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30/12/17

En casa de los anfitriones...

(viene de aquí; escribe Davicín...)

Me senté desnudo a los pies de la cama y esperé pacientemente a que Gema acabase de ducharse. Tanto a ella como a mi nos hacía ilusión tener ocasión de reencontrarnos con Jesús e Icíar. Había buena química entre nosotros y la etiqueta requerida para la cena no dejaba de ser divertida, ¿hacía cuánto que no nos vestíamos de gala?

Pasados 15 minutos, ¿o quizás fue una hora?, Gema salió del baño envuelta en una espesa y densa neblina. Enfundada en una toalla blanca, se acercó a mi. Alcé mis ojos; la piel de sus hombros estaba aún empapada. De pronto, y sin mediar provocación ni motivo alguno, dejó caer la toalla al suelo...
Quizás fue la visión de la suave curvatura de su vientre... o la sorprendentemente exigua sombra de vello que adornaba su pubis (¿para qué se habrá depilado?), o la insolente dureza de sus erizados pezones... o la picardía de su mirada traviesa... o la combinación de todas estas señales la que me provocó una instantánea, súbita y equina erección...

Gema advirtió complacida el progresivo endurecimiento de mi polla... Se sentó en el borde de la cama y empezó a acariciarla con el empeine de su aún húmedo pie... Sus osadas caricias, que comenzaban su andadura en mis testículos para terminar en el extremo rosado de mi palpitante verga, estimulaban peligrosamente mis casi olvidados deseos más oscuros...
Gema se arrodilló en el suelo... Yo separé las piernas y cerré los ojos, predisponiéndome a lo que imaginaba una inminente felación... Después de tanto tiempo de inactividad y aburrimiento, por fin llegaba mi hora... Así que contuve la respiración y eché la cabeza hacia atrás... Pero, de pronto, sus lúbricas caricias mudaron en castigo, poniendo un repentino y cruel final a mi ardor al propinar un sonoro manotazo a mi enhiesto miembro., al que reprendió, sin mostrar la más mínima compasión por el correctivo impuesto, con un enigmático: "tendrás que esperar... Davicín... hoy no es tu turno..."

Alivié mi dolor y mi reprimida excitación en la ducha. Cuando terminé, Gema ya no estaba en la habitación. Había aprovechado mi ausencia para extender sobre la cama un Armani del que me encapriché hace años, una camisa blanca de botones plateados y unos gemelos a juego. Y al lado, una corbata en tonos azules que colocó disponiéndola en forma de un corazón...



Escuché los tacones de Gema por el pasillo, al tiempo que decía:

- Cariño, podemos irnos cuando quieras; yo ya estoy.

Miré hacia la puerta, por donde, al poco, apareció...  y ¡cómo estaba!... Estaba preciosa: pelo ligeramente recogido; un vestido azul eléctrico de corte imperio que disimulaba sus curvas destacando su generoso busto con un escote en U; zapatos de tacón negros con pulsera al tobillo que le modelaban unas bonitas piernas hasta el largo de la vaporosa falda; bolso de mano a juego; su sonrisa, perfectamente perfilada; y el brillo de sus ojos... mmm. Todo perfectamente elegido para volverme loco...

Tras unos segundos de conmoción, pude cerrar la boca. Y tragando a duras penas la saliva que se había acumulado en mi cavidad bucal, conseguí articular palabra:

- Estás absolutamente deslumbrante, querida. Hoy no te libras..  

Deseo, más que predicción, a la que ella, sonriendo pícaramente, respondió:

- Pues tú también estás para que te hagan un favor… jajaja 

Reímos, cogimos el vino, mandamos los correspondientes mensajes a los chicos, que estratégicamente habían sido "colocados" en casa de unos amigos, y bajamos al garaje para tomar el coche. Aunque la casa de Icíar y Jesús no estaba muy lejos, conduje todo lo despacio que se podía para hundir mi mano entre sus muslos y regocijarme con las vistas a su espectacular escote...
Ding dong...

Nos recibió Jesús en el porche, y su sonrisa se explayó al instante:

-¡Qué puntuales!.

Abrazó a Gema y luego a mi, para dirigir de nuevo rauda su mirada a Gema dándose tiempo para contemplarla entera de arriba abajo:

- Estás absolutamente... espectacular, comentó mientras la cogía de ambas manos.

Ella sonrió, 

- ¡Qué cumplidor!

- Que no es cumplido, estás preciosa de verdad.

- Tú también estás muy guapo, dije yo, para hacerme notar y poner fin a tanto empalago.

- Y tú, Davicín... me devolvió, en símil tenístico, desde el fondo de la pista.

Tras reir los tres...  apareció Icíar con un vestido camisero de seda roja y manga francesa muy elegante, y con un fino cinturón que dejaba a la intuición todo el esplendor de su feminidad:

- ¡Qué barbaridad!, qué guapísima estásIchi,  le dijo Gema.

Nos besamos y abrazamos... y nos invitó a entrar. Su casa era espectacular: volúmenes rotundos, líneas rectas y sencillez de formas, fachada en Corian y vidrio; fue diseñada por el estudio A-cero, y había aparecido en varias portadas de revistas de decoración. Entramos en el salón, amplio... luminoso... con mobiliario minimalista en vidrio, madera lacada y mármol travertino. A la derecha, una escalera volada apoyada en un muro de agua. A la izquierda, muy al fondo, una chimenea y un enorme sofá en chenilla gris que le daba un toque hogareño y acogedor a tan excesiva modernidad. De frente, un enorme ventanal retráctil de paneles japoneses que daba paso a una piscina blanca, de lámina de agua de color turquesa.

Jesús tomó del brazo a Gema y comenzó a explicarle todos los detalles ocultos en tan vanguardista interior. Con la disculpa de que mostrarle noséquécosa del reflejo del Sol en el solsticio de verano, la condujo hacia las escaleras, sujetándola por la cintura. Bien pensado, Jesús desbordaba cortesía y amabilidad con Gema... quizás hasta con cierto amaneramiento. Pero como soy bastante mal pensado, supuse que su verdadera intención era regodearse con el espectáculo de sus curvilíneas y oscilantes nalgas e imaginarla desnuda subiendo las escaleras. Qué cabrón soy...
Mientras ambos estaban en la parte de arriba del salón, Icíar y yo nos servimos vino y nos sentamos en el sofá. El vestido de Iciar se acortó sensiblemente al sentarse a mi lado, y no pude quitar la vista de esas piernas perfectas, esculturales y, para ser invierno, extrañamente bronceadas. 
Comenzamos a charlar animadamente sobre los viejos tiempos... Icíar reforzaba su conversación tocándome y agarrándome el brazo... lo cual me complacía maliciosamente. Llegó a tal extremo su efusividad, que en uno de los “¿te acuerdas?”,  plantó su palma en mi muslo al dar énfasis a una anécdota. Un relámpago recorrió mi cuerpo al notar su mano en tan erógena zona. Tras el fogonazo erótico, sonó de nuevo el timbre... Jesús bajó rápidamente y acompañó a Icíar a la puerta... y yo recuperé a Gema.

Eran Vicky y Tino, los amigos con que completábamos el encuentro.

Tino era un tipo grandón, cara simpática y risueño; quizás algo mayor para ella. Vicky era alta, morena, con una sonrisa cautivadora. Iba con un vestido de tubo granate muy armado, escote halter que dejaba ver sus hombros... En su cuello, un colgante de perlas adornado con un candado de oro con forma de corazón.

Cuando entraron al salón, Vicky pasó justo delante de mí...  y pude observar su espalda al descubierto. El vestido la enmarcaba en una escote trasero de provocadora abertura infinita que llegaba a mostrar el perturbador inicio sus nalgas, y que no se abría más gracias a la presencia de una tintineante cadenita plateada. Quizás fuese mi calenturienta imaginación, pero me dio la impresión de que se contoneaba ante mi al caminar, lo cuál provocó que no pudiera quitarme de la cabeza esa imagen durante toda la velada.
Y entre contoneo y contoneo, Gema me ofreció otra copa de vino (¿cuántas van?). Para apartar las tentaciones ajenas. miré su escote y a sus voluptuosas tetas. Apuré la copa de un trago, y nos sentamos a la mesa.

