... sobándolas impúdicamente...

Ella recibía mis estímulos (imagino que) tan complacida como yo estaba al regalárselos...  La acumulación de caricias y lametones, en su húmedo coño, en su exquisito culo... y en sus encrestado pezones provocó en ella un géiser, un volcán, un terremoto de sensaciones que concluyeron en sonoros puñetazos al colchón mientras profería ese imperativo "quieres follarme de una puta vez" que tanto me excitaba escuchar...

Saqué el plug anal que con premeditación y alevosía había llevado todo el tiempo en mi bolsillo... lo empapé en aceite... y se lo introduje con suavidad. Y con un leve azotito de aprobación en su sexo, le indiqué...
- Todo a su tiempo, darling...


Apenas había terminado de pronunciar mis palabras, cuando llamaron a la puerta... Llevándome el dedo a mi boca, le hice una seña para que se relajase... y que permaneciese en silencio... Tras darle un beso en la boca... le puse una venda sobre el antifaz, de forma que no pudiese ver nada de nada...

- ¿Quién es?, preguntó algo intrigada

Le respondí, mientras me dirigía hacia la puerta....

- Es tu regalo...

16/4/19

Hagámoslo...

A esta edad uno es consciente de que aún hay mucho bueno por vivir... aunque quizá nos puede surgir la duda de si será tan bueno como lo ya vivido.

¿Quién sabe? Quizás ese paseo por aquella playa, cuya arena crujía bajo nuestros pies por la infinidad de conchas que el violento temporal dejó la noche anterior, no vuelva a repetirse... Ni tampoco aquella locura adolescente que nubló nuestros sentidos en aquel párking solitario al regresar después de haber padecido ese infumable musical, eso sí, anunciado con supuesto gran éxito de crítica y público...

Ciertamente es posible que nada vuelva a ser igual...

Pero si una cosa tiene buena la vida es que, a veces, nos presenta una página en blanco sobre la que podemos escribir un nuevo relato, o perfilar los trazos de un dibujo, de una pintura...  o plasmar la melodía de esa dulce canción que resuena en nuestra mente...

Sí... aún queda mucho que experimentar... por sentir... por probar... por imaginar... por desear... por fantasear...

Así que no perdamos más el tiempo... y hagámoslo... ya.

8/2/19

Una proposición indecente...

No me apetecía nada ir... pero habían insistido tanto que no fui capaz de encontrar una excusa para declinar la invitación. Y es que no todos los días se cumplen 50 años... y además por partida doble.

Tras el traslado en avión, llegamos a media tarde al hotel. Nos duchamos, nos cambiamos, nos pusimos de tiros largos, sombra aquí... y sombra allá, y bajamos al salón.

Estaban en la puerta, recibiendo a los invitados... y estaban estupendos, a pesar de su edad. Nos abrazaron... les felicitamos y les entregamos un presente...  No quisimos entretenerles... y entramos.

Un camarero nos ofreció champagne...  Salvo a ellos, los cincuentones celebrantes, allí no conocíamos a nadie. Nos acercamos a una mesa... picamos algo...  todo estaba delicioso. Cotilleamos un poco... nos miramos... y entre mirada sorbo y picoteo, terminamos el champagne.

La segunda copa de Ms. T cayó casi tan deprisa como la primera. Con sus andares elegantes, se acercó a un camarero cuya bandeja portaba una solitaria copa. Sin embargo, en el último momento, un tipo se adelantó y se apropió del codiciado trofeo. A pesar de ello, supongo que haría gala de sus dotes de persuasión porque, al poco, le cedió la usurpada copa con una sonrisa...

Empezaron a charlar. En algún momento debieron presentarse... porque se dieron dos besos. Poco después, tomándolo del brazo, lo orientó hacia mi... entiendo que para que me saludase... saludo que, desde la distancia, devolví cortésmente haciendo un gesto con la cabeza.  Siguieron charlando... y parecía divertida su conversación. No sé qué le susurró al oído... que la dejó entre pensativa e interesada. Ella le respondió acercando su boca al oído... y él asintió con un leve movimiento de su cabeza y una sonrisa. Al poco, el desconocido se retiró y Ms. T regresó hacia donde estaba yo. 

- ¿Quién era?
- Espera... ahora lo sabrás.

El desconocido y su desconocida acompañante se acercaron hasta nosotros. Eran puro contraste, al menos en lo visual: de porte menudo, él; de menudo porte, ella. Les saludé: apretón de manos para él y besos para ella. Charlamos un poco. Eran majos, así que congeniamos rápido. Y entre conversación y conversación, de pronto sentí un chispazo... Miré a Ms. T.... y con un doble y rápido arqueo de cejas me confirmó que la señal percibida no era una falsa alarma. Así que seguimos bebiendo... aunque debo decir que, con cierta discreción, instruía al camarero para que añadiese a sus copas todo el alcohol que no ponía en las nuestras.

A pesar de mis pocas ganas iniciales, debo admitir que mereció la pena el viaje... ya que lo estábamos pasando muy bien con nuestros nuevos amigos... Y uno de los momentos más divertidos fue cuando quisimos inmortalizar la ocasión fotografiándonos juntos en el photo-call, graciosamente ataviados con coloridas pelucas, ridículos bigotes y misteriosos antifaces... 

