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30/5/18

Deseo concedido... (8/9)

(viene de aquí; escribe Vicky)

Tragué saliva y manteniendo mi posición apoyé la cabeza en la almohada, cerré los ojos, no quería saber quien hacía qué, quería sentir imaginar e intentar adivinar de quien era la respiración que me soplara, la mano que me acariciara, el cuerpo que me rozara, la polla que me follara....

Creo conocer bien las maneras de Tino, también su tacto y olor, pero con los ojos cerrados y con Jesús, mi imaginación seguro que hallaría dudas, dudas que desde ya mismo estaban haciendo fluir mis mieles.

Húmeda y expectante, lo primero que noto es el roce del cabello, de una de las cabezas de aquellos dos hombres en la cara interna de mi muslo derecho.


No entendí... esa cabeza debió de acomodarse un almohadón debajo, porque el suave tacto del pelo reptó hacia arriba.. y es entonces cuando una boca aprisionó mi clítoris succionándo suavemente y manteniendo la posición el tiempo necesario para que yo pensara "claro, está colocado a la inversa de como yo creía"...

...y latigazo de excitación...
Si se trata de Tino, Jesús estará como una moto y no tardará en follarme con su polla,
y si se trata de Jesús... , cualquier cosa me espero de mi Tino...

Fue mi último pensamiento, ya que a partir de ahí me nublé en un disfrute excesivo, como excesiva era la idea de compartir juegos sexuales.

La lengua comenzó a lamer mi sexo, parsimoniosa, como si de una precisa maquinaria que no sale de su ritmo se tratara...


Mi sexo iba a explotar cuando noté certero en mi ano lo que debía ser la saliva ¿de Jesús? ¿o de Tino?
¡Dios santo! seguida de un lengüetazo que no contento con saborearme procuró introducirse al máximo en mi cuerpo al tiempo que una mano asía mi pecho izquierdo y me lo manoseaba haciendo que mis pezones, ambos le señalaran que estaba en el buen camino.
La cabeza que tenía entre mis piernas fue reptando hacia arriba, yo seguía con los ojos cerrados, no quería saber y llegó a la altura de mi boca, besos lascivos al tiempo que de un empellón introdujo toda su polla en mi abultado coño.


Comenzó a moverse penetrándome sin que yo le correspondiera en los movimientos, ya que estaba atendiendo también el cambio que se había producido en mi espalda.

Dos dedos eran, los que sustituyendo a la lengua iban penetrándome cada vez que la polla que me follaba echaba para atrás.
No había sentido algo igual: no tenía que ver con juguetes ni con las artes anteriormente experimentadas. Si bien es verdad que Tino era capaz de atender varios frentes al tiempo, el hecho de saberme entre dos hombres me producía un éxtasis indescriptible, algo mental...

Ignoraba quién era quién, quería una segunda polla en mi culo... y la quería ya.

Seguía con los ojos cerrados, tan excitada, queriendo más, volando mi imaginación al tiempo que mi cuerpo. Lo que no podía saber que hace ya un rato, la puerta se había abierto de nuevo, y en la habitación en ese momento éramos cuatro...
... y la polla de Tino estaba a buen recaudo entre las cuerdas vocales de Icíar.

18/5/18

Vamos a divertirnos... (7/9)

(viene de aquí; escribe Jesús)

Icíar propuso que fuésemos los chicos los que recibiésemos el protector solar, para lo que debíamos  tumbarnos... boca arriba.
Para incrementar el morbo, Vicky entró en la casa a buscar un par de corbatas de Tino, con la intención de vendarnos los ojos, de forma que no supiésemos quién nos iba a "tocar"... aunque era más que obvio y predecible lo que iba a pasar. Así que, privado del sentido de la vista, noté como  "alguien" me aplicaba la protección solar en el pecho... Quien fuera que fuese, esparcía suavemente el mejunje, dejando caer sus manos hasta mis trabajados abdominales, acariciando mis marcados oblícuos (ya me gustaría que estuviesen "marcados", jajaja) y hasta aventurándose por debajo de mi aún empapado bañador.