29/12/17

La invitación...

David y Jesús se conocieron al poco de terminar la carrera, a través de un compañero de promoción que estaba organizando un torneo de pádel en la empresa. Aunque la mayoría de las veces no jugaban en el mismo bando, fuiron forjando una cierta amistad, entreverada de golpes de pala, tragos de caña e intrascendentes conversaciones varoniles. Poco a poco, acabaron congeniando y ganando confianza. Y así, un día quedaron para comer y conocer a sus respectivas parejas... 

Casualmente, Icíar y Gema ya se conocían, puesto que habían estudiado juntas en el Liceo Francés. Fue una suerte que hubiese sintonía por todas partes...  Llegaron incluso a ir juntos de vacaciones a Cerdeña... donde pasaron unos días espectaculares... y en donde surgió mucha complicidad y buen rollo entre los cuatro.  

Si bien Icíar y Jesús decidieron no tener hijos, Gema y Davicín (como él prefería que le llamasen) optaron por cumplir con la patria y tener descendencia. Y con la llegada de los niños, también llegó la escasez, por no decir ausencia, de tiempo para los asuntos propios... Fue obligado para ellos prescindir de ciertas actividades accesorias, como el pádel, para que concentrarse en sacar adelante a tres churumbeles tempraneros (96, 98 y 2000), voraces e inquietos... Lamentablemente, con todas las energías dedicadas a la prole, Gema y Davicín perdieron el contacto con Icíar y Jesús... y casi también entre ellos. Y es que tienen razón los que dicen que los hijos unen el matrimonio y separan la pareja... Y aunque en el caso de Gema y Davicín no fue una separación irreversible, lo cierto es que la monotonía, el aburrimiento y la escasez de apetitos sexuales hicieron algo de mella en su relación...

Pero el tiempo pasa... y esta vez conspiró para el reencuentro.

Coincidieron hace unos días, en el centro comercial, mientras hacían las primeras compras para Navidad... 

- ¿Jesús? -  preguntó Davicín, titubeante.
- Hombre, ¡Davicín!... ¡cuánto tiempo! - le respondió mientras estrechaba vigorosamente su mano y lo abrazaba efusivamente.

Sin solución de continuidad, Jesús besó a Gema, piropeándola con un "como siempre, estás maravillosa", ante lo cual, Davicín procedío a besar a Icíar regalándole un "qué suerte tienen algunos", mientras miraba cómplicemente a Jesús.

La verdad es que Icíar y Jesús estaban estupendos. Claro... al no tener hijos y disponer de un alto poder adquisitivo, podían dedicar tiempo, recursos y dinero a mantenerse en una envidiable forma, así como a disimular los primeros signos de envejecimiento que padecen todos los que rondan los cuarentaitantos...

Tras terminar la ronda de besos y abrazos, entraron en un café para charlar y ponerse al día. Entre conversación y conversación, para Davicín no pasaron inadvertidos los cruces de miradas cómplices entre Jesús y Gema. Para él era evidente que entre ellos había cierta química... y, aunque nunca quiso saber qué hicieron durante las horas en las que estuvieron ilocalizables en su última noche de vacaciones en Cagliari, sospechaba que hubo algo entre ellos. Bah... qué más da -pensaba- ojos que no ven, corazón que no siente.
En muy poco tiempo, la conversación general se dividió en dos: Jesús y Davicín comenzaron una insulsa tertulia deportiva, e Icíar y Gema empezaron a conversar sobre el excelente aspecto de la primera, conseguido a golpe de sesiones de crossfit y BodyPump, y sobre la triple maternidad y sus consecuencias sobre la silueta de esta última; también hablaron sobre sus respectivas casas, sobre los trabajos, las futuras vacaciones... y, ya entre cuchicheos y risitas, sobre sus respectivas parejas... y algunas tentaciones y pecados inconfesables de Icíar con su personal trainer. Icíar, al notar que la vida de Gema, especialmente la sexual, estaba inmersa en monotonía y tedio, le propuso discretamente que buscase un día entre semana para dejar los chicos con David y así poder asistir a una divertida reunión con unas amigas.

Y aprovechando el tirón invitativo, Icíar reclamó la atención de Davicín para proponerles que fuesen a cenar con ellos en su casa, el primer fin de semana que esuviesen libres. Les adelantó que quizás también asistiesen unos amigos. Y aunque Davicín no adivinaba las razones, Icíar les insistió mucho en que fuesen elegantes, con disponibilidad de tiempo, y con la mente muy abierta...

29/9/17

Siente... siénteme...

  Shhh... no hables,
no pienses...
Sólo siente...
 
...y no te confundas
mientras mi mano tortura
con crueldad calculada tu sexo...
de arriba a abajo...
de abajo a arriba...
a veces con rabia,
agitando el deseo...
y otras con calma,
aplacando tu fuego...

Siente la humedad de mi boca...
la obscenidad de mi lengua...
el dolor con mis dientes... 
la provocación de mis labios...
de mis pezones enhiestos,
de mi vientre caliente...
del delirio perverso
que envenena mi cuerpo...

Siente mis uñas 
deslizándose sobre tu pecho...
grabando con trazos de rojo dolor
la marca de mi posesión...
de tu sometimiento... 
y de mi control.

Siente mis dedos
jugueteando entre tus piernas...
retando a tu hombría...
provocando aullidos
al traspasar las orillas
de tabúes prohibidos...

Y, ahora, siente...
y siénteme...
 
Siente en tu boca mi sexo
empapado de lujuria y pasión,
abierto como una lasciva flor
de dulce aroma embriagador
que sólo pretende tu perdición.

Agita con tus labios mi perla...
hunde tu lengua en mi sexo...
mordisquea con furia mis pliegues...
hasta que enloquezca
sin perdón ni remedio...
 
¿Alguna pregunta?
¿Alguna duda?

(Ninguna...
Ahora relájate y disfruta...)

13/5/17

Inspección fiscal...

Sonó el timbre….

Estaba ocupado… y no pude abrir…

Volvió a sonar…

Era el cartero… siempre llaman dos veces…

Me entrega una carta certificada… de la Agencia Tributaria…

Firmo… cierro la puerta… y abro el sobre…

Es un requerimiento… un agente tributario me pide comparecer en Hacienda y aportar toda la documentación fiscal de un par de negocios que poseo correspondiente a los ejercicios 2013, 2014 y 2015…

Para mis adentros pensé… me han pillado. Si bien en la tienda trabajamos con una metodología fiscal intachable, el club es otra cosa…

___________________________________________


Llegué con media hora de antelación a la delegación de Hacienda sita en la calle Guzmán el Bueno 139. Una vez allí, pregunté en el mostrador de información por el despacho al que me debía dirigir.

- Cuarta planta, pasillo D, despacho 2. 

Primera, segunda, tercera... cuarta planta. Pasillo A... B... C... y D. Despacho 2, despacho 2... ¿despacho 2?. Pues no había despacho 2. Desconcertado (como Vincent Vega cuando escuchaba la voz de Mia Wallace pero no la encontraba), pregunté a una administrativa, que parecía muy ocupada, dónde estaba el despacho 2. Me respondió con un seco:

- Espere en esa sala, que ya se le llamará.

Pues nada... a esperar se ha dicho.

Una vez allí, comencé a repasar documentos, que llevaba agrupados en carpetas de distintos colores, y algunos archivos en el portátil. Y cada vez que repasaba las cuentas del club de intercambio de parejas y ambiente liberal "Why not...?" -las cuales, por obvias razones de discreción y anonimato, desde un punto de vista fiscal no eran ni perfectas ni ejemplares- sentía como se apretaba un nudo en mi estómago.

De pronto, la administrativa vociferó un sonoro:

- Manuel Fernández, despacho 2, 

que provocó que mi corazón se desbocase sin control.

Abrí la puerta, traspasé el umbral... y manteniendo la mirada fija en el suelo, como avergonzado, entré. Una voz femenina, pero de tono grave y autoritario, me ordenó:

- Siéntese, señor Fernández.

Obedecí sumisamente. Tras una enorme mesa... y con cara de pocos amigos... allí estaba la inspectora... que, por lo que pude ver en un pequeño cartel de letras doradas, se apellidaba Arrimadas; un apellido muy liberal, por cierto. Con tono altivo y algo despectivo me preguntó:

- ¿Ha traído la documentación requerida?