Y aunque el estribillo de El Tiburón de Proyecto Uno, que sonaba a todo volumen, pudiera indicar lo contrario, el caso es que a altas horas de la madrugada la fiesta terminó... Nos despedimos de los anfitriones, que se congratularon nuestra nueva amistad. Salimos del salón y nos dirigimos hacia los ascensores. Ellos también estaba alojados en el hotel... y en nuestra misma planta, así que subimos juntos.

Cuando íbamos a despedirnos y entrar en nuestra habitación, ella nos sugirió que les acompañásemos a la suya, a tomarnos la penúltima en el minibar. Miré a Ms. T, y me respondió con gesto que fue mutando de sorpresa inicial a sutil aprobación a tal proposición indecente.

Asi que entramos...

27/12/18

Fóllame...


Acerco mi lengua
a las orillas de tu sexo...

 Basta una suave caricia
para que aflore 
el rocío salado
que evidencia
su impaciencia
por ser profanado.

 Me embriaga
su intenso aroma
a hembra cachonda,
a sirena lasciva
que sinuosa persigue
nublar los sentidos
del desdichado Ulises.
Pero atado al mástil
mantendré la calma, si es posible...

Me sumerjo en sus profundidades... 
explorando cada rincón... 
cada borde, cada pliegue,  cada detalle
en busca de tu perla... 
de tu dulce perla...

Mmm... ya es mía... sólo mía...
Me recreo lamiéndola,
presionándola y
mordisqueándola
 con la precisa proporción
de placer y dolor
que transforma tu sexo
en un géiser borboteante y violento
de húmedo y ardiente deseo.

Y ya no me detendré más...
y haré que tu boca escupa
la obscenidad esdrújula,
mitad orden, mitad ruego,
que obedeceré al momento
para destapar
nuestra caja de los truenos.

23/11/18

El deseo de los feos...

No voy a comentar aquí la razón por la que tuve que acudir a urgencias. Es algo que sólo me compete a mí y a la persona que aquella noche me acompañaba. Tampoco voy a revelar su nombre, porque a Brenda le gusta permanecer en el anonimato. Y mucho menos desvelaré más detalles sobre ella. Sólo diré que es venezolana, concretamente caraqueña, y beligerante antichavista. Tal como la describen mis amigos, y especialmente mis amigas, es muy intensa... demasiado, a veces. No quisiera abrumar a mis lectores con más datos, así que, por último, mencionaré que mide 1'75 m., y que combina con absoluta elegancia y encanto una rubísima melena, brillante como el sol, unos deslumbrantes ojos azules, tan azules como el Mar Caribe, unos labios rojos de coral y unas armoniosas proporciones de 90 60 90.

El caso es que aquella noche, Brenda y yo decidimos afrontar unas complicadas y arriesgadas escenas amatorias en las que ella, disfrazada de enfermera con un sensual uniforme blanco de corta faldita de vuelo, procedería a aplicarme una profunda y exhaustiva revisión por mis recién cumplidos 100.000 km. Y así fue...

Alegando cumplir con protocolos de prevención de riesgos laborales, Brenda me inmovilizó con unas correas atándome a la camilla. Además, me enfundó un antifaz, esta vez para, según ella, proteger mi derecho a la privacidad. Una vez cegado, atado y tumbado sobre la camilla, requirió mi consentimiento para permitirle que explorase libremente hasta el último rincón de mi cuerpo. En fin, no eran condiciones muy distintas a las que nos somete un banco cuando firmamos una hipoteca o cuando instalamos una app en el móvil. Así que, pensando en que lo verdaderamente importante es la salud, pulsé aceptar y accedí...

Entre auscultaciones, palpaciones, masajes, y alguna que otra profanación digital insolente, fue subiendo mi temperatura. Y mi fiebre subió repentinamente cuando noté que una de sus manos se ahuecaba para sopesar mis gitanales, digo genitales. Al ver mi reacción, me preguntó con aparente interés si me dolía ahí. "No, no... que va, al contrario..."  pensé para mis adentros, aunque de mi boca brotó un traicionero "Sí, sí...  justo ahí me duele". Y claro, ante aquel síntoma de dolor, Brenda me indicó que procedería a explorar más concienzudamente esa zona, esta vez examinándola… oralmente. Y claro, mi dolor fue a más...

El nada inocente roce de sus manos, la cálida humedad de su boca y las lujuriosas, a la par que lascivas, caricias de su lengua, provocaron una repentina arritmia que, de no haberme distraido con  pensamientos desfibriladores, a punto estuvo de terminar en una inoportuna y profiláctica corrida. Y justamente, para evitar que el tratamiento a mi dolencia finalizase antes de tiempo, le sugerí que disminuyese la dosis indicándole, y empleé un eufemismo, que "mi fruto ya estaba maduro".

Pero fue mencionar el desafortunado término "Maduro", y sentir cómo Brenda cerraba epilépticamente su boca sobre mi aún convaleciente miembro, y cómo sus dientes traspasaban la tenue piel que lo envuelve. Juder.... qué dolor... Pero el dolor no era lo más grave...  Lo grave es que el mordisco había producido un desgarro del que empezó a manar abundante sangre. Ante lo complicado de la situación, y viendo que mi herida no tenía fácil remedio ni cura, Brenda aplicó un fuerte vendaje a mi verga y me condujo al hospital más próximo, no sin antes pedirme mil perdones por no haber podido controlar su furia antichavista.