Ni qué decir tiene que me estaba volviendo a poner "palote" (joder, dos veces en menos de 10 minutos). Y justo cuando empezaba a sentir que aquello iba a ir a más allí mismo, sin mediar palabra ni permiso, "alguien" me cogió por la mano con la intención de llevarme adentro de la casa. Al levantarme, "me se calló" la corbata, por lo que por fin pude confirmar la autoría de las caricias. Miré a Icíar... que me respondió con un guiño de aprobación. Miré también a Jesús... y éste asintió con un discreto gesto a la vez que me pronunciaba un enigmático "azúcar" que sólo él y yo entendimos.   

Y así, sin más, Vicky me condujo hacia el dormitorio de invitados.
Cuando llegamos a los pies de la cama, Vicky se detuvo... y aprovechó la ocasión para explorar otra vez bajo mi bañador... Y viendo que todo el monte era orégano, decidí meter mi mano bajo su bikini para poner en su punto su humedecido género.
Vicky puso fin a los prolegómenos sentándose en la cama. Sin dejar de mirarme, comenzó a reptar sobre ella, de espaldas, apoyándose en los codos. Cuando su cabeza rozó la almohada, levantó las caderas y se quitó la parte de abajo del bikini...

Debo decir que, a pesar de ser hombre (y es por todos conocido que los hombre no sienten ni padecen y sólo piensan en follar), noté en ese excitante momento una mezcla de morbo y excitación: una casa extraña, un dormitorio que no era el nuestro, una mujer de bandera que estaba separando sus rodillas, abriéndolas de par en par, como clara invitación a un inminente placer prohibido.

Y en el preciso momento en el que estaba ya dispuesto a liarme la manta a la cabeza e iniciar el polvo clandestino, la puerta de la habitación se abrió... Era Tino...

Tino miró a Vicky, indicándole, con el sutil gesto de su dedo índice dibujando un círculo, que se diese la vuelta.... Vicky respondió con una pícara sonrisa y obedeció. Ahora Tino me miró a mi... Lo miré.... Me volvió a mirar... Arquée las cejas, dubitativo, esperando órdenes. Y al fin, bajó su bañador... permitiendo que su polla asomase con insolente esplendor...
Y así, sin más preámbulos, nos anunció: vamos a divertirnos...   

5/5/18

Con tacto deseado... (6/9)

(viene de aquí; escribe Icíar)

Los mojitos estaban refrescantes, y muy deliciosos... Supuse que había sido mérito de Tino, pero para mi sorpresa, éste lo compartió con Jesús. Vaya... qué rápido aprendió mi chico.

Como el calor era intenso, apuramos de un sorbo el cóctel caribeño y nos zambullimos en el agua... 

Vicky se subió a una colchoneta y empezó a tontear con Tino... primero besándolo, para después mordisquearle en los hombros, y acabar ambos metiéndose mano ostensiblemente.
Jesús y yo, viendo que nuestros anfitriones querían caldear el ambiente, no nos quisimos quedar a la zaga: rauda y veloz, me encaramé sobre él, abriendo las piernas y sujetándome en su cuello. 

El roce de mi braguita y su bañador le provocó una leve erección, que no pasó desapercibida a Vicky, que me sugirió que siguiese frotándolo hasta que saliese el "genio de la lámpara"...  y froté, y me froté hasta conseguir que por encima del bañador de Jesús asomase un "genio" lleno de deseos.

Como la inopinada tiesura le estaba incomodando un poco, Jesús decidió salir de la piscina con la excusa de preparar más mojitos y, de paso, ocultar su descarada erección.

Tino, al quite, salió del agua para ayudar a Jesús en la preparación de las bebidas. Así que Vicky y yo, sin juguetes con los que jugar, y sin genios que frotar, decidimos salir también y echarnos en las tumbonas boca abajo. Y estábamos tan a gusto, que al poco nos quedamos dormidas.

