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16/4/18

Vicky, Icíar... Miraflores

(viene de aquí; sigue escribiendo Vicky)
 
Tras varios intentos, al fin pudimos quedar con Icíar y Jesús con la excusa de jugar un partido de tenis, tras el que les invitaríamos a comer en nuestra casa. 



Nos citamos directamente en el Club de Tenis de Miraflores. Tino y Jesús congeniaron inmediatamente, lo que allanaba el camino para nuestros planes. Para incentivar el morbo, decidimos jugar el partido intercambiando parejas: Icíar y Tino en un lado, Jesús y yo en el otro.

Lo cierto es que nuestro nivel era infinitamente superior al de ellos, por lo que de forma natural surgió un muy buen rollo y complicidad entre nosotros. Así, cuando servía Jesús y yo me ponía delante, en la red, agachada, éste me piropeaba diciendo que mi corta faldita no le dejaba concentrarse... o cuando conseguía un punto con mi revés a dos manos, me daba un azotito de aprobación en el culo... nada inocente.

Decidimos no hacer sangre en el otro bando. Tino e Icíar hacían lo que podían, aunque también se divertían: mi chico ayudaba a Icíar a mejorar algunos golpes, poniéndose detrás de ella, sujetándola por la muñeca y rozándola, con descaro, en sus (imagino) duros y torneados glúteos...  La verdad es que me costó un poco aceptar el mamoneo que se traían los dos, pero llegados hasta este punto, lo mejor era no rayarse y seguir adelante.

Tras ducharnos y cambiarnos, cogimos los coches y nos dirigimos a casa.

Habiendo sido educadas en un rancio heteropatriarcado machirulo, Icíar y yo acordamos la distribución de tareas a la manera clásica: los chicos se encargarían de la barbacoa, en el jardín, y nosotras, de preparar la mesa, las ensaladas y los postres. Aproveché que estaba a solas con Iciar para interesarme por sus impresiones. Asintiendo con la cabeza, me indicó que Jesús estaba encantado con nosotros... y que yo le había parecido muy atractiva, lo cuál provocó que me ruborizase y empapase a partes iguales.

Y ya que estábamos con confidencias, le pregunté:
- oye... y... tú... eh.. a ti... ¿no te importa que Jesús lo haga con otra mujer?
- Pues claro... aunque me preocupa más que lo haga con un chico, jajaja.
Icíar siempre tenía respuestas para todo... Sonreí cómplicemente con ella, convencida, en aquel momento, de que se trataba de una gracia...

- Por cierto, Vicky... tu chico está estupendo.
- Tino también piensa lo mismo de ti -repliqué sin meditar mucho la respuesta, tratando de corresponder a su "cortesía", y mintiendo, pues Tino y yo no habíamos comentado nada al respecto.

De pronto, empecé a pensar en que Icíar, con la que estaba hablando tan confiadamente, iba a tirarse a mi chico, lo cual secó bruscamente mi antes húmeda excitación y despertó en mi una extraña sensación de desasosiego, que ella detectó al instante.
- No te preocupes, Vicky, que no te lo voy a robar. Además, lo que pase en Miraflores, se quedará en Miraflores, ¿vale?

Tino, con un estentóreo y desafinado: ¡chicas, ya está la barbacoa, la barbacoa!, puso fin a nuestra conversación.

La comida estaba estupenda... y el vino que trajo Icíar, delicioso... Y entre el calor, el regustillo de la carne y la alegría del alcohol, nos desinhibimos un poco... lo que provocó que las conversaciones fuesen subiendo de temperatura...

Y en una de ellas, la descarada Icíar va y me pregunta por el consolador de vidrio templado... Casi me atraganto con el vino. 
- Pues... no sé... bien... ¿no?
- Y a ti, Tino, ¿te gusta? 
- No lo he probado... aún, jaja -respondió con su típica socarronería. Por cierto, Icíar, y te pregunto como experta en la materia, ¿cuál es tu juguete favorito?
- Pues tengo uno que le encanta a Jesús, ¿verdad, cariño?... -replicó con malicia Icíar, a la vez que Jesús daba un casi imperceptible respingo en la silla. Aunque últimamente, con lo que juego mucho es con la lengua.
- ¿Cómo? -preguntó Tino, confundido al no entender el juego de palabras.
Pero Icíar entendió ese "cómo" como un adverbio conjuntivo de modo.
- Mira, así... 
Icíar miró a Jesús, y éste mojó uno de sus dedos en la copa de vino y lo extendió hacia adelante... E Icíar, para nuestra sorpresa, comenzó a chupárselo...

- Ya veo, ya veo... - comentó Tino mientras hacía un gesto de aprobación asintiendo con la cabeza.