Con grandes dificultades al andar, debido a lo apretado del vendaje, nos dirigimos al mostrador de urgencias, donde nos atendió un amable recepcionista. Con cierta vergüenza y azoramiento, le describí el origen y alcance de mi lesión. Sin levantar la mirada de su monitor, me dió de alta en el sistema e imprimió un ticket que indicaba mi turno. Brenda salió afuera a fumar para relajarse, y yo me senté en la sala de espera...

Junto a mi estaba una pareja de unos 40 y muchos años, junto a quien debería ser su hija. Una niña pequeña, muy bonita, de unos tres o cuatro añitos, que respiraba con dificultad. Le habían puesto unas gafas nasales a través de las cuales le administraban oxígeno. En su dedito tenía un sensor con el que le monitorizaban la saturación de O2 en sangre. La niña estaba en brazos de su madre, una mujer menuda vestida de negro de pies a cabeza: zapatos de charol negros, pantalón y jersey de cuello vuelto negros, y gafas de pasta... negras. La negrura de su atuendo contrastaba con la palidez de su cara, que rayaba en lo enfermizo. Su cuerpo, sin ser delgado ni grueso, carecía de curvas o de signos visibles de feminidad. Les acompañaba quien debía ser el padre, un tiarrón bastante grande, que sin llegar a ser obeso mórbido, poseía un insalubre Índice de Masa Corporal. También tenía gafas, de metal dorado. Alopécico, presumo que calvo prematuro, y de piel átona y blanquecina, encarnaba todo lo contrario a lo que hoy puede denominarse un hombre sano.

A ver... yo no soy el arquetipo de lo bello (aunque Brenda sí, que conste), pero esa chica y ese chico eran, lo que se dice, feos...  Era tan manifiesta su fealdad, que, a pesar de mi reconocida inventiva y creatividad, era incapaz de visualizarles en el momento en el que se conocieron... o cuando notaron el primer chisporroteo del amor... o cuándo él, bajo el palio de la luz crepuscular de un atardecer de verano, endulzó sus oídos con un qué guapa eres... 

Tampoco puedo concebir qué es lo que hicieron el día en que engendraron a tan bonita niña. Por las dimensiones de ambos, supongo que ella estaría encima... y él debajo. Quizás fue ella la que llevó la iniciativa... moviéndose de adelante hacia atrás... poniendo las manos sobre su tripuda barriga para no perder el equilibrio... y llegando a un éxtasis silencioso... que a él dejó con más incógnitas que certezas....

Fuese como fuese, el caso es que de aquellos polvos surgieron los lodos que trajeron al mundo a esa preciosa niña. Niña a la que deseo, de todo corazón, que se recupere lo antes posible... y que sea muy feliz.... junto con sus padres... 

Joder... la de cosas que se piensan mientras esperas en urgencias...

- S23, pase al Box número 5... S23, pase al Box número 5.

Es mi turno... Brenda aún no ha regresado... Entro en el Box (de Chanel) número 5... Previendo que fuese necesario mostrar mis heridas, decidí desabrocharme la camisa y el pantalón y desnudarme. De nuevo estaba tumbado sobre una camilla, y expuesto... aunque esta vez esperando a un doctor de verdad, titulado, espero que no con un Master de la Rey Juan Carlos... Vaya... qué embarazosa situación... jueves, noche, en urgencias y en pelotas con la polla ensangrentada por un mordisco caraqueño...

Y cuando estaba ensimismado envuelto en mis pensamientos y tribulaciones, oigo al doctor abrir la puerta del Box y decirme, con un familiar y femenino tono de voz:

- Hombre, Manolo... me lo estás poniendo muy fácil esta vez...

(Mierda... es ella... mi segunda ex... El mundo es un pañuelo).

11/11/18

Nieve en polvo... y viceversa.

Fin de semana, y ya hemos tenido las primeras nevadas de la temporada...

Preparo la ropa, guantes, botas, gafas... Coloco las tablas y los esquís, perfectamente encerados, en la baca, y los bastones y resto de equipamiento, en el maletero. Compruebo que llevo el forfait de temporada en la cartera. Sí. Todo listo... Me dirijo a la estación de ski.

Nieve en polvo... casi dos metros de espesor. Religiosamente, espero el turno en el remonte. En cuanto puedo, activo el Arva y salgo fuera de pista...

Empiezo a bajar, zigzagueando de aquí a allá... alejándome de la muchedumbre... Desciendo por una pista negra...  El peligro merece la pena... Ya la veo... Es nieve virgen...  resplandeciente... crujiente... excitante y suave como el pubis rasurado de los dieciocho años.

De pronto, alguien pasa a mi lado como una exhalación... Me desequilibra y caigo de bruces sobre la nieve. Me incorporo algo aturdido. ¿Quién es? Es una mujer. Lleva un kubanka en la cabeza, y va enfundada en un largo abrigo de pieles...

Intento seguirla... o perseguirla... no sé muy bien qué. Esquía muy bien, y me cuesta alcanzarla. Me rindo: es imposible; la pierdo de vista... Pero unos metros más allá, en la espesura del nevado bosque, vuelvo a verla. Diría que me estaba esperando...