Al poco, llegaron los chicos. Fue una suerte que se acordasen de extender sobre nuestras húmedas espaldas el protector solar. Con la dulce modorra provocada por los mojitos, no pude ni abrir los ojos... ni moverme, así que me dejé llevar. Jesús me desabrochó el bikini, y me masajeó suavemente la espalda... Después, introdujo sus pulgares entre mis nalgas, haciendo desaparecer la tira de la braguita entre ellas, dejándolas al descubierto. Aplicó un generoso chorro de protector, y comenzó a extenderlo... Instintivamente, separé un poco las piernas, lo que aprovechó para aplicar protección también entre mis muslos. Quizás por el ambiente distendido, los disulutos dedos de Jesús comenzaron a subir, aguas arriba, hasta mi sexo, rozando sus pliegues, y acariciando sus labios...  Se estaba pasando tres pueblos... pero me gustaba... vaya si me gustaba... Preferí no mirar... Moví levemente mis caderas como clara invitación a que sus dedos penetrasen, de una puta vez, mi ya muy humedecido coño... 
Por un momento dudé si pedirle que parase... pero al escuchar que a Vicky se le escapaba un leve gemidito, que supuse provocado por Tino, pensé en devolverle la gracia del "genio de la lámpara".  Así que me incorporé, girándome hacia ella, y...  cuál sería mi sorpresa cuando vi que el que le estaba aplicando el protector era Jesús.... y, por tanto, quién me había sobado era Tino...

Tras la "confusión", nos reímos a carcajada limpia los cuatro... y seguimos jugando...

29/4/18

Pacto entre caballeros... (5/9)

(viene de aquí; escribe Tino...)

Después de las emociones de la comida, y para que no decayese el ambiente, propuse un cambio de tercio: piscina, música... y mojitos. Y para preparar estos últimos, requerí a Jesús que me acompañase, mientras las chicas se cambiaban...

Jesús no me parecía un mal tío... pero quería estar seguro de que estábamos alineados en el asunto que nos había reunido. Para ganar su confianza, y dado que, según confesó, no era lo que se dice un virtuoso de los cócteles, decidí desemborricarle proporcionándole algunos detalles de mi receta para un auténtico mojito cubano al estilo Bodeguita del Medio.

Lo primero, poner en un vaso, alto y de boca ancha, azúcar... dos cucharaditas, blanco y moreno, a partes iguales. Después, sobre el azúcar, lima troceada, exprimida con la ayuda de un mortero. Un chorrito de sifón... y mezclar. Después, una ramita de hierbabuena, entera, con el tallo; removerla con fuerza, pero sin triturarla, para sacarle todo su aroma. Y ya por último, el ron, blanco; Havana Club si es posible. Un poco de hielo, en cubitos, nunca picado, la pajita, una ramita de hierbabuena, una rodaja de lima... y ya está...

Jesús prestaba mucha atención a todas mis indicaciones, así que le invité a que preparase uno. Y mientras lo hacía, aproveché la circunstancia para dejarle claras algunas cosas:

- No me andaré con rodeos: si sigues mis instrucciones, no habrá problemas, y los mojitos, y me refiero tanto a estos, como a los "otros" que pudieran surgir, sabrán muy bien; a hierbabuena. Si te pedimos más azúcar, serás dulce, pero no empalagoso... si quisiéramos más ron, lo destilarás con todo tu calor... y si fuese hielo, te apartarás y te retirarás, sin más... ¿entendido?

- Sí, claro... -balbuceó, algo sorprendido, Jesús. Azúcar, ron, hielo y hierbabuena... a vuestro gusto. Por cierto, si se diese el caso, también os pediremos lo mismo, ¿de acuerdo?

- Por supuesto... Va a ser un placer hacer "mojitos" contigo - le respondí a la vez que le estrechaba efusivamente la mano.  

Y cuando habíamos cerrado nuestro pacto entre caballeros, Vicky reclamó nuestra atención desde el jardín:

- Chicos, ¿vais a tardar muuucho? Es que hace mucho calooor...

- Ya vamos, cariñooo - repliqué tratanado de imitar la musicalidad del tono de Vicky.

Antes de sacar la bandeja con los mojitos para aplacar la sed de nuestras preciosas chicas, apremié a Jesús a cambiarnos la ropa y ponernos los bañadores... Y ya que nos íbamos a cambiar, le pregunté que qué le parecería si...
(continuará...)