Empecé por la parte menos mala del asunto fiscal: la tienda. Busqué en la carpeta las liquidaciones trimestrales del IVA, facturas de los gastos, las nóminas de los empleados, los recibos del alquiler del local. Con extremo cuidado, ordené los documentos, alineando minuciosamente los folios, y los arrastré hacia adelante hasta el otro lado de la mesa, girándolos en el último momento para que pudiera examinarlos mejor.

En cuanto empezó a hojear los papeles, y viendo toda su atención se concentraba en la documentación, alcé mi mirada para ver sus reacciones... Todo parecía ir bien... Y claro, al disminuir la sensación de peligro, poco a poco, el foco de mi mirada comenzó a resbalar por su anatomía... Pelo largo, cayendo sobre sus hombros; facciones algo marcadas, quizás resultado de una intensa actividad deportiva; leve maquillaje; un generoso escote bajo el que se vislumbraban un par de prominentes, turgentes y turbadores pechos, que a duras penas se mantenían dentro de su apretada blusa blanca...

Y así, a lo tonto, a lo tonto, jodidamente me estaba poniendo cachondo en medio de una jodida inspección fiscal...

Tras pasar un par de páginas, me preguntó con cierta brusquedad:

- ¿A qué se dedican sus empresas?

Modestamente respondí:

- Tratamos de satisfacer a nuestros clientes en todos los sentidos... y con todos los sentidos.

Que fue replicado con un severo:

- Ya veo, ya veo... , mientras blandía en su mano la factura de un proveedor chino al que pedimos 250 Lovehoney Luxury Rabbit Vibrators.

A continuación, me pidió que justificase unos ingresos del 2015 que aparecían en la contabilidad del club como "asistencia sexual".

Busqué en el ordenador la información de aquel ejercicio económico... y cuando encontré el apunte, me levanté de la silla y bordeando la mesa, me acerqué hasta donde estaba para dejar mi ordenador justo delante de ella.

Pensando que podría necesitar alguna aclaración adicional, permanecí de pie al lado de su silla.

La inspectora Arrimadas, un poco extrañada, giró la cabeza para mirarme y también quizás reprenderme por mi exceso de confianza, con tan "mala" suerte, que su boca quedó a escasos centímetros de mi entrepierna... que en esos momentos ya comenzaba a tener vida propia...

(continúalo....)

19/3/17

La delgada línea roja...

¿En qué momento se convierte el suave vaivén de unas caderas en danza frenética de salvaje instinto animal?
¿En qué momento se convierten unos labios en dientes... y sus besos en dentelladas de placer?
¿En qué momento se transforman unas caricias en pellizcos de dolor amortiguado por la anestesia de la entrega?
¿En qué momento se sublima el leve trazo de un dedo en enrojecida marca de fuego sobre el lienzo de una piel?
¿En qué momento se profana la delicada humedad de la intimidad para ahogar a una sedienta lengua ardiente?
¿En qué momento ya no importa que el desbocado cincel del sexo horade las piedras prohibidas?
¿En qué momento se desborda el deseo en un húmedo orgasmo de fuego y lluvia?
¿En qué momento crece el murmullo de tus suspiros a gemido... el gemido a grito... y el grito a aullido de placer?
¿En qué momento comulgan dos almas en un orgasmo certero de placer compartido y dolor sin sometimiento, en el que se vive y se muere?
¿En qué momento...? ¿En qué momento...?



Justo en el preciso momento en el que descubrí que al otro lado de la delgada línea roja se escondían mis sentimientos... hacia ti...

11/2/17

Verga irreverente...

Sin dejarle tiempo para pensar,
conspiraron sus manos
en un audaz movimiento:
la diestra maniobró
desabrochando su bragueta,
para, a continuación,
aprisionar con su izquierda
el trofeo que, insolente,
palpitaba bajo su pantalón.

 En un lascivo bucle sin fin,
agitó el codiciado botín.
 Con guante de seda
y mano de hierro,
templaba el acero
alternando caricias,
y obscenos meneos.

Y cuando más inflamado
de gozo estaba,
la mano cesó en su empeño
y liberó a su prisionero
de aquel dulce tormento.

Apenas pudo sentir la libertad,
el convulso miembro,
pretendió posarse
en el humedal
de sus rojos labios,
ebrio de deseo.

Ante tal impertinencia, 
y sin mediar advertencia,
propinó un azote imponente
a aquella polla irreverente.

Pero no hay dolor sin placer…

Y el martirio mutó en delirio
cuando acercó su boca
a aquel desafiante sexo
para someterlo, en cruel tortura,
con sus labios y su lengua...

3/11/16

Bi-curious...

La curiosidad mató al gato...
... y a la gata. 
(Viene de aquí)

Siguiendo las instrucciones de Laura, el DJ comenzó a bajar el volumen de la música y a atenuar las luces. Todo quedó a oscuras y en un silencio que presagiaba una inminente sorpresa...

De pronto, comenzaron a escucharse los armoniosos arreglos de cuerda de Can't Take My Eyes Off You, de Gloria Gaynor. Todos los allí presentes prorrumpieron en un "ohhh" que fue desvaneciéndose para dar paso a una sentida ovación cuando la luz de un foco iluminó a los anfitriones. Sabían que era la canción favorita de Maca y Jacobo, y el "guión de la celebración" indicaba que ambos debían bailar juntos para felicidad y regocijo de los invitados. Pero para desconcierto de todos ellos,  Maca empujó a Silvia hacia los brazos de Jacobo. Este, extrañado, miró a Maca arqueando las cejas y separando las manos, intentando buscar una aclaración ante esa insólita acción. Maca, perfectamente consciente de lo que hacía, manifestó su conformidad asintiendo con la cabeza, por lo que Jacobo rodeó con su brazo la cadera de Silvia y ambos comenzaron a bailar.

Sin ser unos maestros en bailes de salón, Silvia y Jacobo comenzaron a encadenar balanceos y vaivenes... enlazados con sueltas de manos que, tras un acompasado giro, volvían a unirse con gran precisión. Maca observaba a la pareja con una mezcla de maldad y celos... Le ponía muy cachonda ver el cuerpo de su amiga restregándose al de su marido... de forma parecida a como lo había restregado al de ella, muchos años antes, en Ibiza.

Verano del 1995, sábado noche en Ibiza... En todas las discotecas sonaba, obviamente, el Saturday Night, de Whigfield. Y al igual que en el video del bombazo veraniego, Silvia y Maca estaban en su apartamento preparándose para salir. Tras un día de cala, bronceado, chapuzones, mojitos y cita con unos chicos muy majos de Barcelona, ambas procedieron al obligado paso por la ducha para eliminar el salitre de sus cuerpos. Aunque no había un expreso acuerdo previo, la muy resuelta Maca siempre se duchaba primero, para dar paso, después a la más pasiva y obediente Silvia.

Maca salió de la ducha y se sentó en la cama para peinarse. Era el turno de Silvia... Apenas sí habían pasado unos segundos, cuando Silvia salió del baño, desnuda y totalmente empapada, para buscar su toalla que, por descuido, había dejado sobre la cama. Al pasar al lado de Maca, ésta, al verla así, le propinó un inocente azote que provocó un leve temblor y enrojecimiento en una de sus nalgas. Silvia se volvió hacia ella con la intención de recriminarla. Pero su gesto, en lugar de conseguir la pretendida reprimenda, lo que provocó es que sus exuberantes y humedecidos pechos quedasen demasiado cerca de los ojos, manos y labios de Maca. Ésta, que nunca había tenido ningún interés o experiencia sexual con otra mujer, al ver tan cercar esos golosos reclamos, estiró una de sus manos con la intención de aprisionar, entre su pulgar e índice, uno de sus rosados pezones. Silvia permanecía extrañamente inmóvil... como tratando de mantener la compostura... aunque era muy evidente cómo su pulso y respiración se aceleraban cada vez que Maca oprimía su endurecido pezón...  Al no observar ninguna reacción negativa o de desagrado en Silvia, Maca estiró su otra mano para repetir sus suaves caricias en su otro pezón.... Finalmente, Silvia claudicó: cerró los ojos, entreabrió sus labios y echó su cabeza hacia atrás...