Extiende su abrigo sobre la nieve, a modo de colchón... Para mi sorpresa y regocijo, no llevaba nada por debajo, salvo un chaleco, también de pieles. Se arrodilla, echando su cuerpo hacia adelante y apoyando las manos en sus muslos... Sonríe...

No sé qué hacer... La miro... me deleito en la sensualidad de sus curvas; en la voluptuosidad de sus nalgas; en la perfección de sus tetas; y en la dureza de sus pezones... No he llegado hasta aquí para darme la vuelta, así que opto por la solución más sencilla... por la navaja de Occam...

Desabrocho mi pantalón... Mis rodillas se hunden en la nieve... Estoy tan excitado que apenas siento el frío...  Separo sus piernas... y con mi mano dirijo alevosamente mi sexo enhiesto hacia el suyo...

De pronto... un ruido. Miro hacia atrás bruscamente. No... no es nada...

Ella también se ha girado. Ahora, mi polla ha quedado justo en frente de su boca. Vuelve a sonreir.

La engulle lenta y profundamente. Sujeto con mis manos su cabeza. Quiero que se mantenga en el sitio, y ser yo el que entre y salga, a un ritmo suave. Otra cosa me llevaría a la meta demasiado rápido, y ahora no quiero prisas. Soy consciente de que le dejo poco margen de maniobra. Aun así, mueve su lengua con destreza, acariciando lascivamente mi verga, que, feliz de hallarse en tan caliente prisión, palpita llena de esplendor.

Balanceo mis caderas empujándolas hacia adelante y hacia atrás, metiendo mi miembro y sacándolo de su boca...  Pero no mucho, sólo un poco, evitando que salga totalmente fuera. Siento la presión de su lengua, la succión de sus labios y la cálida humedad de su saliva conspirando para aplicarme con exquisita precisión la justa dosis de excitación...  Cierro los ojos. Mmm...

Casi al borde del precipicio del placer, consigo detenerme. Empujo hacia atrás su cabeza...  Me mira en silencio... combinando en perfecta proporción provocación, perversidad e inocencia... Con un gesto, le indico que recupere la posición inicial... Sí... así... mirando a Cuenca... o a Teruel, donde los amantes...

Mis dedos vuelven a merodear las cercanías de su sexo palpándolo con delicadeza. No oculta su excitación... quizás más debida a que desconoce lo que le voy a hacer, que a la pericia de mis lúbricas caricias... Me reta separando sus piernas y hundiendo su pecho en el abrigo, exponiendo sin ambages su sensual feminidad y mostrando claramente el evidente camino que desea seguir... 

A duras penas, mantengo la calma...

Me distraigo recorriendo con la mirada su dorso desnudo... Pero mis dedos no se resignan a un papel secundario... y por su cuenta y riesgo deciden deslizarse por el surco que nace en su cuello, prosigue entre sus hombros y asciende por sus lumbares...  Ya en el inicio de la frontera que separa sus nalgas, dibujan un círculo... que se convierte en otros dos y que acaban convergiendo en el símbolo del placer más infinito...

El trazo de mis dedos prosigue aguas abajo... Sin mediar orden consciente alguna, mi mano se gira.... ahuecando su palma para amoldarse a la forma de su anatomía femenina.... Mi dedo corazón -¿cuál si no?- se aventura entre los pliegues de su sexo.... Qué contraste: frío, calor y humedad... mucha humedad. Retiro mis dedos para deleitarme con su olor y sabor... Pero el frío es tan intenso, que su húmeda excitación se convierte en pocos segundos en una delicada escarcha que adorna mis dedos...

Mmm... la saboreo lentamente... mmmm.... qué delicia...

Mis ojos topan con su mirada... es fascinante...  Con un leve arqueo de sus cejas, requiere mi acción...  Sí... la voy a follar ya... sin más demora...

Empujo con fuerza mi cuerpo hacia adelante, conduciendo mi sexo hacia el suyo... Siento como su carne se abre para mi mientras la penetro con una mágica y profunda embestida. No pecaré de impaciencia... así que disfrutaré con calma este primer sorbo de placer. Coloco mis manos en sus caderas y las empujo hacia mi.... Quiero llegar a lo más profundo de su deseo... Aprieto más fuerte, tensando mis nalgas... Mis manos se aferran con fuerza a sus caderas. Vuelvo a empujarla hacia a mi...  Un gemido escapa de sus labios... y un ronco rugido de los míos. Ya estoy... ya estamos...

Ahora puedo sentir la suave presión de su sexo envolviendo al mío... Ahora siento la cálida humedad de su pasión desbordante desquiciando mi temple... Siento la incitante dureza de sus nalgas retando a mi aplomo. No, no caeré en sus provocaciones y trampas...  Me quedaré así,  aparentemente inmóvil, hasta hundirme y fundirme dentro de ella...

De pronto, otra vez el ruido.

Final A:
En realidad, sufrí una caída mientras esquiaba fuera de pista. No me puse el casco,  y me golpee la cabeza con una roca, perdiendo el conocimiento (aunque es difícil perder algo que no tengo). El Arva no se activó, y poco después de una hora, fallecí por hipotermia. Nadie lloró mi pérdida, ni reclamó mi cadáver. Pasados 10 años, y probablemente a causa del calentamiento global producido por la prematura erradicación de los vehículos diésel, por fin descubren mi cuerpo congelado...  