16/4/18

Vicky, Icíar... Miraflores (4/9)

(viene de aquí; sigue escribiendo Vicky)
 
Tras varios intentos, al fin pudimos quedar con Icíar y Jesús con la excusa de jugar un partido de tenis, tras el que les invitaríamos a comer en nuestra casa. 



Nos citamos directamente en el Club de Tenis de Miraflores. Tino y Jesús congeniaron inmediatamente, lo que allanaba el camino para nuestros planes. Para incentivar el morbo, decidimos jugar el partido intercambiando parejas: Icíar y Tino en un lado, Jesús y yo en el otro.

Lo cierto es que nuestro nivel era infinitamente superior al de ellos, por lo que de forma natural surgió un muy buen rollo y complicidad entre nosotros. Así, cuando servía Jesús y yo me ponía delante, en la red, agachada, éste me piropeaba diciendo que mi corta faldita no le dejaba concentrarse... o cuando conseguía un punto con mi revés a dos manos, me daba un azotito de aprobación en el culo... nada inocente.

Decidimos no hacer sangre en el otro bando. Tino e Icíar hacían lo que podían, aunque también se divertían: mi chico ayudaba a Icíar a mejorar algunos golpes, poniéndose detrás de ella, sujetándola por la muñeca y rozándola, con descaro, en sus (imagino) duros y torneados glúteos...  La verdad es que me costó un poco aceptar el mamoneo que se traían los dos, pero llegados hasta este punto, lo mejor era no rayarse y seguir adelante.

Tras ducharnos y cambiarnos, cogimos los coches y nos dirigimos a casa.

Habiendo sido educadas en un rancio heteropatriarcado machirulo, Icíar y yo acordamos la distribución de tareas a la manera clásica: los chicos se encargarían de la barbacoa, en el jardín, y nosotras, de preparar la mesa, las ensaladas y los postres. Aproveché que estaba a solas con Iciar para interesarme por sus impresiones. Asintiendo con la cabeza, me indicó que Jesús estaba encantado con nosotros... y que yo le había parecido muy atractiva, lo cuál provocó que me ruborizase y empapase a partes iguales.

Y ya que estábamos con confidencias, le pregunté:
- oye... y... tú... eh.. a ti... ¿no te importa que Jesús lo haga con otra mujer?
- Pues claro... aunque me preocupa más que lo haga con un chico, jajaja.
Icíar siempre tenía respuestas para todo... Sonreí cómplicemente con ella, convencida, en aquel momento, de que se trataba de una gracia...

- Por cierto, Vicky... tu chico está estupendo.
- Tino también piensa lo mismo de ti -repliqué sin meditar mucho la respuesta, tratando de corresponder a su "cortesía", y mintiendo, pues Tino y yo no habíamos comentado nada al respecto.

De pronto, empecé a pensar en que Icíar, con la que estaba hablando tan confiadamente, iba a tirarse a mi chico, lo cual secó bruscamente mi antes húmeda excitación y despertó en mi una extraña sensación de desasosiego, que ella detectó al instante.
- No te preocupes, Vicky, que no te lo voy a robar. Además, lo que pase en Miraflores, se quedará en Miraflores, ¿vale?

Tino, con un estentóreo y desafinado: ¡chicas, ya está la barbacoa, la barbacoa!, puso fin a nuestra conversación.

La comida estaba estupenda... y el vino que trajo Icíar, delicioso... Y entre el calor, el regustillo de la carne y la alegría del alcohol, nos desinhibimos un poco... lo que provocó que las conversaciones fuesen subiendo de temperatura...

Y en una de ellas, la descarada Icíar va y me pregunta por el consolador de vidrio templado... Casi me atraganto con el vino. 
- Pues... no sé... bien... ¿no?
- Y a ti, Tino, ¿te gusta? 
- No lo he probado... aún, jaja -respondió con su típica socarronería. Por cierto, Icíar, y te pregunto como experta en la materia, ¿cuál es tu juguete favorito?
- Pues tengo uno que le encanta a Jesús, ¿verdad, cariño?... -replicó con malicia Icíar, a la vez que Jesús daba un casi imperceptible respingo en la silla. Aunque últimamente, con lo que juego mucho es con la lengua.
- ¿Cómo? -preguntó Tino, confundido al no entender el juego de palabras.
Pero Icíar entendió ese "cómo" como un adverbio conjuntivo de modo.
- Mira, así... 
Icíar miró a Jesús, y éste mojó uno de sus dedos en la copa de vino y lo extendió hacia adelante... E Icíar, para nuestra sorpresa, comenzó a chupárselo...