La actitud de entrega y, en cierta forma, de sumisión de Silvia provocó mayor excitamiento y osadía en Maca. Ésta dejó caer una de sus manos por el vientre de Silvia hasta llegar a su pubis, que en aquellos locos años 90 estaba aún cubierto por un muy poblado vello. Ahuecó la palma de la mano para adaptarla a la delicada y labiada anatomía femenina de Silvia. Sus caricias comenzaron a aumentar en intensidad y frecuencia, a la vez que el dedo índice comenzaba a hundirse entre los pliegues, cada vez más húmedos, del sexo de su amiga. Maca, que nunca había tocado un coño que fuese el suyo, sentía cierta familiaridad en la exploración del deseo de su amiga. Y es que la morfología de su sexo era muy parecida a la del suyo... la textura y el tacto, similares... y hasta la humedad que destilaba al ser acariciado, comparable. De no ser porque la vulva de Maca estaba casi totalmente rasurada, uno podría decir que ambos coños eran iguales. Por ello, tras un breve y somero razonamiento, llegó a la inapelable conclusión de que aquello que a ella le pudiese encender y excitar, también debería provocar idéntica reacción en su amiga. Así que procedió a hundir el dedo corazón en las profundidades de la vagina de Silvia... buscando la superficie granulada de su punto G... La combinación de caricias en tan erógena zona y la presión que con la palma de la mano ejercía sobre su enhiesto clítoris, provocó un torrente de orgasmos que no parecía tener fin. Maca, complacida al comprobar sus habilidades a la hora de proporcionar placer, sin mediar palabra alguna, tiró de Silvia, empujándola hacia ella, con la pericia adecuada para que ésta cayese de espaldas sobre la cama.

Maca se arrodilló en el suelo y avanzó gateando hacia el borde de la cama, del que colgaban las bronceadas piernas de su amiga. Las separó y aproximó su boca hasta las inmediaciones, pálidas por la marca del bikini, del coño de Silvia. Sin dejar de mirarla, alargó su lengua hasta rozar su endurecido y enhiesto clítoris, lo cuál provocó que Silvia, que, quizás por timidez o vergüenza, mantenía sus ojos cerrados, tensase su cuerpo y que golpease con ambos puños el colchón, mientras emitía un interminable "mmmmm" seguido de un muy sinuoso "ssssííí"

Sí... todo encajaba. Cada perversa acción de Maca tenía como contrapartida una respuesta generosa de abundante placer en Silvia. Con precisión milimétrica, comenzó a lamer el clítoris... presionándolo... meciéndolo de un lado a otro. Mmm... le encantaba notar en su lengua la dureza de aquella delicada perla. Tras las caricias linguales... procedió a chuparlo succionándolo con los labios... mientras introducía sus dedos por su propia vagina, para masturbarse, y apretaba, con su otra mano, los erizados pezones de Silvia. Maca subió la intensidad de sus acciones. Ahora ya no acariciaba ni lamía, sino que mordisqueaba aquel excitadísimo clítoris... Silvia, ebria de placer, se sumió en un interminable orgasmo que concluyó en un repentino y desbordante humedecimiento que llegó a alcanzar el mismísimo, y lascivo, rostro de Maca.

Pero justo en ese húmedo momento, sonó el teléfono... Eran los chicos de Barcelona... que, sin haberlo pretendido, estaban poniendo un impertinente final a la prohibida pasión de Silvia y Maca.

Tras el lésbico episodio Ibicenco, ambas llevaron sus vidas por los clásicos derroteros que imponían su edad y condición social, sin que hubiese mención o sugerencia algunos para repetir tales lúbricos y excitantes juegos. A pesar de ello, Maca, siempre curiosa y audaz, no dejó de albergar la esperanza de que llegase el día en el que pudiese avanzar en la exploración del placer, tomando a su amiga como conejillo de indias...

Y ese día llegó, muchos años después...

La simultánea coincidencia de la matritense festividad de la Almudena, unida a que los colegios de sus respectivos vástagos estaban situados en selectas urbanizaciones de la periferia, y la ausencia de Jacobo y Víctor por sendos viajes de trabajo, permitió que Maca y Silvia disfrutasen de "libertad" durante, casi, un día completo...

A primera hora de la mañana, quedaron en la urbanización de Maca para enfrentarse a dos amigas en un partido de paddle. La pasividad de Silvia en ciertos juegos sexuales contrastaba con su habilidad y agresividad en el pádel. Por ello, sin mucho esfuerzo, lograron doblegar a sus rivales por un cómodo 6-3, 6-2 y 6-1... Finalizado el partido, se dirigieron al chalet de Maca para cambiarse... y, como era previsible, al llegar a las inmediaciones de la ducha se refrescaron sus recuerdos y se incendiaron sus deseos.

Pero esta vez Maca estaba mejor preparada... Así, con el paso del tiempo pudo hacerse con todo un arsenal de juguetes y accesorios sexuales que, muy esporádicamente, ponía en acción junto a Jacobo... o sin él. Vibradores, plugs anales, pinzas para pezones, anillos masajeadores... y su objeto más preciado: un corsé con un arnés al que podía acoplar dildos de silicona de variados tamaños y colores.

Maca se acercó a Silvia... subió su minúscula faldita, bajó sus bragas y la empujó para tumbarla sobre la cama... boca abajo. Se acercó al armario y abrió un cajón del que extrajo varios de sus juguetes para depositarlos, ordenados, sobre el colchón... Se desnudó, se enfundó el corsé, se ajustó el arnés, y le acopló el dildo más grande de su colección... Tiró de las caderas de Silvia hacia arriba y separó sus rodillas para dejar bien expuesto y accesible su sexo que, siguiendo la absurda tendencia del porno más cutre, estaba totalmente rasurado. Aplicó lubricante al enorme dildo y, dirigiéndolo con su mano derecha, lo introdujo suavemente en el muy húmedo coño de Silvia. Por fin Maca podía dar rienda suelta a una de sus fantasías... ser ella la que la que penetrase...  la que follase... la que dominase.... la que tuviese el control...

Con cada embestida, Silvia emitía un gemido... Los primeros eran apenas audibles... pero cada vez que Maca empujaba su cuerpo hacia ella, penetrando sus carnes, los gemidos mudaban en sonoros gritos, que, de no ser porque la mano de Maca tapó su boca, a buen seguro hubieran alertado a los vecinos.

Maca disfrutaba extasiada con el excitante espectáculo de las nalgas de Silvia separándose y temblando con cada una de sus violentas acometidas... Su mutuo y armonioso placer no tenía fin: Maca dándolo.. y Silvia recibiéndolo... Pero Maca quería más... mucho más...

Y así, como quién no quiere la cosa, sus dedos comenzaron a jugar con en el fino relieve anal de Silvia. Con cada embestida, como si de la boca de un pez que quisiera respirar se tratase, el ano de Silvia se abría y cerraba. Ante tal provocación, Maca dejó caer sobre él un chorro de lubricante... e introdujo uno de sus dedos... primero el índice... y después el corazón... lo cuál provocó un súbito y húmedo orgasmo en Silvia, que dejó empapado el edredón de la cama... Los dos dedos se duplicaron dentro del dilatadísimo ano de Silvia, que continuaba sumida en una exitación sin fin... Maca también se excitó al sentir, a través de la fina capa de piel que separa el estrecho sendero de Sodoma de la vagina, la rugosa superficie del dildo con sus dedos... Poco después, y con sumo cuidado, retiró la mano para introducir el dildo... lo cuál provocó que Silvia emitiese un gutural alarido que derivó en una retahila de soeces obscenidades cuando Maca comenzó a percutir violentamente contra su cuerpo, penetrándola sin compasión...  Finalmente, Silvia, exhausta, dejó caer su cuerpo sobre la cam y giró su cabeza hacia su amiga para implorarle que pusiese fin a tan salvaje y vicioso juego.
Y ahora, en la fiesta, Silvia volvía a mirar a Maca... implorándole que volviese a poner las cosas en su sitio poniendo fin a ese ahora incómodo baile en el que ella tenía que ser la pareja.