Final B:
El sonoro e intenso percutir de las carnes unido a nuestros gemidos y bramidos de pasión provocaron una repentina avalancha que nos sepultó... Pasados 10 años,  y probablemente a causa del calentamiento global producido por la prematura erradicación de los vehículos diésel, alguien descubre las figuras congeladas y abrazadas de los dos amantes... Nadie, a día de hoy, sabe aún quiénes son...
Final C:
El ruido procede de los árboles. Hay alguien allí.... escondido, observándonos... Ella no se inmuta. Pero cuando iniciaba el ademán de retirarme para ganar altura y tener una posición de mayor dignidad y fuerza, ella, con aparente tranquilidad y sosiego, me invita a proseguir lo iniciado diciendo:

 - No te preocupes: es mi marido... y le gusta mirar. 

19/10/18

El chispazo...

Caminaban sin rumbo, deambulando de calle en calle en su última tarde en aquella ciudad... Se detuvieron ante el escaparate de una librería... Entraron. Curiosearon por el interior del local, hojeando algunos libros, mirando aquí y allá. Y de pronto, sintieron el chispazo...
____

Fue hace mucho tiempo cuando Mr. M lo sintió por primera vez... Era una sensación extraña... visceral e irracional... y muy intensa. Era como una corriente eléctrica que nacía en lo más profundo de las entrañas y que moría en su sexo... provocando, en no pocas ocasiones, una erección incontrolable. Poco a poco se fue familiarizando con la sensación... aunque sin entender ni sus causas... ni sus consecuencias. Hasta que conoció a Ms. T...

Sintió un chispazo nada más verla... y ella, al verle a él, también. Se miraron... y compartieron detalles sobre su coincidente sensación... Hablaron y hablaron... Y con las conversaciones fueron comprendiendo que el chispazo surgía cuando alguien sentía atracción sexual por ellos... Poco a poco fueron experimentando y descubriendo que el deseo sexual puede surgir de cualquier persona, sin importar edad, parentesco o sexo. Y también descubrieron que el chispazo era una señal de alerta que les permitía reconocer y descubrir a personas del entorno físico inmediato con las que podrían entablar una conexión sexual...
____

Ambos se miraron, sorprendidos, tratando de confirmar la sensación. Y no... no era una falsa alarma. Miraron a un lado y a otro, oteando el local en busca de la fuente de la que manaba aquella intensa excitación. Y la encontraron en la sección de Ficción... concretamente en la estantería de Novela Erótica.

Se acercaron y entablaron conversación con la excusa de conocer sus gustos literarios. Parecía una persona sensible y culta... y algo tímida. Les agradó, y le sugirieron proseguir la animada charla en un café...

Ms. T le ofreció una "sustancia relajante", que aceptó agregar a su infusión de menta poleo. Hablaban distendidamente, tocando muchos palos. Ms. T halagaba su sensibilidad, pero, con sibilina astucia, llevaba las conversaciones hacia temas que hiciesen aflorar sus gustos personales, cuando no íntimos...  Mr. M., que apenas participaba en aquel diálogo, observaba desde la distancia como, poco a poco, iba desinhibiéndose y sumiéndose en una nube de confusión, aunque sin llegar a perder totalmente el control.

Las dotes de persuasión de Ms. T no permitieron un "no" por respuesta, y accedió a acompañarles a la habitación del hotel.

Subieron a la habitación. Sin mediar palabra, Ms. T le puso las manos sobre sus hombros. Con progresiva firmeza los empujó hacia abajo, hasta que cayó de rodillas. Mr. M observaba la escena, sorprendido y expectante…

Ms. T, con un leve gesto en el que mezcló un arqueo de cejas, un ligero cabeceo y una sugerente y explícita lengua humedeciendo los labios, conminó a Mr. M a desnudarse…

Mr. M se despojó, raudo, de la camisa, el pantalón, y, por último, de su boxer, dejando al descubierto su polla, que, ante la inminente llegada de placer, comenzó a endurecerse.

Con un gesto enérgico, Ms. T dirigió su cabeza hacia adelante, sujentándola por el pelo... Y ya sin otra opción ante la envergadura de aquel miembro sino abrir bien la boca, se dejó llevar... 

27/6/18

Aquí... y ahora. (9 de 9)

(viene de aquí; escribe Gema)
 
Conozco a Icíar desde que éramos niñas, y aunque hemos tenido épocas con menos relación, especialmente después de mi maternidad, lo cierto es que siempre hemos mantenido el contacto. Icíar siempre ha sido muy "echá p'alante" y muy pragmática a la hora de alcanzar lo que desea. Y con ese pragmatismo ha conseguido un envidiable status social, laboral y personal, asignando a su pareja, Jesús, un papel de colaborador necesario, con mucha plaza y poco mando. Pero él la adora y acepta complaciente su rol secundario, a pesar de algún que otro desliz veraniego, del que puedo dar fe...

Y la fe es lo que he perdido con David... Con los años, ha ido perdiendo pasión, vigor e interés, justo al revés que yo. Y ahora que los chicos son ya mayores, necesito recuperar el tiempo perdido, porque la vida es un momento y quiero aprovecharlo al máximo. Así que estoy en modo on, abierta a nuevas sensaciones y experiencias. Aunque, para qué engañarnos, a veces lo que necesito es algo más básico, más primario... como una mirada que me desnude, o ser seducida con una proposición indecente... o, simplemente, que un hombre de verdad me empotre, ebrio de deseo, contra la pared.