Icíar, me miró... y, con un cierto aire retador, me preguntó:
- ¿Quieres probar tú?

Icíar se había vuelto loca... y yo estaba algo confundida y muy turbada. Miré a Tino, pretendiendo que se involucrase en el juego, pero el ladeo de su cabeza era una clara señal de que rehusaba mi envite. Miré a Icíar, y me llevó con su mirada hacia Jesús. Miré a Jesús, y éste volvió a empapar su dedo en vino... Volví a mirar a Tino... y, con su habitual discreción, arqueó levemente las cejas a la vez que encogía los hombros. Vamos, que la decisión dependía de mi.

Y como habíamos venido a jugar,  me levanté, me incliné sobre la mesa, y comencé a lamerle... el dedo... 


Y lo hice con tanto empeño y entrega, que Icíar, viéndose superada en la osadía, tuvo que pedirme que parase.

Después de mi frivolité, Tino se levantó de la mesa con el aparente propósito de recoger los platos del postre... Yo también me levanté, con la excusa de ayudarle, aunque lo que quería era saber cómo estaba. Icíar y Jesús se ofrecieron también a recoger, pero les recordé que eran nuestros invitados, por lo que no debían preocuparse de nada. Ya en la cocina, a solas con Tino, le solté un ¿qué tal?,  para sondearle. Para mi alivio, no estaba enfadado ni molesto. Al contrario. Le había excitado muchísimo verme haciendo una felación, aunque se tratase de una simulación en diferido sin finiquito. Mmm... mi Tino es un encanto. Así que lo abracé y le besé en la boca, mientras mi lengua jugaba tentando a la suya.

Volvimos al salón, muy sonrientes. Tino pinchó una selección de música chillout y nos preguntó si nos apetecía tomar unos refrescantes mojitos en la piscina, propuesta que se aprobó por aclamación. Y mientras los preparaba, aprovechamos el impasse para cambiarnos y ponernos los bikinis y bañadores...

6/3/18

Moldeando mi fantasía...

(viene de aquí; escribe Vicky)

Lunes, 22 h. Estaba ya en camisón, recién bañada, dispuesta a ver una peli. Tino tenía una cena de Navidad con los del trabajo y me había hecho con la mantita en el sofá para esperarle...

Suena el móvil.

-¿Sí?

- Hola Vicky, soy Iciar. Quería preguntarte cómo tenéis este sábado… un pez gordo ha picado el anzuelo...

- Pero, ¿qué me dices?, no sólo se me aceleró el pulso, también sentí un latigazo en el bajo vientre. ¿Muy gordo?.

- Sí... ya verás... te van a encantar.

- No sabes cuánto me apetece... Estamos libres sí... ¿qué será cena en tu casa? Ichi, pero dime… ¿quiénes son? ¿Los conozco?

- Son unos amigos... gente vainilla... sin experiencia. Ella un poco más curiosa y lanzada, y él... es un buen chico... un poco cortado...

- Oh, entonces, quizás no se atrevan, o no les guste...  

- No te preocupes por eso, Vicky.  A lo largo de la cena sondearé con cuidado el terreno y, si son receptivos, en los postres os propondré participar en un juego...

- Cuéntame, cuéntame... - inquirí con malsana impaciencia. 

- Es una sorpresa. Sólo te puedo decir que será diferente al que os propuse cuando os iniciamos a vosotros. Seguro que vamos a disfrutar de lo lindo... ¡ah! y no te toques, ¿eh? -dijo con una voz de lo más burlona. ¡Chao!

- Hasta el sábado, ¡chao!


Colgué el móvil con la mano izquierda mientras la derecha descubría bajo el camisón que aquel latigazo había engrasado abundantemente mi sexo.
Vamos a hacer esto bien, pensé.