Maca percatándose de la inconveniencia de prolongar aquella situación, avanzó hacia ellos. Silvia se apartó aliviada y Maca y Jacobo comenzaron a bailar, abrazándose y besándose...  Y entre abrazo y abrazo, y beso y beso, Maca pensó que había llegado el momento de poner fin a la fiesta para llevar a su huerto a Jacobo y así recuperar esa llamita de la pasión que la rutina y la monotonía apaga con tanta facilidad. Y nada mejor para encender esa llama que el juego...  y la provocación. Y como el recuerdo de los lascivos encuentros con Silvia estaba aún fresco, Maca pensó en que aquella noche le brindaba una buena oportunidad para recuperar los olvidados artilugios sexuales... Y pensando, pensando, pensó que el arnés podía ser la guinda perfecta para un lujuroso pastel, que tanto podían saborear ella... como él.

8/9/16

No fue precisamente una caricia....

(viene de aquí)
Anabel se dejó caer hacia atrás sobre el borde de la mesa del fondo, apoyando las manos para sostenerse. Sedienta e impaciente, giró la cabeza tratando de averiguar si Cosme había conseguido ya su Cosmopolitan. Pero, desafortunadamente, entre el calor de aquella noche de septiembre y la exasperante lentitud del bartender a la hora de satisfacer las demandas de los sedientos invitados, su encargo seguía en "cola de espera"...  Cuando volvió su cabeza, se encontró, casi de bruces, con el rostro angulado, y la mirada libidinosa de Javier.

A Anabel no le apetecía nada de nada conversar con Javier... sobre todo estando tan cerca Cosme. Y es que de todos era bien conocido lo pesado, bocazas y gilipollas que era, y es, especialmente tras haber ingerido alcohol y otras sustancias prohibidas. Pero para infortunio de Anabel, y a pesar del claro gesto de desaprobación con el que lo recibió, Javier comenzó a charlar con ella.

Javier no era un dechado de virtudes en cuanto a la oratoria o las artes de seducción se refiere. Comenzó su babosa perorata alabando el buen aspecto de Anabel, y lo guapa que estaba, y la sonrisa de sus "labios de fresa", y "ese lunar que tienes, cielito lindo, junto a la boca", y "no sé qué tienen tus ojitos que me vuelven loco", todo esto sin dejar de perder detalle de las rebosantes redondeces que asomaban sobre su generoso escote. Tras agotar su escaso y poco original repertorio de requiebros y piropos, condujo a conversación hacia tiempos pasados, y al igual que el Cifu en "20 de abril", quiso que Anabel recordase "las risas que nos hacíamos antes todos juntos", concretando ese "antes" en el ya antes mencionado verano escurialense del 92.

Anabel se estremeció al recordar aquel olímpico verano, mientras, casualmente, el DJ provocaba el batir de palmas de los invitados al pinchar el Amics per Sempre de Los Manolos. Un par de desengaños consecutivos, el final de ciclo que suponía llegar a la treintena, y una desaforada pulsión sexual la llevaron a querer experimentar y disfrutar de todos los placeres carnales, fraternales incluidos. Y así, tras la morbosa experiencia con su propio hermano, puso a prueba las habilidades sexuales de los hermanos Javier y Juan, tanto por separado... como juntos... y revueltos.

Pero lo que en el pasado fueron divertidas y morbosas experiencias, ahora resultaban muy incómodos recuerdos y realidades. Así, por ejemplo, tras el desliz con Jacobo, Anabel empezó a sentir celos de las parejas de su hermano, celos que alcanzaron la máxima cota con la que hoy era su cuñada, Maca. En cuanto a Javier, de éste sólo recordaba su insulso y vacío penecentrismo y su peligrosa querencia por el sadismo, la dominación y el sexo violento, no siempre consentidos. 

Visto el percal, Anabel decidió parar los pies al lanzado Javier. Sin embargo, éste no estaba dispuesto a aceptar un no de alguien que, en cierta forma, y dentro de su estúpida lógica javierana, había sido "suya"...
 
El pesado de Javier subió un grado el nivel de su insistente acoso y derribo; y ahora ya no con aduladores requiebros o lisonjeros piropos, sino con proposiciones deshonestas tan directas y explícitas como el desagrado que producía en Anabel el escucharlas. Una de ellas fue proponerle que buscase una excusa para acompañarle esa noche a su casa, donde podría administrarle una (según él) "merecida" lección de disciplina y sumisión en una muy equipada mazmorra que tenía en su sótano. 

Anabel, visiblemente contrariada, le dijo que no siguiese molestándola... y que buscase entre las invitadas a una "perra" que quisiera ser adiestrada, mientras maliciosamente dirigía con su mirada la de Javier hacia Macarena, la cual, como se comentó anteriormente, cotorreaba alegremente con Silvia.

Pero Javier, que ya estaba muy, muy verraco, no atendió a la maliciosa sugerencia de Anabel; ni a las indicaciones de Laura al DJ para que éste detuviese la música para dar paso a una sorpresa para Jacobo y Maca; ni tampoco advirtió la proximidad de Cosme, que ya había regresado de la mesa del bartender portando el ansiado Cosmopolitan en una de sus manos. Y así, haciendo merecido honor a su título de bocazas mayor del reino, Javier quemó toda sus naves con un perfectamente audible:

- Anabel, esta noche, tarde o temprano, te voy a follar...

Y mientras se desvanecían en el repentinamente silencioso salón los ecos de su "... te voy a follar", "... voy a follar", "... a follar", Javier sintió un repentino e intensísimo dolor testicular.
Miró hacia su dolorida entrepierna y comprobó como sus huevos eran estrujados sin piedad por una mano tosca y peluda, unida a un antebrazo aún más tosco y peludo, tatuado con una pica, un arcabuz y una alabarda sobre las que había una calavera, siniestramente sonriente, cubierta con un chapiri. Ese antebrazo pertenecía a Cosme... a Cosme Nabazo, antiguo sargento caballero legionario del Tercio "Gran Capitán", y veterano en la infame guerra de Bosnia.

Sin apenas inmutarse, Cosme extendió la mano en la que portaba el Cosmopolitan con el fin de entregarlo a Anabel, y, sin dejar de mirar el rostro desencajado de Javier, que se retorcía de dolor cada vez que el sargento legionario aumentaba la presión sobre las ya muy maltrechas gónadas javerianas, le respondió con un:

-- Anda con cuidadito, gilipollas, a ver si el que te va a follar esta noche, soy yo.

25/8/16

Hermanos de leche...

(viene de aquí)

La fiesta estaba resultando muy divertida para todos los invitados y, especialmente, para Jacobo, el agasajado. Hacía tanto tiempo que no veía a alguno de sus amigos, y eran tantas las ganas de recordar los buenos momentos pasados, que le resultaba difícil contener la efusividad en los reencuentros. Entre abrazos, risas y sonrisas, todos los invitados pasaban por el photo-call para inmortalizar el momento, no sin antes ataviarse con coloridas pelucas, enormes gafas y brillantes sombreros...

Mientras, su hermana Anabel y su acompañante, Cosme, contemplaban la jubilosa escena desde la esquina del salón adyacente a la mesa en la que el bartender preparaba, con esmero y dedicación, múltiples y variados combinados. El calor de aquella noche de septiembre, unido a esos otros calores que una mujer madura siente ascender entre sus piernas al recordar algunas pasiones con alguno de los allí presentes, aceleraban el ritmo al que Anabel iba consumiendo sus Cosmopolitan con Grey Goose. Apuró el contenido de la copa martini y, no sin algo de desprecio, se dirigió a Cosme pidiéndole que se acercase a la muy congestionada zona del bartender para que le preparasen otro "Cosmo".

Anabel no sentía ninguna atracción física por Cosme. Su aspecto viejuno, su bigotillo sazatornilesco y su jersey sobrehombrero de otros tiempos le causaban repulsión, aunque su repleta cartera hacía que las penas, con pan y pene, fuesen menos dolorosas... Mientras Cosme avanzaba posiciones lentamente en la atestada cola del bartender, Anabel oteó el horizonte. Vio a su hermano Jacobo feliz y excitado, deambulando ataviado con un sombrero pirata de uno a otro confín del salón. También alcanzó a ver a su, para ella repelente y odiosa, cuñada Maca cotorreando animadamente con su insípida amiga Silvia. Pero, finalmente, por esos quiebros que a veces depara el destino, su mirada se cruzó con la viciosa, y a esas horas ya algo vidriosa, mirada de Javier.