Y quiero conseguirlo, e Icíar va ayudarme...

Y su ayuda consistió en organizar una cena a la que teníamos que acudir elegantes y con la mente muy abierta. Fue allí donde conocimos a Vicky y a Tino.

Mi primera sensación al ver a Vicky, así, enfundada en ese vestido granate tan apretado y tan escotado, no fue demasiado positiva, e intento ser suave. Es más, cuando vi que Davicín baboseaba al verla caminar a su lado, empecé a considerar muy probable que se dedicase al oficio más antiguo del mundo. Con todo, era una mujer espectacular... tan alta y esbelta... y, por lo mucho que dejaba ver su escaso vestido, sin una maldita señal de grasa o celulitis. 

Tino, en cambio, parecía muy elegante y equilibrado... Tenía muy buena planta y mejor percha. Y fue escuchar cómo hablaba, con calma pero sin pausas, y empezar a sentirme atraída por él.

Icíar nos invitó a que nos sentásemos a la mesa... En cuanto lo hicimos, hizo sonar una campanilla, y, sin que hubiese reparado antes en su presencia, un hombre y una mujer, ambos de aspecto asiático, nos trajeron unos aperitivos. Icíar nos indicó que se trataba de piruletas de pistacho, crocante de maíz con guacamoles, fardos de calamar con vinagreta en su propia tinta y de bocadillos huecos de jamón ibérico.

Después nos sirvieron unas exquisitas ostras acevichadas con espuma de champagne y un extraño caviar blanquecino que estaba exquisito. Por si esto no fuese poco, para el plato principal podíamos elegir entre pescado o carne. Vicky, Icíar y yo elegimos rape con habitas a la menta, y los chicos, obviamente, se decantaron por la pechuga de pato en escabeche ligero al vino y aire de limón. En cuanto a los vinos, las chicas nos tomamos un riquísimo y fresco albariño Terras Gauda del 2014, y los chicos se regocijaron con un Ribera del Duero: Pingus del 2015. Para finalizar, Marcelo y Rosa (que así se llamaban los asistentes filipinos), trajeron lo que Icíar denominó como "pequeñas locuras": un surtido de bombones de cardomomo, crocant de chocolate, coco y frutos secos y unos deliciosos mini macarons de pistacho y mojito. En cuanto fuimos servidos, Icíar indicó a la pareja filipina que se tomasen el resto del fin de semana libre.

Ya a solas, y con los postres aún en la mesa, Jesús e Icíar se levantaron de la mesa. Jesús nos sirvió lo que yo pensaba que era cava, y que en realidad era una botella de un vino espumoso italiano: Follador Valdobbiadene Superiore. Qué soez, pensé por un momento: tanta elegancia y pijerío para acabar con semejante ordinariez. Aunque debo reconocer que el primer sorbo me convenció de lo acertada que era tal elección. Icíar también regresó al salón; traía algo en las manos: eran unos lápices de labios y 6 antifaces para dormir, supuestamente uno para cada uno de nosotros. Y sin mediar más prolegómenos, nos propuso participar en un juego.

Lo primero que hizo fue situar a los chicos a un lado de la mesa. Después, les pidió que se pusiesen los antifaces. Tras cerciorarse de que ninguno veía, se acercó a nosotras y nos indicó, marcando con el dedo índice delante de los labios una señal de silencio, que nos sentásemos enfrente de quien quisiéramos: Vicky se puso delante de Jesús, y yo delante de Tino. Icíar, que aún no se había sentado, comenzó a hablar:

- Seguro que sois muy detallistas y os habéis fijado mucho en vuestras chicas... Aunque también es posible que se os haya escapado alguna miradita a algún escote ajeno... ¿eh, pillines?.  Bueno, es normal: estáis con las mujeres más bellas, seductoras y atractivas del planeta, jaja.

Mientras escuchaba expectante la perorata de Icíar, aprovechaba que los chicos estaban "cegados" para examinar y deleitarme con las varoniles facciones de Tino... Por un momento pensé en la posibilidad de que podría dejarse llevar por el calor del momento para explorar con uno de sus pies el interior de mis muslos... y mi... y...  uf... con mi mente acalorada y confusa por el vino espumoso Follador... empecé a imaginar cómo sentiría dentro de mi la espuma caliente de Tino, el follador...  Y al ver que esa posibilidad podría hacerse realidad esa misma noche, una corriente eléctrica recorrió mi vientre, produciéndo una importante marejada en mi entrepierna, que humedeció al instante mis braguitas.

Icíar prosiguió con su discurso...

- Bueno, pues estos bellezones llevan, al menos, dos prendas en común... y no os hagáis los graciosillos pensando en la más obvia, ¿vale?

David señaló rápidamente la menos obvia: - sí, es un pañuelo.

- Muy bien, chico listo: tres puntos. Pues esos pañuelos están ahora delante de vosotros, en tres platos cubiertos por un cloché para que se intensifiquen las fragancias que desprenden. Lo que tenéis que hacer es adivinar, por el olor, si es, o no, el de vuestra pareja. Responderéis en silencio, haciendo un gesto afirmativo con la cabeza si creeis que es de vuestra chica, y viceversa. Si os equivocáis, vuestra chica tendrá que quitarse la otra prenda que tenemos común para usarla en el siguiente reto... En ambos casos "no" se os indicará si habéis acertado o fallado, ¿de acuerdo?