Me puse en pie como un resorte y corrí hacia la habitación. Abrí el tercer cajón del sifonier isabelino que heredé de mi tía y, desoyendo las indicaciones de Icíar, saqué de su elegante caja mi juguetito favorito: un bonito consolador de vidrio templado que hace un tiempo ella misma me recomendó adquirir.
Regresé rauda al sofá, coloqué el consolador sobre la mesa del salón, me desnudé y comencé a acariciarme: mi mano derecha se abría paso entre los labios de mi sexo, y la izquierda ponía a prueba la dureza de mis pezones.
Poco a poco, fui incrementando la cadencia e intensidad de las caricias hasta llegar a mi punto de ebullición, en el que no me quedó otra que meter de una vez tres dedos en mi coño mientras mi pulgar acariciaba y presionaba frenéticamente mi clítoris. Mi mano estaba empapada por el flujo, que rebosaba abundantemente por los pliegues de mi sexo.
Con la maestría propia de la experiencia, cogí el consolador de la mesa, mientras mi otra mano engrasaba la zona de mi culito para procurar la entrada de lo que en mi mente ya dibujaba como la segunda polla del desconocido del que Iciar acababa de hablarme. Dos dedos esta vez penetraban mi sexo, mientras el frío vidrio, bien dirigido por mi otra mano, buscaba ávidamente la entrada en mi ano. Con gran vehemencia, hundí el dildo en sus profundidades, provocándome un gran fogonazo de placer, al que sucedió una serie de cada vez más intensos orgasmos cuando alterné la entrada de los dedos en el coño, con la salida del consolador del ano... todo ello, sin desantender a mi inflamado clítoris. Gemí, imaginé, vibré con inusitada violencia, y me corrí retorciéndome de placer en el sofá...

La perspectiva del sábado me había puesto a mil.

Perdí el comienzo de la película habida cuenta del cuarto de hora que, como mínimo, había transcurrido, así que decidí ir a mi habitación a leer...

"Ven presto Tino, vuela Tino, que te voy a dar lo tuyo y lo del vecino". Mi mente tarareaba esta broma que tenía con mi hombre y que era lo que él mismo gritaba cuando estaba juguetón. Pero para cuando él regresó, ya estaba dormida...  más que placenteramente.
__________________________

¿Quién me lo iba a decir a mi? A mi, una mujer tradicional, familiar, deportista, trabajadora, equilibrada en todos los aspectos de la vida... menos en el sexo. En el sexo, no sé si rayaba la enfermedad, o era la edad, o qué, pero las fantasías que continuamente imaginaba me desbordaban en cualquier lugar y momento. Por suerte, pude encontrar a Tino, mi pareja... siempre muy atento y dispuesto. Y fue hace justamente cuatro años cuando me propuso dejar atrás inhibiciones y tabúes para ampliar horizontes sexuales y desarrollar mis fantasías hasta límites insospechados.

Y una de esas fantasías era tener sexo con un desconocido...

- ¿Un desconocido?, preguntó algo extrañado Tino...

- Sí... un desconocido... un completo desconocido que se acerque a mi, lentamente, por la espalda...


Un desconocido que profane mi cuerpo, recorriéndolo con sus manos... sobándome lascivamente sin que yo oponga la más mínima resistencia...


... y es que me genera mucha excitación notar cómo el deseo de poseer mi cuerpo es capaz de desatar su ímpetu, de provocar su codicia...


Y es que me vuelve loca sentir el morbo de que me conduzca hacia el abismo de los placeres prohibidos...

Quiero usar a ese desconocido como si fuese una herramienta sin más pretensión que proporcionarme placer..Para mi sería un simple consolador que me penetra con furia...

... y que cuando termine su faena, derrame su semen caliente y espeso sobre mi piel...


- Ufff... para, para... me requirió Tino visiblemente excitado.

Pobre Tino, pensé... Me sentí como una niña mala, confesándole mis travesuras, quizás haciéndole daño. Sin embargo, tras una intensa pausa, alivié mi culpabilidad cuando puso fin al silencio preguntándome:

- ¿Y te gustaría que te contemplase mientras se la chupas?
Una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo desde mi sexo, súbitamente humedecido, hasta el estómago.

- Uff... eso me pondría supercachonda, le comenté.

Anticipándome a su siguiente propuesta, le pregunté:

- Y a ti, ¿te gustaría verme mientras me folla otro hombre?

Tino se mantuvo en silencio unos segundos, mirándome fíjamente.

- Pues no lo sé... supongo que sentiré algo parecido a lo que sentirías tú si me vieses follando con otra mujer... y esto no sé si te gustaría.


Vaya... pensar en Tino follando con otra mujer no me gustó lo que se dice mucho... y mi excitación se desplomó de 100 a 0 en un segundo. Pero Tino continuó su argumentación:

- ... aunque contemplarte mientras tú disfrutas seguro que me excita muchísimo...

- ¿Y tú? ¿Qué harías mientras?

- Sentarme... servirme una copa... 

...masturbarme...


... y, si me lo permites, unirme a tu fiesta...

Su respuesta que volvió a ponerme a 100 en un segundo.

- ¿Me estás sugiriendo que probemos un trío? - pregunté con inusitada curiosidad.

- Sería una opción muy interesante... - respondió Tino con un tono enigmáticamente incitante.