Javier siempre fue un caso perdido. Su padre, un acaudalado industrial de Villaviciosa de Odón, luchó lo indecible por sacarlo adelante matriculándolo en los mejores colegios de Madrid, pero Javier, al igual que su hermano pequeño Juan, atesoraba en idéntica proporción indolencia, vagancia, y amor por la dolce vita y el dolce far niente. Harto de malgastar tiempo, esfuerzo y dinero, cuando Javier cumplió 22 y Juan 18, papá les cedió una finca en El Guijo, con su yeguada y salón para eventos, con la que pudieran sostener su elevado nivel de vida y de vicios, farloperos incluidos.

Pero Javier y el trabajo, como el agua y el aceite, se sabían incompatibles, y en lugar de atender a la hacienda, atendía a todo aquello que le proporcionase placer inmediato. Y aquel verano tórrido verano del olímpico 92, lo más excitante eran las fiestas que Jacobo organizaba en el chalet que sus, en aquellas fechas ausentes, padres tenían en El Escorial. Allí estaban todos: Javier, Jacobo, Jorge, Juan y Jero, las 5 jotas, todos ellos chavalotes de cuerpos atléticos y bien formados, tumbados al sol o zambulléndose en la piscina tras arriesgadas piruetas estimuladas por la ingesta de una notable cantidad de cervezas y quien sabe si de otras cosas.

Aquella tarde también estaba allí Anabel, con su recién estrenada treintena... tratando de broncearse rápidamente para tener un tono adecuado para las ya inminentes vacaciones ibicencas. Ante el jolgorio y algarabía de los chicos, y las constantes salpicaduras, se levantó de la tumbona y subió a su habitación, no sin antes ser impertinentemente piropeada y silbada por la hormonada muchachada.

Una vez allí, Anabel comenzó a observarles furtivamente tras las cortinas de su habitación, mientras acariciaba con precisión quirúrgica uno de sus enhiestos pezones y su, en aquel momento muy excitado, clítoris... Y entre caricia y jadeo imaginaba a alguno de aquellos jovencitos follándola, empotrándola violentamente contra la pared... Pensó en Jorge... y se excitó. Pensó en Jero... y se excitó aún más. Imaginó a los hermanos Javier y Juan penetrándola salvajemente por delante y por detrás... y su bikini se empapó. Mmm... y hablando de hermanos, aún le faltaba poner la guinda más prohibida y morbosa en su lujurioso pastel...

Pero cuando ya estaba a punto de correrse, notó que alguien subía por las escaleras. Intentó asomarse a la ventana para echar un vistazo rápido a la piscina y saber quién podía ser. Descartó a Jorge, a Juan y a Jero, pues estaban tumbados, junto a sus cervezas. Quien fuera que fuese se detuvo ante la puerta. Anabel contuvo la respiración, y se dejó caer lenta y silenciosamente en la butaca, mientras su corazón y su sexo palpitaban al unísono... Tras unos movimientos que no supo identificar, y el sonido de algo elástico y empapado cayendo al suelo, de pronto, la puerta de la habitación se abrió, y una hermosa, y quizás también algo familiar, polla apareció ante sus ojos... y sus labios...

13/4/16

Mando a distancia...

(viene de aquí)
Jacobo, acompañado por la Relaciones Públicas del hotel, abrió la puerta de lo que se suponía que iba a ser una sala de reuniones. Se sorprendió al ver que todo estaba a oscuras. Pero su sorpresa fue mayor cuando, de repente, se encendieron las luces y, una multitud le vitoreaba mientras sonaban los acordes de "Es un muchacho excelente"... A los pocos segundos, Maca se adelantó y, con cierto comedimiento, lo besó, tras lo cual, todos los asistentes prorrumpieron en "ohhhh"s y "qué bonito"s mientras regalaban a la pareja una estruendosa ovación.

Tras los besos, los saludos, los abrazos y las risas de rigor... las luces de la sala volvieron a apagarse. Esta vez era para proyectar un vídeo que recogía fotografías, vídeos y recuerdos de la pareja, de sus amigos, de sus viajes y de sus hijos... Las emotivas imágenes provocaron más de una lagrimilla en Jacobo... ante lo cual, Maca, extrañamente solícita, procedió a consolarlo con un abrazo, eso sí, con la mirada puesta en el expectante tendido, al que, con el arqueo de las cejas y ladeando levemente la cabeza, parecía pedir comprensión por la "debilidad" del homenajeado.

Finalizados el vídeo y las lágrimas, comenzó a sonar la música seleccionada por el DJ y los invitados, algunos con bastante ansia y ahínco, buscaron las cercanías del cortador de jamón.  Música, comida y bebida, pelucas y fotos en el photo call... Más bebida... Efusivos reencuentros con los viejos amigos... La fiesta estaba empezando a ponerse divertida...

Fernando, en un patético intento de parecer casualmente encontradizo, se dirigió hasta donde estaban charlando animadamente Laura y Silvia. Fernando era buen tío, a pesar de ser abogado, pero tanto su físico como su conversación carecían de encanto e interés para el sexo contrario. Así que en cuanto Silvia vio venir el percal, sin el más mínimo disimulo, se alejó para buscar a Maca...

Fernando trató de entablar algo de conversación con Laura, preguntándole por su trabajo, por sus hijos, por su ausente marido... Laura, educadamente, respondía al insulso interrogatorio, mientras buscaba desesperadamente con la mirada a sus huidas y esquivas amigas... En no hallándolas, y habiendo sido estimuladas sus ganas de fumar por la trivial cháchara fernandina, cogió el bolso y le indicó que saldría al jardín a fumar. Para su desesperación, Fernando se ofreció a acompañarla...

El amplio jardín del hotel tenía unas mesas y sofás, en plan chill-out. Se sentaron y Laura rebuscó en el bolso un paquete de tabaco y un mechero. Encendió un cigarrillo aspirando con cierta ansia mientras Fernando la miraba embobadamente embelesado... Laura era consciente de que el triste Fernando sentía por ella cierta veneración. Aspiró otra calada y miró al cielo anaranjado de Madrid... Miró a Fernando... y le pidió que fuese adentro a por gin-tonic. Este obedeció, complaciente y diligentemente. Laura, sorbió un trago... y otro, entre calada y calada. Volvió a mirar a Fernando, esta vez inquisitivamente... ante lo cual, éste, con cierta vergüenza, bajó la cabeza. La última calada... el último trago. Se levantó, metió la cajetilla en el bolso y cuando parecía que iba a hacer lo mismo con el mechero, lo dejó caer, intencionadamente, al suelo. Fernando se arrodilló para recogerlo, momento en el que Laura, con voz pausada pero enérgica, le ordenó:

 - Lámeme el pie...

15/2/16

Tres eran tres...

Macarena era hija única. Su padre, un muy conocido abogado de Madrid que amasó una pequeña fortuna en las postrimerías del franquismo y que se hizo célebre defendiendo a uno de los máximos implicados en el 23F, había fallecido hace poco más de un año. Su madre padecía Alzheimer y estaba recluida en la finca que la familia tenía en Caravaca. A pesar de tener 8 tíos, todos de edad muy avanzada, sólo uno de ellos había tenido descendencia. Así que salvo su primo Fernando, abogado como ella, apenas tuvo familiares jóvenes con los que relacionarse. Quizás por ello, consideraba como auténticas hermanas a Silvia y a Laura, dos compañeras de la promoción 1989-1994 de la licenciatura de Derecho y Relaciones Internacionales de ICADE.

Aquellos fueron años intensos, divertidos y algo locos. Durante su época universitaria, Macarena conoció a Jacobo, alumno también de ICADE. Por conveniencia y sin mucha fe en el futuro de la relación, Silvia decidió dar una oportunidad a Juan Manuel, un muchacho que vivía en su urbanización, que atesoraba dos cualidades para ella imprescindibles: cuerpo escultural con personalidad manipulable. Laura, mucho más introvertida y tímida pero también serena y cabal, nunca tuvo especial interés por nadie, así que prefirió concentrarse en sus estudios y servir de compañera, acompañante, confesora y pañuelo de lágrimas a sus "hermanas". 