- Ya veo, ya veo... - comentó Tino mientras hacía un gesto de aprobación asintiendo con la cabeza.

Icíar, me miró... y, con un cierto aire retador, me preguntó:
- ¿Quieres probar tú?

Icíar se había vuelto loca... y yo estaba algo confundida y muy turbada. Miré a Tino, pretendiendo que se involucrase en el juego, pero el ladeo de su cabeza era una clara señal de que rehusaba mi envite. Miré a Icíar, y me llevó con su mirada hacia Jesús. Miré a Jesús, y éste volvió a empapar su dedo en vino... Volví a mirar a Tino... y, con su habitual discreción, arqueó levemente las cejas a la vez que encogía los hombros. Vamos, que la decisión dependía de mi.

Y como habíamos venido a jugar,  me levanté, me incliné sobre la mesa, y comencé a lamerle... el dedo... 


Y lo hice con tanto empeño y entrega, que Icíar, viéndose superada en la osadía, tuvo que pedirme que parase.

Después de mi frivolité, Tino se levantó de la mesa con el aparente propósito de recoger los platos del postre... Yo también me levanté, con la excusa de ayudarle, aunque lo que quería era saber cómo estaba. Icíar y Jesús se ofrecieron también a recoger, pero les recordé que eran nuestros invitados, por lo que no debían preocuparse de nada. Ya en la cocina, a solas con Tino, le solté un ¿qué tal?,  para sondearle. Para mi alivio, no estaba enfadado ni molesto. Al contrario. Le había excitado muchísimo verme haciendo una felación, aunque se tratase de una simulación en diferido sin finiquito. Mmm... mi Tino es un encanto. Así que lo abracé y le besé en la boca, mientras mi lengua jugaba tentando a la suya.

Volvimos al salón, muy sonrientes. Tino pinchó una selección de música chillout y nos preguntó si nos apetecía tomar unos refrescantes mojitos en la piscina, propuesta que se aprobó por aclamación. Y mientras los preparaba, aprovechamos el impasse para cambiarnos y ponernos los bikinis y bañadores...

6/3/18

Moldeando mi fantasía... (3/9)

(viene de aquí; escribe Vicky)

Lunes, 22 h. Estaba ya en camisón, recién bañada, dispuesta a ver una peli. Tino tenía una cena de Navidad con los del trabajo y me había hecho con la mantita en el sofá para esperarle...

Suena el móvil.

-¿Sí?

- Hola Vicky, soy Iciar. Quería preguntarte cómo tenéis este sábado… un pez gordo ha picado el anzuelo...

- Pero, ¿qué me dices?, no sólo se me aceleró el pulso, también sentí un latigazo en el bajo vientre. ¿Muy gordo?.

- Sí... ya verás... te van a encantar.

- No sabes cuánto me apetece... Estamos libres sí... ¿qué será cena en tu casa? Ichi, pero dime… ¿quiénes son? ¿Los conozco?

- Son unos amigos... gente vainilla... sin experiencia. Ella un poco más curiosa y lanzada, y él... es un buen chico... un poco cortado...

- Oh, entonces, quizás no se atrevan, o no les guste...  

- No te preocupes por eso, Vicky.  A lo largo de la cena sondearé con cuidado el terreno y, si son receptivos, en los postres os propondré participar en un juego...

- Cuéntame, cuéntame... - inquirí con malsana impaciencia. 

- Es una sorpresa. Sólo te puedo decir que será diferente al que os propuse cuando os iniciamos a vosotros. Seguro que vamos a disfrutar de lo lindo... ¡ah! y no te toques, ¿eh? -dijo con una voz de lo más burlona. ¡Chao!

- Hasta el sábado, ¡chao!