¡Un trío! No entraba en mis planes, de hecho y, en todo caso, tendría que ser con dos hombres, porque el sexo femenino no me despertaba absolutamente la líbido. Tras largas y tendidas conversaciones con Tino, llegamos a la conclusión de que la mejor forma de empezar sería probar a compartir sexo con otra pareja, acordando que ni ella me tocaría, ni viceversa. Tampoco quería yo nadie demasiado versado en estas lides para poder estar cómoda. Lo ideal sería una pareja que, como nosotros, quisiera iniciarse en algo parecido… Tino estaba convencido de que no resultaría difícil encontar a alguien dispuesto a ello. Y así, acordamos que, sin prisa ninguna, estaríamos alerta para encontrar y conocer a quienes pudieran acompañarnos en nuestra aventura… Estábamos a la caza de una pareja abierta, elegante y curiosa… Y pensando, pensando en posibles compañeros de aventura, recordé a Icíar.

La conocí en una divertida merienda a la que nos invitó una amiga común del gimnasio. Cuando llegamos, allí estaba ella, elegante y escultural, tratando de explicarnos las últimas novedades en artículos y lencería erótica.

Describía con gran naturalidad todos los juguetes y artilugios que traía en un maletín de Loewe que no parecía tener más que doble fondo: y eso ¿por dónde se mete?... ¿Que ese gel te hace tener un orgasmo en tres minutos? Esto hay que probarlo… Todo eran ocurrencias, a las que Icíar, pacientemente, daba cumplida respuesta.

Reíamos sin parar. Yo no podía con las explicaciones de Icíar: ¡qué cosa más divertida!.

Quien más y quien menos compró que si esposas, geles, dildos, plugs... Yo me interesé por un consolador de vidrio templado, muy elegante y bonito... aunque algo caro. Tenía algunas dudas sobre su compra, ya que, al no tener vibrador, podía resultar aburrido y acabar defraudándome. Icíar replicó amablemente a mis objeciones y me explicó que era ideal para simular una doble penetración y que jugando con la temperatura podría multiplicar el placer. Mi entendimiento solo escuchó, alto y claro: "doble penetración", así que aproveché un momento en el que todas estaban hablando, para llevarme a Icíar al salón y preguntarle por más detalles al respecto. He de reconocer en Icíar su capacidad para tratar asuntos delicados, ya que no sólo comprendió perfectamente mis dudas y temores... sino que me proporcionó una serie de pautas muy útiles para experimentarlo y dominarlo en los planos emocional (sin juguete, ¿podía ser eso una proposición?) y sexual.

Y dado que en la "educativa" merienda, nos intercambiamos teléfonos... y ahora volvía a necesitarla, me lancé y la llamé para explicarle nuestra nueva fantasía, pedirle su ayuda... y su participación... y la de su pareja...

4/2/18

Escribiéndo(te)...


Te escribiré… 
y emplearé
mi deseo
como la tinta… 
y tu piel
como el papel…
                                                 [Ginebra Blonde]
Y la savia cincela
sobre la piel
la rúbrica derramada…

30/12/17

En casa de los anfitriones...

(viene de aquí; escribe Davicín...)

Me senté desnudo a los pies de la cama y esperé pacientemente a que Gema acabase de ducharse. Tanto a ella como a mi nos hacía ilusión tener ocasión de reencontrarnos con Jesús e Icíar. Había buena química entre nosotros y la etiqueta requerida para la cena no dejaba de ser divertida, ¿hacía cuánto que no nos vestíamos de gala?

Pasados 15 minutos, ¿o quizás fue una hora?, Gema salió del baño envuelta en una espesa y densa neblina. Enfundada en una toalla blanca, se acercó a mi. Alcé mis ojos; la piel de sus hombros estaba aún empapada. De pronto, y sin mediar provocación ni motivo alguno, dejó caer la toalla al suelo...
Quizás fue la visión de la suave curvatura de su vientre... o la sorprendentemente exigua sombra de vello que adornaba su pubis (¿para qué se habrá depilado?), o la insolente dureza de sus erizados pezones... o la picardía de su mirada traviesa... o la combinación de todas estas señales la que me provocó una instantánea, súbita y equina erección...

Gema advirtió complacida el progresivo endurecimiento de mi polla... Se sentó en el borde de la cama y empezó a acariciarla con el empeine de su aún húmedo pie... Sus osadas caricias, que comenzaban su andadura en mis testículos para terminar en el extremo rosado de mi palpitante verga, estimulaban peligrosamente mis casi olvidados deseos más oscuros...
Gema se arrodilló en el suelo... Yo separé las piernas y cerré los ojos, predisponiéndome a lo que imaginaba una inminente felación... Después de tanto tiempo de inactividad y aburrimiento, por fin llegaba mi hora... Así que contuve la respiración y eché la cabeza hacia atrás... Pero, de pronto, sus lúbricas caricias mudaron en castigo, poniendo un repentino y cruel final a mi ardor al propinar un sonoro manotazo a mi enhiesto miembro., al que reprendió, sin mostrar la más mínima compasión por el correctivo impuesto, con un enigmático: "tendrás que esperar... Davicín... hoy no es tu turno..."