Como muchas parejas jóvenes, Macarena y Jacobo tuvieron sus altibajos, sus idas y venidas... Apenas apagado el eco del Gaudeamus Igitur de la graduación, Macarena decidió abrir un paréntesis para vivir la vida. Cortó con Jacobo y, con muy poco esfuerzo, convenció a Silvia para pasar juntas las vacaciones en Ibiza. Fueron dos meses locos de playa, fiesta y sexo compulsivo e inconexo, cuya crónica decidieron mantener en secreto... incluso para Laura. 

Pasados los excesos veraniegos, las aguas retornaron a su cauce. Maca decidió retomar la relación con Jacobo, que acaba de ser contratado como broker por una por aquellos tiempos desconocida compañía norteamericana de servicios financieros. Silvia convenció a Maca para crear un pequeño bufete que, al abrigo del de su padre, les permitiese ganar experiencia en el ejercicio de la abogacía. Finalmente, Laura consiguió un puesto en una madrileña Caja de Ahorros y Monte de Piedad, ahora muy célebre por sus tarjetas black. 

Y poco a poco, se fueron haciendo mayores...

Macarena se casó con Jacobo, y fruto del matrimonio nacieron tres niños. Silvia intentó mantener la relación con Juan Manuel, pero sus inseguridades y sus peligrosos flirteos con las drogas terminaron por dar al traste sus intentos; pasado un tiempo, y tras algunos tumbos sentimentales de poca entidad, conoció a Víctor, directivo de una empresa farmacéutica israelí, que le proporcionó una acomodada, aunque quizás también monótona existencia y, sobre todo, la maternidad que tanto deseaba. Y para no ser menos, Laura también encontró en Julián, que tenía una empresa de software de gestión de eventos deportivos, su media naranja, y ahora es una feliz madre de dos naranjitos.

Y llegaron los 40...

Macarena se sentía en deuda con Jacobo desde que él le preparó una fiesta sorpresa para celebrar su cuarentena. Así que coincidiendo con su 45 cumpleaños, organizó una fiesta sorpresa en el Hotel Monte Real, muy cerca de su casa. La idea era hacer creer a Jacobo que esa noche, a las 22:00, se celebraba una reunión de los socios del Real Club Puerta de Hierro en la que era indispensable su presencia. 

Silvia dejó a las mellizas en casa de su madre. Era la primera vez, tras su maternidad, que salía sola por la noche, ya que Víctor, como cada quincena, había viajado a Santander para pasar el fin de semana con su hijo mayor, fruto de una relación anterior. Laura, que también se encontraba sola, pues Julián estaba en México dando soporte a unos campeonatos panamericanos de atletismo, quedó con ella para recogerla a las 21:00. No sin alguna dificultad en el aparcamiento, llegaron al Hotel en hora.

Una empleada del hotel las condujo a un salón privado, en donde se encontraba Maca y algunos de los invitados. Maca estaba muy nerviosa y excitada, por lo que Laura, siempre tan pendiente de todo, la abrazó tratando de tranquilizarla. Maca tenía la lágrima fácil, y con tantas e inminentes emociones no logró contenerla. Silvia, con ambas manos acarició sus mejillas y, haciendo gala de sus dotes de persuasión, la convenció de que todo saldría estupendamente y, cambiando de tercio, le pidió que les enseñase lo que había preparado. Maca, mucho más animada, cogiéndolas de la mano, las llevó a un rinconcito donde había un photo-call con un montón de coloridas pelucas, sombreros y gafas y en cuyo fondo había un collage de fotografías con todos los momentos especiales que había vivido con Jacobo. En otra esquina, había una mesa con una tarta conmemorativa. En el lado opuesto, estaban preparados un cortador de jamón y un gin bartender para el cocktail. Al fondo, un DJ estaba poniendo a punto sus equipos. Finalmente, y muy cerca de la puerta de entrada, había una pantalla de proyección. En el exterior del salón había una terraza con un chill-out para conversaciones sosegadas, o bien, para los que los fumadores aliviasen su adicción. 

Poco a poco fueron llegando los invitados, y Maca, solícita, procedió a saludarlos y a instruirlos para que todo saliese perfecto. Entre ellos estaba la hermana de Jacobo, Anabel, a la que odiaba, la cual venía acompañada de un tipo bastante maduro, con cierto parecido a José Sazatornil, que calzaba unos rancios naúticos Pielsa. Tras ellos, llegó Fernando, el único pariente vivo de Maca de menos de 75 años de edad, que, después de saludar a la anfitriona, en cuanto vio que Laura no estaba acompañada de varón, se acercó a ella tratando de entablar una conversación, o quizás algo más. Más tarde, y en grupo, llegaron los amigos de Jacobo de El Escorial. Todos venían acompañados de sus parejas, salvo Javier, que venía solo...  

Tras unos minutos de tensa espera, desde la recepción advirtieron a Maca de la llegada de Jacobo. Ésta, nerviosa, pidió silencio con el dedo índice sobre sus labios... y las luces del salón se apagaron...   

4/10/15

Un momento de debilidad...


Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción. 
Joaquín Sabina 

En cierta forma, me había olvidado de ella... Y es que había pasado tanto tiempo desde la última vez que nos vimos, que ya se habían evaporado tanto mis ganas de recuperar el contacto, como la sensación de vacío que provocaba su ausencia. Quizás porque es un mecanismo de protección, o de supervivencia, el olvido libera espacios que, a poco que uno quiera y le dejen, pueden ser llenados con sensaciones y emociones nuevas; y a este respecto, el que ella había dejado estaba ahora bien repleto.

Pero sorpresas te da la vida, y la vida te da sorpresas...

Aquella mañana de viernes, como tantas otras a esa hora, avanzaba distraído por el finger para acceder al interior del avión. Franqueé la puerta de acceso, esperando recibir el cortés y habitual saludo de bienvenida del sobrecargo del vuelo... pero lo que hallé no fue un "buenos días", sino la inquisitiva mirada silenciosa de sus ojos de miel y su pelirroja y desordenada melena.

Joder... el mundo es un pañuelo... y tú y yo somos los mocos.

Sólo fui capaz de decir un previsible "cuánto tiempo...", al que ella correspondió con otro no menos predecible "sí, mucho..." al que añadí un "demasiado..." pero de pensamiento. Como quiera que el resto del pasaje estaba impaciente por ocupar sus asientos, puse fin al primer acto de nuestro reencuentro y me dirigí rápidamente al mío: 6C, pasillo.

Poco después, cuando nos dirigíamos a la pista de despegue, comenzó la habitual demostración de las medidas de seguridad del vuelo.

- Si esto ocurriera, tiren fuertemente de la máscara, colóquensela sobre la nariz y la boca, y respiren normalmente.

Ese día, más que nunca, presté toda mi atención a cada una de sus instrucciones y coreografía asociada. Me encantaba la seguridad que demostraba cuando cerraba la hebilla del cinturón... y el acento posh de su cuidadísimo inglés british. Pero cuando mi imaginación se desbordó, fue en el momento de enfundarse el chaleco salvavidas sobre su ceñida blusa: tomó entre sus dedos las dos boquillas rojas, que al estar situadas justo encima de sus pechos semejaban dos erizadísimos pezones, y las metió secuencialmente en su boca... haciendo el ademán de insuflar aire por su interior. No es de extrañar que con mi calenturienta imaginación, mi cada vez más inflamada polla pudiese salvar, caso de amerizaje, a toda la tripulación...

Una vez alcanzamos la altitud de crucero, 28.000 pies, cerró la cortinilla que nos separaba de primera clase... Mierda... ya no la podía ver. Por suerte, poco después, y aprovechando que las otras azafatas estaban bloqueando el pasillo con el servicio de catering, se acercó hasta mi asiento, quedándose agachada en cuclillas a mi lado.

No era hora de reproches, pero no pude evitar reprenderla por haberse marchado sin dejar rastro. No era justo haberme cerrado la única vía de acceso y contacto que teníamos para programar nuestros furtivos y prohibidos encuentros. Puedo comprender que las circunstancias pueden obligarnos a desaparecer, a cortar ciertos caminos, a evitar el peligro de las tentaciones... Es normal... Pero también hay que darse cuenta de que tratamos con personas... con personas que tienen, entienden y comparten emociones, sentimientos... aunque a veces queden ocultas enmascaradas entre los diversos ropajes que envuelven a la pasión y el deseo más animales.