Tras proporcionar las instrucciones del reto olfativo, Icíar se acomodó en el asiento que quedaba libre. No sé por qué, pero estaba segura de que Davicín no acertaría. Y así fue: levantó el cubreplato, olisqueó el pañuelo, pero me confundió con Vicky. Sin embargo, Tino y Jesús sí acertaron, o quizás tendría que decir "no se equivocaron" al concluir que ninguno de los pañuelos correspondía a su respectiva pareja. Así que fui yo la que tuve que quitarme mis aún empapadas braguitas, ponerlas en un plato y cubrirlas con un cloché para la siguiente prueba. Empecé a pensar seriamente en si no estaban compinchados todos...

Icíar rellenó tres copas de Follador y nos indicó -a Vicky y a mi- que se las sirviésemos al chico que teníamos enfrente. Pero antes, tendríamos que, como ellos, ponernos los antifaces. Tanteé con cuidado el borde de la mesa, y me acerqué hasta donde estaba Tino... Ahora, mis manos y mis dedos eran mis ojos... El primer contacto fue con su hombro izquierdo; después, mis dedos recorrieron el borde de su calvícula y alcanzaron su cuello... No pude evitar acariciarlo... y excitarme, sobre todo al sentir cómo se activaba su musculatura cuando, quizás por la intensidad del momento, tragó un poco de saliva. Mi mano avanzó colgando bajo su mandíbula... sintiendo los chispeantes pinchazos de su incipiente y áspera barba...  Finalmente, la ahuequé bajo su angulosa barbilla para apuntar mejor y evitar desperdiciar ni una gota del burbujeante Follador. Coloqué el borde de la copa en sus labios y la incliné levemente para que pudiese sorber su contenido. Tino bebía lentamente, sin prisa... cuando, de pronto, sentí una de sus manos reptando insolentemente bajo mi vaporosa falda hacia mi desprotegido sexo... que, en cuanto sintió el contacto de la lúbrica caricia clandestina, respondió con un húmedo torrente de impetuoso deseo. 
Pero Icíar siguió con su jueguecito...

- ¿Os ha gustado? Bien... pues vamos a subir la apuesta. Chicas... sacaos el antifaz y volved a vuestros asientos. Chicos... ha habido uno de vosotros que no ha superado el reto del pañuelo. Por tanto, la prenda más íntima de su chica está ahora sobre un plato, cubierto por un cloché para preservar su aroma. Como antes, sólo podréis emplear el olfato para adivinar a quién pertenecen. Con el lápiz de labios, escribiréis la inicial de la propietaria en vuestra servilleta...  y ella planteará al que acierte, o a los que acierten, un reto que tendrá, o tendrán, que cumplir. Si no estáis seguros, podéis dejar en blanco la servilleta. Pero si falláis, tendréis que desnudaros totalmente¿Os atrevéis?

Bueno... había un tercio de posibilidades de que me toque David... e idéntica probabilidad de que me toque Tino... o Jesús... o ambos... o los tres. Pero lo que quería es que el destino... ay, mi destino, conspirase para que me tocase... Tino, naturalmente.

El primero en catar mi prenda fue mi Davicín. Y otra vez, dominado por la tentación, escribió una V. El muy ingenuo pensaría que estaba escribiendo la V de Victoria, cuando, en realidad, lo que había escrito fue la V de vencido. El siguiente fue Jesús. Retiró el cubreplatos, se inclinó hacia adelante, inspiró y, tras unos momentos de vacilación, comenzó a trazar en su servilleta una línea circular que, cuando la vi, suponía que acabaría convertida en una G. Pero, para mi asombro, cerró el círculo y lo atravesó con una línea recta, indicando con esa ø de carmín que no sabía a quién pertenecía. Tino cerraba el turno... Retiró el cloché y se acercó al plato, tanto que su nariz rozó el tejido empapado de mi braguita. Inspiró profundamente... y se echó hacia atrás, apoyando la espalda en el respaldo de la silla. Juntó sus manos, frotándolas un poco, y las puso delante de su boca, como si estuviese rezando, en lo que podía ser un gesto normal de meditación. Pero, no. Tino no estaba reflexionando... Tino estaba oliendo los dedos que poco antes habían profanado mi sexo... para confirmar, con una enorme G de carmín, que esa prenda era la mía. Un chorreante latigazo de excitación bajó por mi entrepierna... A pesar de que hervía en mi vientre el deseo, me mantuve en silencio. Dios... ¿y ahora? ¿qué reto podría plantearle?

Y mi imaginación comenzó a volar... Quizás, podría pedirle que me acompañase a una de las habitaciones en donde degustaría el exquisito manjar que hay entre sus piernas...
O quizás, le pediría que dejase que mis manos masturbasen su polla entre mis tetas, hasta povocar que se corra sobre mi...

O, simplemente, quedarme a su merced y dejarle que haga conmigo lo que quiera...
O ya puestos, le pediría que me follase allí mismo, delante de David... y de Vicky... y de todos.