Alivié mi dolor y mi reprimida excitación en la ducha. Cuando terminé, Gema ya no estaba en la habitación. Había aprovechado mi ausencia para extender sobre la cama un Armani del que me encapriché hace años, una camisa blanca de botones plateados y unos gemelos a juego. Y al lado, una corbata en tonos azules que colocó disponiéndola en forma de un corazón...



Escuché los tacones de Gema por el pasillo, al tiempo que decía:

- Cariño, podemos irnos cuando quieras; yo ya estoy.

Miré hacia la puerta, por donde, al poco, apareció...  y ¡cómo estaba!... Estaba preciosa: pelo ligeramente recogido; un vestido azul eléctrico de corte imperio que disimulaba sus curvas destacando su generoso busto con un escote en U; zapatos de tacón negros con pulsera al tobillo que le modelaban unas bonitas piernas hasta el largo de la vaporosa falda; bolso de mano a juego; su sonrisa, perfectamente perfilada; y el brillo de sus ojos... mmm. Todo perfectamente elegido para volverme loco...

Tras unos segundos de conmoción, pude cerrar la boca. Y tragando a duras penas la saliva que se había acumulado en mi cavidad bucal, conseguí articular palabra:

- Estás absolutamente deslumbrante, querida. Hoy no te libras..  

Deseo, más que predicción, a la que ella, sonriendo pícaramente, respondió:

- Pues tú también estás para que te hagan un favor… jajaja 

Reímos, cogimos el vino, mandamos los correspondientes mensajes a los chicos, que estratégicamente habían sido "colocados" en casa de unos amigos, y bajamos al garaje para tomar el coche. Aunque la casa de Icíar y Jesús no estaba muy lejos, conduje todo lo despacio que se podía para hundir mi mano entre sus muslos y regocijarme con las vistas a su espectacular escote...
Ding dong...

Nos recibió Jesús en el porche, y su sonrisa se explayó al instante:

-¡Qué puntuales!.

Abrazó a Gema y luego a mi, para dirigir de nuevo rauda su mirada a Gema dándose tiempo para contemplarla entera de arriba abajo:

- Estás absolutamente... espectacular, comentó mientras la cogía de ambas manos.

Ella sonrió, 

- ¡Qué cumplidor!

- Que no es cumplido, estás preciosa de verdad.

- Tú también estás muy guapo, dije yo, para hacerme notar y poner fin a tanto empalago.

- Y tú, Davicín... me devolvió, en símil tenístico, desde el fondo de la pista.

Tras reir los tres...  apareció Icíar con un vestido camisero de seda roja y manga francesa muy elegante, y con un fino cinturón que dejaba a la intuición todo el esplendor de su feminidad:

- ¡Qué barbaridad!, qué guapísima estásIchi,  le dijo Gema.

Nos besamos y abrazamos... y nos invitó a entrar. Su casa era espectacular: volúmenes rotundos, líneas rectas y sencillez de formas, fachada en Corian y vidrio; fue diseñada por el estudio A-cero, y había aparecido en varias portadas de revistas de decoración. Entramos en el salón, amplio... luminoso... con mobiliario minimalista en vidrio, madera lacada y mármol travertino. A la derecha, una escalera volada apoyada en un muro de agua. A la izquierda, muy al fondo, una chimenea y un enorme sofá en chenilla gris que le daba un toque hogareño y acogedor a tan excesiva modernidad. De frente, un enorme ventanal retráctil de paneles japoneses que daba paso a una piscina blanca, de lámina de agua de color turquesa.