Colgué el móvil con la mano izquierda mientras la derecha descubría bajo el camisón que aquel latigazo había engrasado abundantemente mi sexo.
Vamos a hacer esto bien, pensé.

Me puse en pie como un resorte y corrí hacia la habitación. Abrí el tercer cajón del sifonier isabelino que heredé de mi tía y, desoyendo las indicaciones de Icíar, saqué de su elegante caja mi juguetito favorito: un bonito consolador de vidrio templado que hace un tiempo ella misma me recomendó adquirir.
Regresé rauda al sofá, coloqué el consolador sobre la mesa del salón, me desnudé y comencé a acariciarme: mi mano derecha se abría paso entre los labios de mi sexo, y la izquierda ponía a prueba la dureza de mis pezones.
Poco a poco, fui incrementando la cadencia e intensidad de las caricias hasta llegar a mi punto de ebullición, en el que no me quedó otra que meter de una vez tres dedos en mi coño mientras mi pulgar acariciaba y presionaba frenéticamente mi clítoris. Mi mano estaba empapada por el flujo, que rebosaba abundantemente por los pliegues de mi sexo.
Con la maestría propia de la experiencia, cogí el consolador de la mesa, mientras mi otra mano engrasaba la zona de mi culito para procurar la entrada de lo que en mi mente ya dibujaba como la segunda polla del desconocido del que Iciar acababa de hablarme. Dos dedos esta vez penetraban mi sexo, mientras el frío vidrio, bien dirigido por mi otra mano, buscaba ávidamente la entrada en mi ano. Con gran vehemencia, hundí el dildo en sus profundidades, provocándome un gran fogonazo de placer, al que sucedió una serie de cada vez más intensos orgasmos cuando alterné la entrada de los dedos en el coño, con la salida del consolador del ano... todo ello, sin desantender a mi inflamado clítoris. Gemí, imaginé, vibré con inusitada violencia, y me corrí retorciéndome de placer en el sofá...

La perspectiva del sábado me había puesto a mil.

Perdí el comienzo de la película habida cuenta del cuarto de hora que, como mínimo, había transcurrido, así que decidí ir a mi habitación a leer...

"Ven presto Tino, vuela Tino, que te voy a dar lo tuyo y lo del vecino". Mi mente tarareaba esta broma que tenía con mi hombre y que era lo que él mismo gritaba cuando estaba juguetón. Pero para cuando él regresó, ya estaba dormida...  más que placenteramente.
__________________________

¿Quién me lo iba a decir a mi? A mi, una mujer tradicional, familiar, deportista, trabajadora, equilibrada en todos los aspectos de la vida... menos en el sexo. En el sexo, no sé si rayaba la enfermedad, o era la edad, o qué, pero las fantasías que continuamente imaginaba me desbordaban en cualquier lugar y momento. Por suerte, pude encontrar a Tino, mi pareja... siempre muy atento y dispuesto. Y fue hace justamente cuatro años cuando me propuso dejar atrás inhibiciones y tabúes para ampliar horizontes sexuales y desarrollar mis fantasías hasta límites insospechados.

Y una de esas fantasías era tener sexo con un desconocido...

- ¿Un desconocido?, preguntó algo extrañado Tino...

- Sí... un desconocido... un completo desconocido que se acerque a mi, lentamente, por la espalda...


Un desconocido que profane mi cuerpo, recorriéndolo con sus manos... sobándome lascivamente sin que yo oponga la más mínima resistencia...


... y es que me genera mucha excitación notar cómo el deseo de poseer mi cuerpo es capaz de desatar su ímpetu, de provocar su codicia...


Y es que me vuelve loca sentir el morbo de que me conduzca hacia el abismo de los placeres prohibidos...

Quiero usar a ese desconocido como si fuese una herramienta sin más pretensión que proporcionarme placer..Para mi sería un simple consolador que me penetra con furia...

... y que cuando termine su faena, derrame su semen caliente y espeso sobre mi piel...


- Ufff... para, para... me requirió Tino visiblemente excitado.