Icíar pidió a los chicos que se quitasen los antifaces para ver el resultado del reto... Tan cegada estaba con la expectativa de sentir la hombría de Tino, que no reparé en el rostro desencajado de mi pobre David, comprobando que había fallado otra vez, y que era otro el que estaba a punto de disfrutarme...

Icíar, la maestra de ceremonias, se levantó de la silla y se dirigió a mi:
- Gema, hay un ganador del reto... y ahora debes exigirle que proporcione cumplida satisfacción a tus deseos.  

Después, mirando a David, le indicó:
- Pero antes de nada.... David, ya que no has superado el reto, tendrás que desnudarte... 

Y David, a regañadientes, obedeció... y fue despojándose del traje de Armani... de la corbata de tonos azules... de la camisa de botones plateados... de los pantalones... y, tras la indicación de Icíar de que el desnudo tenía que ser integral, también de sus gayumbos... 

Icíar, prosiguió con su papel de reina de la fiesta:

- Y ahora, David, ponte el antifaz. Vendrás con Vicky y conmigo a una estancia en la que te someteremos a unas pruebas que tendrás que superar...  

Por un momento, y viendo que Vicky participaría en esas pruebas, la cara de David se iluminó. Resultó algo cómico, o quizás kinky, ver a Icíar, Vicky y David desfilando por el salón, hacia la planta baja: Icíar abría la comitiva y Vicky conducía al cegado David sujentándolo por la polla.

Por fin, ya a solas con Tino (¿y Jesús? ¿dónde está Jesús?), mi calenturienta imaginación se liberó de todo freno o precaución.

No entraré en detalles de lo que hicimos Tino y yo... ya que se puede imaginar fácilmente. Y tampoco relataré qué sucedió cuando apareció el desaparecido dueño de la casa...

En cuanto a David, desconozco a qué pruebas fue sometido por las perversas Vicky e Icíar... Lo que sí sé es que ahora encuentra placer en donde antes no imaginaba que se podía encontrar...
Y esto me complace... aunque no tanto, como cuando, alguna semana que otra, recibo el escueto mensaje de Tino, o de Jesús, o de ambos... con las tres palabras que más me excitan: "aquí... y ahora".

Fin 

30/5/18

Deseo concedido... (8/9)

(viene de aquí; escribe Vicky)

Tragué saliva y manteniendo mi posición apoyé la cabeza en la almohada, cerré los ojos, no quería saber quien hacía qué, quería sentir imaginar e intentar adivinar de quien era la respiración que me soplara, la mano que me acariciara, el cuerpo que me rozara, la polla que me follara....

Creo conocer bien las maneras de Tino, también su tacto y olor, pero con los ojos cerrados y con Jesús, mi imaginación seguro que hallaría dudas, dudas que desde ya mismo estaban haciendo fluir mis mieles.

Húmeda y expectante, lo primero que noto es el roce del cabello, de una de las cabezas de aquellos dos hombres en la cara interna de mi muslo derecho.


No entendí... esa cabeza debió de acomodarse un almohadón debajo, porque el suave tacto del pelo reptó hacia arriba.. y es entonces cuando una boca aprisionó mi clítoris succionándo suavemente y manteniendo la posición el tiempo necesario para que yo pensara "claro, está colocado a la inversa de como yo creía"...

...y latigazo de excitación...
Si se trata de Tino, Jesús estará como una moto y no tardará en follarme con su polla,
y si se trata de Jesús... , cualquier cosa me espero de mi Tino...

Fue mi último pensamiento, ya que a partir de ahí me nublé en un disfrute excesivo, como excesiva era la idea de compartir juegos sexuales.

La lengua comenzó a lamer mi sexo, parsimoniosa, como si de una precisa maquinaria que no sale de su ritmo se tratara...


Mi sexo iba a explotar cuando noté certero en mi ano lo que debía ser la saliva ¿de Jesús? ¿o de Tino?
¡Dios santo! seguida de un lengüetazo que no contento con saborearme procuró introducirse al máximo en mi cuerpo al tiempo que una mano asía mi pecho izquierdo y me lo manoseaba haciendo que mis pezones, ambos le señalaran que estaba en el buen camino.
La cabeza que tenía entre mis piernas fue reptando hacia arriba, yo seguía con los ojos cerrados, no quería saber y llegó a la altura de mi boca, besos lascivos al tiempo que de un empellón introdujo toda su polla en mi abultado coño.


Comenzó a moverse penetrándome sin que yo le correspondiera en los movimientos, ya que estaba atendiendo también el cambio que se había producido en mi espalda.

Dos dedos eran, los que sustituyendo a la lengua iban penetrándome cada vez que la polla que me follaba echaba para atrás.
No había sentido algo igual: no tenía que ver con juguetes ni con las artes anteriormente experimentadas. Si bien es verdad que Tino era capaz de atender varios frentes al tiempo, el hecho de saberme entre dos hombres me producía un éxtasis indescriptible, algo mental...

Ignoraba quién era quién, quería una segunda polla en mi culo... y la quería ya.

Seguía con los ojos cerrados, tan excitada, queriendo más, volando mi imaginación al tiempo que mi cuerpo. Lo que no podía saber que hace ya un rato, la puerta se había abierto de nuevo, y en la habitación en ese momento éramos cuatro...
... y la polla de Tino estaba a buen recaudo entre las cuerdas vocales de Icíar.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...