Jesús tomó del brazo a Gema y comenzó a explicarle todos los detalles ocultos en tan vanguardista interior. Con la disculpa de que mostrarle noséquécosa del reflejo del Sol en el solsticio de verano, la condujo hacia las escaleras, sujetándola por la cintura. Bien pensado, Jesús desbordaba cortesía y amabilidad con Gema... quizás hasta con cierto amaneramiento. Pero como soy bastante mal pensado, supuse que su verdadera intención era regodearse con el espectáculo de sus curvilíneas y oscilantes nalgas e imaginarla desnuda subiendo las escaleras. Qué cabrón soy...
Mientras ambos estaban en la parte de arriba del salón, Icíar y yo nos servimos vino y nos sentamos en el sofá. El vestido de Iciar se acortó sensiblemente al sentarse a mi lado, y no pude quitar la vista de esas piernas perfectas, esculturales y, para ser invierno, extrañamente bronceadas. 
Comenzamos a charlar animadamente sobre los viejos tiempos... Icíar reforzaba su conversación tocándome y agarrándome el brazo... lo cual me complacía maliciosamente. Llegó a tal extremo su efusividad, que en uno de los “¿te acuerdas?”,  plantó su palma en mi muslo al dar énfasis a una anécdota. Un relámpago recorrió mi cuerpo al notar su mano en tan erógena zona. Tras el fogonazo erótico, sonó de nuevo el timbre... Jesús bajó rápidamente y acompañó a Icíar a la puerta... y yo recuperé a Gema.

Eran Vicky y Tino, los amigos con que completábamos el encuentro.

Tino era un tipo grandón, cara simpática y risueño; quizás algo mayor para ella. Vicky era alta, morena, con una sonrisa cautivadora. Iba con un vestido de tubo granate muy armado, escote halter que dejaba ver sus hombros... En su cuello, un colgante de perlas adornado con un candado de oro con forma de corazón.

Cuando entraron al salón, Vicky pasó justo delante de mí...  y pude observar su espalda al descubierto. El vestido la enmarcaba en una escote trasero de provocadora abertura infinita que llegaba a mostrar el perturbador inicio sus nalgas, y que no se abría más gracias a la presencia de una tintineante cadenita plateada. Quizás fuese mi calenturienta imaginación, pero me dio la impresión de que se contoneaba ante mi al caminar, lo cuál provocó que no pudiera quitarme de la cabeza esa imagen durante toda la velada.
Y entre contoneo y contoneo, Gema me ofreció otra copa de vino (¿cuántas van?). Para apartar las tentaciones ajenas. miré su escote y a sus voluptuosas tetas. Apuré la copa de un trago, y nos sentamos a la mesa.

29/12/17

La invitación...

David y Jesús se conocieron al poco de terminar la carrera, a través de un compañero de promoción que estaba organizando un torneo de pádel en la empresa. Aunque la mayoría de las veces no jugaban en el mismo bando, fuiron forjando una cierta amistad, entreverada de golpes de pala, tragos de caña e intrascendentes conversaciones varoniles. Poco a poco, acabaron congeniando y ganando confianza. Y así, un día quedaron para comer y conocer a sus respectivas parejas... 

Casualmente, Icíar y Gema ya se conocían, puesto que habían estudiado juntas en el Liceo Francés. Fue una suerte que hubiese sintonía por todas partes...  Llegaron incluso a ir juntos de vacaciones a Cerdeña... donde pasaron unos días espectaculares... y en donde surgió mucha complicidad y buen rollo entre los cuatro.  

Si bien Icíar y Jesús decidieron no tener hijos, Gema y Davicín (como él prefería que le llamasen) optaron por cumplir con la patria y tener descendencia. Y con la llegada de los niños, también llegó la escasez, por no decir ausencia, de tiempo para los asuntos propios... Fue obligado para ellos prescindir de ciertas actividades accesorias, como el pádel, para que concentrarse en sacar adelante a tres churumbeles tempraneros (96, 98 y 2000), voraces e inquietos... Lamentablemente, con todas las energías dedicadas a la prole, Gema y Davicín perdieron el contacto con Icíar y Jesús... y casi también entre ellos. Y es que tienen razón los que dicen que los hijos unen el matrimonio y separan la pareja... Y aunque en el caso de Gema y Davicín no fue una separación irreversible, lo cierto es que la monotonía, el aburrimiento y la escasez de apetitos sexuales hicieron algo de mella en su relación...

Pero el tiempo pasa... y esta vez conspiró para el reencuentro.

Coincidieron hace unos días, en el centro comercial, mientras hacían las primeras compras para Navidad... 

- ¿Jesús? -  preguntó Davicín, titubeante.
- Hombre, ¡Davicín!... ¡cuánto tiempo! - le respondió mientras estrechaba vigorosamente su mano y lo abrazaba efusivamente.

Sin solución de continuidad, Jesús besó a Gema, piropeándola con un "como siempre, estás maravillosa", ante lo cual, Davicín procedío a besar a Icíar regalándole un "qué suerte tienen algunos", mientras miraba cómplicemente a Jesús.

La verdad es que Icíar y Jesús estaban estupendos. Claro... al no tener hijos y disponer de un alto poder adquisitivo, podían dedicar tiempo, recursos y dinero a mantenerse en una envidiable forma, así como a disimular los primeros signos de envejecimiento que padecen todos los que rondan los cuarentaitantos...