Pobre Tino, pensé... Me sentí como una niña mala, confesándole mis travesuras, quizás haciéndole daño. Sin embargo, tras una intensa pausa, alivié mi culpabilidad cuando puso fin al silencio preguntándome:

- ¿Y te gustaría que te contemplase mientras se la chupas?
Una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo desde mi sexo, súbitamente humedecido, hasta el estómago.

- Uff... eso me pondría supercachonda, le comenté.

Anticipándome a su siguiente propuesta, le pregunté:

- Y a ti, ¿te gustaría verme mientras me folla otro hombre?

Tino se mantuvo en silencio unos segundos, mirándome fíjamente.

- Pues no lo sé... supongo que sentiré algo parecido a lo que sentirías tú si me vieses follando con otra mujer... y esto no sé si te gustaría.


Vaya... pensar en Tino follando con otra mujer no me gustó lo que se dice mucho... y mi excitación se desplomó de 100 a 0 en un segundo. Pero Tino continuó su argumentación:

- ... aunque contemplarte mientras tú disfrutas seguro que me excita muchísimo...

- ¿Y tú? ¿Qué harías mientras?

- Sentarme... servirme una copa... 

...masturbarme...


... y, si me lo permites, unirme a tu fiesta...

Su respuesta que volvió a ponerme a 100 en un segundo.

- ¿Me estás sugiriendo que probemos un trío? - pregunté con inusitada curiosidad.

- Sería una opción muy interesante... - respondió Tino con un tono enigmáticamente incitante.

¡Un trío! No entraba en mis planes, de hecho y, en todo caso, tendría que ser con dos hombres, porque el sexo femenino no me despertaba absolutamente la líbido. Tras largas y tendidas conversaciones con Tino, llegamos a la conclusión de que la mejor forma de empezar sería probar a compartir sexo con otra pareja, acordando que ni ella me tocaría, ni viceversa. Tampoco quería yo nadie demasiado versado en estas lides para poder estar cómoda. Lo ideal sería una pareja que, como nosotros, quisiera iniciarse en algo parecido… Tino estaba convencido de que no resultaría difícil encontar a alguien dispuesto a ello. Y así, acordamos que, sin prisa ninguna, estaríamos alerta para encontrar y conocer a quienes pudieran acompañarnos en nuestra aventura… Estábamos a la caza de una pareja abierta, elegante y curiosa… Y pensando, pensando en posibles compañeros de aventura, recordé a Icíar.

La conocí en una divertida merienda a la que nos invitó una amiga común del gimnasio. Cuando llegamos, allí estaba ella, elegante y escultural, tratando de explicarnos las últimas novedades en artículos y lencería erótica.

Describía con gran naturalidad todos los juguetes y artilugios que traía en un maletín de Loewe que no parecía tener más que doble fondo: y eso ¿por dónde se mete?... ¿Que ese gel te hace tener un orgasmo en tres minutos? Esto hay que probarlo… Todo eran ocurrencias, a las que Icíar, pacientemente, daba cumplida respuesta.

Reíamos sin parar. Yo no podía con las explicaciones de Icíar: ¡qué cosa más divertida!.

Quien más y quien menos compró que si esposas, geles, dildos, plugs... Yo me interesé por un consolador de vidrio templado, muy elegante y bonito... aunque algo caro. Tenía algunas dudas sobre su compra, ya que, al no tener vibrador, podía resultar aburrido y acabar defraudándome. Icíar replicó amablemente a mis objeciones y me explicó que era ideal para simular una doble penetración y que jugando con la temperatura podría multiplicar el placer. Mi entendimiento solo escuchó, alto y claro: "doble penetración", así que aproveché un momento en el que todas estaban hablando, para llevarme a Icíar al salón y preguntarle por más detalles al respecto. He de reconocer en Icíar su capacidad para tratar asuntos delicados, ya que no sólo comprendió perfectamente mis dudas y temores... sino que me proporcionó una serie de pautas muy útiles para experimentarlo y dominarlo en los planos emocional (sin juguete, ¿podía ser eso una proposición?) y sexual.

Y dado que en la "educativa" merienda, nos intercambiamos teléfonos... y ahora volvía a necesitarla, me lancé y la llamé para explicarle nuestra nueva fantasía, pedirle su ayuda... y su participación... y la de su pareja...
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