Arqueó las cejas... y suspiró... mientras asentía balanceando la cabeza, y, aunque no era lo que pretendía, aceptó mis razones... Nos miramos en silencio... pero el trajín de un vuelo tan corto no permitía muchas florituras comunicativas. Tomó la revista Ronda Iberia y apuntó en una de sus hojas un teléfono.

- Llámame... estaré hasta el sábado al mediodía... 

El resto, se puede imaginar...

15/9/15

Centro de atención...

Lo que necesito es ser indispensable para alguien. 
 Necesito a alguien que ocupe todo mi tiempo libre, mi ego y mi atención. 
 Alguien adicto a mí. 
 Una adicción mutua. 
Chuck Palahniuk

Llegó a la segunda mitad de la treintena con todos los deberes hechos: un matrimonio con un valor en alza, una parejita de vástagos adolescentes, un envidiable status profesional y social y un círculo de amistades al que exhibir sus logros y éxitos... 

Su vida era absolutamente perfecta... y aburrida.

Si bien todo eran sonrisas, arrumacos y carantoñas en el exterior, en la intimidad de su alcoba todo era desinterés y quizás también algo de desdén. Las carreras en alza requieren dedicación plena, y tras una dura jornada, los cuerpos piden descanso... y no demasiada excitación. En más de una ocasión llegó a pensar si era transparente... si él la veía; y si al verla sentía algo; y si de sentir algo, eso podría llamarse deseo... Pero a la luz de las evidencias, en su perfecta y aburrida vida el deseo brillaba por su ausencia.

Así que decidió pasar a la acción... 

Aunque al principio declinaba las invitaciones, pues le parecía que aquello era más propio de impúdicas cuarentonas insatisfechas, un día aceptó participar en una reunión de tuppersex. Entre risitas cómplices y fingidas expresiones de sorpresa y admiración, pensó que un conjunto de lencería provocativa junto a un par de trémulos juguetitos podrían poner un poco de picante y fuego en su mustia vida marital. Pero su intento resultó baldío... porque los valores en alza no siempre tienen sus miembros al alza... al menos en casa.

Ella sospechaba la infidelidad... pero prefería no indagar. A fin de cuentas, pasado el furor del flechazo de juventud, lo que ahora más le gustaba de él es que le proporcionaba el adecuado modus vivendi para sacar adelante a la prole y a su carrera profesional. Y así, mientras se contemplaba en el espejo de su baño,  pensó que lo mejor era no hurgar en tan complejo asunto; aunque, bueno, puestos a hurgar, pensó que era una ocasión perfecta para que uno de sus nerviosos y alargados juguetitos hurgase en el interior de su sexo. 

Pero aunque las pajas tienen muchas ventajas, como la inmediatez y la precisión, su exceso puede llegar a ser frustrante... Así que cambió el objetivo. Lo que quería era sexo... sexo con un hombre que la desease... que la comiese con la mirada... que la levantase en el aire sujetándola por las nalgas y que la follase violentamente empotrándola contra la pared...  

Pensó que no le resultaría nada difícil encontrar hombres que la codiciasen. Es más, podía elegir al azar; a uno cualquiera... A fin de cuentas, la flamígera combinación de su mirada azul y su sonrisa de fresa era capaz de incendiar el deseo masculino... por no mencionar que los demoledores argumentos de su atractiva y curvilínea silueta, sobre la que apenas había hecho mella su doble maternidad, serían capaces de doblegar cualquier reticencia.

Empezó a buscar...

Al principio no sabía qué... Probó con sexo explícito... Tras unos días de espera, la búsqueda dio resultados. Fue un escueto y misterioso "hola", que despertó su curiosidad felina. Y tiró del hilo... como Ariadna. Con las precauciones debidas, concretó una cita con la que examinar la calidad del género del minotauro. Aun sabiendo que ambos se escondían bajo máscara y disfraz, todo resultó mejor, y más fácil, de lo esperado: aquella mirada viril le transmitía el deseo que le había sido negado, deseo que estaba a punto de derretirla cuando esa mirada se deslizó, indiscreta, en el interior de su pronunciado escote... Además, ella no podía ocultar, también, que aquel tipo sonriente le gustaba... y la excitaba. Miel sobre hojuelas...

Pactaron disfrutar del sexo y deseo sin contemplaciones y sin límites, salvo el de mantener la privacidad e intimidad de sus respectivas y reales vidas. E inicialmente lo consiguieron... y lo disfrutaron... Probaron todas las opciones, posturas, posiciones, vías, juegos y retos... Cada sesión de ultrasexo provocaba que un torrente de deseo fluyese desbocado y a raudales entre sus piernas. Tanto era el placer, que su coño se convertía en gelatina durante los días previos a uno de sus fogosos encuentros sexuales tan sólo imaginando las perversiones, vicios y disciplinas que pondrían en práctica. También es cierto que después de los excesos se sentía un poco culpable. Con todo, cualquier atisbo de culpabilidad se desvanecía en cuanto el valor en alza se giraba hacia el otro lado, con cierta indiferencia, en la cama... para dormir.

Estaba enganchada... Demasiado, quizás. Y eso le preocupó... ¿Qué viabilidad tendrían aquellos polvos clandestinos? ¿Cuántos problemas podrían acarrearle? ¿Su amante bandido era de fiar? ¿Serían ciertas sus lujuriosas palabras de deseo lascivo? ¿Y si esas mismas palabras fuesen regaladas a otros oídos? ¿Y si también se estaba follando a otras? Y ya puestos, ¿por qué ella no probaba a follar con otro? 

Todas esas preguntas, y especialmente las respuestas que encontraba, la ponían cachonda... Se ponía cachonda pensando en sexo... En sexo no ya con otro hombre, pues de eso ya estaba suficientemente abastecida y complacida, sino en sexo múltiple... En sexo con varios hombres... con desconocidos... Le excitaba mostrarse y exhibirse enfundada en lencería sugerente, pompones en sus pezones, ligueros, medias de rejilla y tacones de aguja... Se humedecía imaginando que era capaz de desatar la pasión allí donde se encontrase.

Una de sus fantasías favoritas era sentirse observada por su marido mientras lamía la polla a un desconocido en un lugar público. Sus braguitas se humedecían aún más cuando imaginaba que, mientras sus labios y lengua se lucían en una felación sin tregua, otro desconocido podría acercarse a ella por detrás para, levantando su mínima faldita, meter su desconocida polla entre sus muslos... para follarla, naturalmente.

Y ya puestos, por qué no encaramarse sobre uno de ellos y tumbarse hacia adelante con la doble y perversa intención de ofrecer sus pezones para ser mordisqueados y, a la vez, provocar con alevosa intención a la verga del otro para que ésta se abriese camino violentamente entre sus nalgas. Mmm... estaba supercachonda imaginando el doble placer que sentiría con dos pollas palpitantes horadando su interior; dos pollas salvajes luchando entre ellas por ver cuál era la que más profundamente la penetraba; dos pollas a las que domesticar, aun por la fuerza, hasta conseguir que, exhaustas y vacías, descansen, inofensivas, entre sus labios...

El placer sería triple si un tercero, también desconocido, se pajease en su boca, empujando rudamente su cabeza, ahogándola hasta conseguir llenarla de caliente orgullo y satisfacción... Y qué decir si un cuarto y un quinto acertasen a dejar al alcance de sus manos sus respectivas vergas de forma que pudiese pajearlas rabiosamente hasta conseguir que ambas dibujasen, con trazos de espesa y blanquecina esencia masculina, una expresión de lúbrica felicidad sobre su cara.

No... no quería contentarse con una sola polla.

Quería ser una niña mala para tenerlas todas...

Aunque también es verdad, pensó mientras recuperaba la respiración y retiraba poco a poco de su sexo, húmedo, dilatado y muy convulsionado, su palpitante juguete favorito, que no era tan mala idea eso de contentarse con un tembloroso y vibrante pájaro en mano, más que con ciento volando...
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