Tras terminar la ronda de besos y abrazos, entraron en un café para charlar y ponerse al día. Entre conversación y conversación, para Davicín no pasaron inadvertidos los cruces de miradas cómplices entre Jesús y Gema. Para él era evidente que entre ellos había cierta química... y, aunque nunca quiso saber qué hicieron durante las horas en las que estuvieron ilocalizables en su última noche de vacaciones en Cagliari, sospechaba que hubo algo entre ellos. Bah... qué más da -pensaba- ojos que no ven, corazón que no siente.
En muy poco tiempo, la conversación general se dividió en dos: Jesús y Davicín comenzaron una insulsa tertulia deportiva, e Icíar y Gema empezaron a conversar sobre el excelente aspecto de la primera, conseguido a golpe de sesiones de crossfit y BodyPump, y sobre la triple maternidad y sus consecuencias sobre la silueta de esta última; también hablaron sobre sus respectivas casas, sobre los trabajos, las futuras vacaciones... y, ya entre cuchicheos y risitas, sobre sus respectivas parejas... y algunas tentaciones y pecados inconfesables de Icíar con su personal trainer. Icíar, al notar que la vida de Gema, especialmente la sexual, estaba inmersa en monotonía y tedio, le propuso discretamente que buscase un día entre semana para dejar los chicos con David y así poder asistir a una divertida reunión con unas amigas.

Y aprovechando el tirón invitativo, Icíar reclamó la atención de Davicín para proponerles que fuesen a cenar con ellos en su casa, el primer fin de semana que esuviesen libres. Les adelantó que quizás también asistiesen unos amigos. Y aunque Davicín no adivinaba las razones, Icíar les insistió mucho en que fuesen elegantes, con disponibilidad de tiempo, y con la mente muy abierta...

29/9/17

Siente... siénteme...

  Shhh... no hables,
no pienses...
Sólo siente...
 
...y no te confundas
mientras mi mano tortura
con crueldad calculada tu sexo...
de arriba a abajo...
de abajo a arriba...
a veces con rabia,
agitando el deseo...
y otras con calma,
aplacando tu fuego...

Siente la humedad de mi boca...
la obscenidad de mi lengua...
el dolor con mis dientes... 
la provocación de mis labios...
de mis pezones enhiestos,
de mi vientre caliente...
del delirio perverso
que envenena mi cuerpo...

Siente mis uñas 
deslizándose sobre tu pecho...
grabando con trazos de rojo dolor
la marca de mi posesión...
de tu sometimiento... 
y de mi control.

Siente mis dedos
jugueteando entre tus piernas...
retando a tu hombría...
provocando aullidos
al traspasar las orillas
de tabúes prohibidos...

Y, ahora, siente...
y siénteme...
 
Siente en tu boca mi sexo
empapado de lujuria y pasión,
abierto como una lasciva flor
de dulce aroma embriagador
que sólo pretende tu perdición.

Agita con tus labios mi perla...
hunde tu lengua en mi sexo...
mordisquea con furia mis pliegues...
hasta que enloquezca
sin perdón ni remedio...
 
¿Alguna pregunta?
¿Alguna duda?

(Ninguna...
Ahora relájate y disfruta...)

13/5/17

Inspección fiscal...

Sonó el timbre….

Estaba ocupado… y no pude abrir…

Volvió a sonar…

Era el cartero… siempre llaman dos veces…

Me entrega una carta certificada… de la Agencia Tributaria…

Firmo… cierro la puerta… y abro el sobre…

Es un requerimiento… un agente tributario me pide comparecer en Hacienda y aportar toda la documentación fiscal de un par de negocios que poseo correspondiente a los ejercicios 2013, 2014 y 2015…

Para mis adentros pensé… me han pillado. Si bien en la tienda trabajamos con una metodología fiscal intachable, el club es otra cosa…

___________________________________________


Llegué con media hora de antelación a la delegación de Hacienda sita en la calle Guzmán el Bueno 139. Una vez allí, pregunté en el mostrador de información por el despacho al que me debía dirigir.

- Cuarta planta, pasillo D, despacho 2. 

Primera, segunda, tercera... cuarta planta. Pasillo A... B... C... y D. Despacho 2, despacho 2... ¿despacho 2?. Pues no había despacho 2. Desconcertado (como Vincent Vega cuando escuchaba la voz de Mia Wallace pero no la encontraba), pregunté a una administrativa, que parecía muy ocupada, dónde estaba el despacho 2. Me respondió con un seco:

- Espere en esa sala, que ya se le llamará.

Pues nada... a esperar se ha dicho.

Una vez allí, comencé a repasar documentos, que llevaba agrupados en carpetas de distintos colores, y algunos archivos en el portátil. Y cada vez que repasaba las cuentas del club de intercambio de parejas y ambiente liberal "Why not...?" -las cuales, por obvias razones de discreción y anonimato, desde un punto de vista fiscal no eran ni perfectas ni ejemplares- sentía como se apretaba un nudo en mi estómago.

De pronto, la administrativa vociferó un sonoro:

- Manuel Fernández, despacho 2, 

que provocó que mi corazón se desbocase sin control.

Abrí la puerta, traspasé el umbral... y manteniendo la mirada fija en el suelo, como avergonzado, entré. Una voz femenina, pero de tono grave y autoritario, me ordenó:

- Siéntese, señor Fernández.

Obedecí sumisamente. Tras una enorme mesa... y con cara de pocos amigos... allí estaba la inspectora... que, por lo que pude ver en un pequeño cartel de letras doradas, se apellidaba Arrimadas; un apellido muy liberal, por cierto. Con tono altivo y algo despectivo me preguntó:

- ¿Ha traído la documentación requerida?

Empecé por la parte menos mala del asunto fiscal: la tienda. Busqué en la carpeta las liquidaciones trimestrales del IVA, facturas de los gastos, las nóminas de los empleados, los recibos del alquiler del local. Con extremo cuidado, ordené los documentos, alineando minuciosamente los folios, y los arrastré hacia adelante hasta el otro lado de la mesa, girándolos en el último momento para que pudiera examinarlos mejor.

En cuanto empezó a hojear los papeles, y viendo toda su atención se concentraba en la documentación, alcé mi mirada para ver sus reacciones... Todo parecía ir bien... Y claro, al disminuir la sensación de peligro, poco a poco, el foco de mi mirada comenzó a resbalar por su anatomía... Pelo largo, cayendo sobre sus hombros; facciones algo marcadas, quizás resultado de una intensa actividad deportiva; leve maquillaje; un generoso escote bajo el que se vislumbraban un par de prominentes, turgentes y turbadores pechos, que a duras penas se mantenían dentro de su apretada blusa blanca...

Y así, a lo tonto, a lo tonto, jodidamente me estaba poniendo cachondo en medio de una jodida inspección fiscal...

Tras pasar un par de páginas, me preguntó con cierta brusquedad:

- ¿A qué se dedican sus empresas?

Modestamente respondí:

- Tratamos de satisfacer a nuestros clientes en todos los sentidos... y con todos los sentidos.

Que fue replicado con un severo:

- Ya veo, ya veo... , mientras blandía en su mano la factura de un proveedor chino al que pedimos 250 Lovehoney Luxury Rabbit Vibrators.

A continuación, me pidió que justificase unos ingresos del 2015 que aparecían en la contabilidad del club como "asistencia sexual".

Busqué en el ordenador la información de aquel ejercicio económico... y cuando encontré el apunte, me levanté de la silla y bordeando la mesa, me acerqué hasta donde estaba para dejar mi ordenador justo delante de ella.

Pensando que podría necesitar alguna aclaración adicional, permanecí de pie al lado de su silla.

La inspectora Arrimadas, un poco extrañada, giró la cabeza para mirarme y también quizás reprenderme por mi exceso de confianza, con tan "mala" suerte, que su boca quedó a escasos centímetros de mi entrepierna... que en esos momentos ya comenzaba a tener vida propia...

(continúalo....)

19/3/17

La delgada línea roja...

¿En qué momento se convierte el suave vaivén de unas caderas en danza frenética de salvaje instinto animal?
¿En qué momento se convierten unos labios en dientes... y sus besos en dentelladas de placer?
¿En qué momento se transforman unas caricias en pellizcos de dolor amortiguado por la anestesia de la entrega?
¿En qué momento se sublima el leve trazo de un dedo en enrojecida marca de fuego sobre el lienzo de una piel?

¿En qué momento se profana la delicada humedad de la intimidad para ahogar a una sedienta lengua ardiente?
¿En qué momento ya no importa que el desbocado cincel del sexo horade las piedras prohibidas?
¿En qué momento se desborda el deseo en un húmedo orgasmo de fuego y lluvia?
¿En qué momento crece el murmullo de tus suspiros a gemido... el gemido a grito... y el grito a aullido de placer?
¿En qué momento comulgan dos almas en un orgasmo certero de placer compartido y dolor sin sometimiento, en el que se vive y se muere?
¿En qué momento...? ¿En qué momento...?



Justo en el preciso momento en el que descubrí que al otro lado de la delgada línea roja se escondían mis sentimientos... hacia ti...
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